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Editorial & Opinion

Los límites de las prohibiciones al plástico de un solo uso

Juan Marco Álvarez/Asesor en temas de sostenibilidad corporativa y medio ambiente.

sábado 13, octubre 2018 - 12:00 am

¿Sabías que los plásticos de “un solo uso” más comunes que se encuentran en el medio ambiente son las colillas de cigarro, botellas, tapas de botellas, envoltorios de alimentos, bolsas de supermercado, tapas de plástico, pajillas, agitadores para café y otras bebidas, así como empaques y pedazos de durapax/duroport (poliestireno)? La realidad es que los plásticos de un solo uso terminan ensuciando el medio ambiente en parte debido al comportamiento irresponsable de las personas. Pero también, y en mucho mayor medida, esta contaminación se debe a los sistemas deficientes de gestión de desechos en muchos países, incluyendo los nuestros.

En la región centroamericana existen varias iniciativas de prohibición del plástico de un solo uso. Por ejemplo, cinco municipios de Guatemala ya cuentan con prohibiciones específicas para el plástico de un solo uso, como Acatenango en el Departamento de himaltenango, San Miguel Petapa y Villa Canales en el Departamento de Guatemala, Antigua en el Departamento de Zacatepéquez, y San Pedro La Laguna en el Departamento de Sololá. Este último ha sido pionero, ya que el Acuerdo Municipal data de octubre 2016. En general estos acuerdos se enfocan en prohibir bolsas, pajillas, y desechables de durapax, los cuales han generado ingresos alternativos a las municipalidades debido a las multas; hasta 15,000 quetzales ($2,000) de multa a empresas o comercios que comercialicen este tipo de productos, duplicándose la multa si hay reincidencia. Pero también estos municipios promueven el uso de servilletas, bolsas de tela y papel, canastos y empaques biodegradables, incluyendo hojas de plátano. Todavía no se tiene un efecto claro de lo que estas prohibiciones han causado pero es importante monitorearlas, pues son pioneras en la región.

Por su parte, Costa Rica anunció el pasado 5 de junio de 2017, una Estrategia Nacional para eliminar todas las formas de plásticos de un solo uso a partir del año 2021 y reemplazarlos con alternativas que se biodegraden en un plazo de seis meses. El objetivo de esta prohibición es eliminar no solo las bolsas y botellas de plástico, sino también otros artículos como cubiertos de plástico, pajillas, envases de poliestireno y agitadores de café. La Estrategia promueve la sustitución del plástico de un solo uso mediante cinco acciones: 1) incentivos municipales, 2) políticas y directrices institucionales para proveedores de plástico, 3) reemplazo de productos plásticos de un solo uso, 4) investigación y desarrollo, y 5) inversión en iniciativas estratégicas.

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Lo importante en este ejemplo es que la medida brinda tiempo prudencial de preparación y adecuación para los involucrados. Pero por otro lado, la biodegradación en seis meses es poco factible en rellenos sanitarios, además de que no se conocen del todo bien los impactos ambientales de masificar los productos sustitutos. Más importante es conocer el ejemplo de Chile con su “Ley Marco para la Gestión de Residuos, la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) y Fomento al Reciclaje”, debido a lo integral de la misma. Merece destacar el tema de la REP pues la ley afirma que “los productores son responsables de la organización y financiamiento de la gestión de los residuos de los productos prioritarios que comercialicen en el país”. Con relación al plástico, la ley chilena obliga a los productores de resina, y de otros productos plásticos como embalaje y envases, a invertir en los sistemas nacionales de recolección y reciclaje. Indiscutiblemente esta es una ley innovadora, pues demuestra una hoja de ruta potencial con relación a la gestión efectiva de todos los desechos, incluyendo el plástico. En uno de mis artículos recientes escribí que la prohibición al plástico de un solo uso como medida paliativa al problema de la contaminación del entorno y los océanos, si bien es cierto es justificable, no constituye una solución práctica. Al final, la contaminación plástica no es solo un problema de desperdicio, sino un problema de producción, consumo y manejo que debe abordarse en toda la cadena de valor, donde se produce y se utiliza el plástico.

Partiendo entonces de que el crecimiento de la contaminación plástica ha superado con creces la capacidad mundial de la gestión adecuada de estos residuos, es un hecho que como sociedad debemos invertir en provocar cambios de comportamiento en los consumidores, pero más importante aún, y más que enfocarnos en prohibiciones, debemos invertir en un enfoque más integral para el manejo de todos los residuos plásticos. Y este enfoque integral necesariamente tiene que apostarle a tres caminos principales para la reutilización de plástico: la mejora tecnológica en cuanto al reciclaje mecánico, el reciclaje químico y el procesamiento de los desechos plásticos otra vez hacia materia prima básica. En otras palabras, debemos pasar de manera urgente, de un enfoque linear (producir- comprar-desechar) hacia un enfoque circular efectivo en la gestión del plástico.





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