Editorial & Opinion

Los motivos del lobo

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 15, enero 2019 - 12:00 am

En la medida que nos acercamos a la crucial elección presidencial del 3 de febrero se incrementan con mucho énfasis las denuncias del candidato del partido GANA y su círculo de resonancia sobre un supuesto fraude electoral. La denuncia es extraña y amerita análisis, sobre todo porque hasta hoy ni el candidato ni sus allegados han presentado su inconformidad de acuerdo a la ley, y menos alguna prueba que fundamente esa presunción. No obstante, pone en evidencia la enorme debilidad estructural y orgánica de un movimiento político digital, más mediático que real, que parece incapaz de asumir las garantías de vigilancia al proceso electoral que les otorga la ley a través del partido que le abriga.

Con la firma de los Acuerdos de Paz inició uno de los mayores procesos de reforma al sistema electoral salvadoreño cuya filosofía ha sido construir y fortalecer una nueva institucionalidad, asegurando mecanismos de supervisión y vigilancia de los propios actores políticos y de la sociedad para superar los viejos mecanismos fraudulentos antidemocráticos de pasadas dictaduras militares que, además de retraso económico, profundizaron el conflicto social y político hasta el límite de una cruenta guerra civil. De esta manera, con el consenso de la paz, se pudo administrar el clima de desconfianza que históricamente caracterizó la celebración de elecciones.

El pacto de la nueva derecha GANA/Bukele y el resto de contendientes tienen plenamente asegurados por ley los mecanismos de supervisión, vigilancia y control sobre el proceso electoral. Tanto desde la Junta de Vigilancia Electoral de Partidos Políticos -instancia responsable de auditar paso a paso el trabajo del TSE-, como desde la vigilancia en campo el propio día de la elección -con un vigilante propietario y suplente-,  en cada una de las 9568 Juntas Receptoras de Votos (JRV), los competidores tienen la defensa de sus votos garantizada si poseen equipos reales, idóneos y comprometidos, organizados territorialmente y capacitados.

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El TSE realiza una rigurosa organización y logística, ejecutada bajo un plan general y un calendario electoral previamente establecidos y conocidos por los contendientes quienes dedican personal técnico, calificado y de su confianza, para la supervisión de: calidad del padrón de electores, garantías del ejercicio del sufragio (tinta, papeletas, paquetes electorales), elaboración de las actas de apertura de la jornada, cierre y escrutinio; sistemas informáticos y la transmisión y publicación de resultados. Todas estas prerrogativas exigen un mínimo de conocimiento, coordinación y armonía, aspecto en el que han sido públicos y notorios los desencuentros entre el candidato Bukele y su partido GANA y de los que solamente ellos tienen responsabilidad.

Además de todos los seguros que la ley les provee a los participantes, actualmente los procesos electorales como éste están sometidos al más riguroso escrutinio de diversos mecanismos especializados de observación nacional e internacional con amplia experiencia y sofisticados procedimientos de acompañamiento, destacándose: UNIORE, ONU, CEELA Unión Europea, IRI, NDI, IFES, OEA, entre otros; así como el seguimiento del cuerpo diplomático y la expansión e irrestricta apertura a todos los medios de comunicación y prensa, ONG, universidades, gremios y tanques de pensamiento.


A 26 años de la firma de los Acuerdos de Paz, después de cinco elecciones presidenciales, dos segundas vueltas, ocho elecciones legislativas y municipales, nuestra nación acumuló una importante experiencia. Hoy nuevos avances tecnológicos aseguran mayor accesibilidad en tiempo real al resultado certero de los escrutinios, permitiendo a la ciudadanía auditar las actas de mesa publicadas en internet y compararlas con el resultado de cada JRV; sin olvidar que todo ciudadano puede con su teléfono documentar y publicar en vivo cualquier anormalidad que aprecie del evento electoral.

Descrito lo anterior cabe preguntarse ¿Cuál es la verdadera razón e intención de los reiterados anuncios de presunto fraude electoral denunciados por el candidato Bukele Ortez? ¿Será producto del más supino desconocimiento de las condiciones y mecanismos de la norma electoral, o de oscuros hábitos que atrofian dificultando la interpretación de la realidad? ¿Los números que publican sus encuestas -como muchos presumen- serán meras herramientas de proselitismo severamente maquillados que distan de la realidad y ende “están matando su chucho a tiempo” ante un desfavorable resultado? ¿Es una cortina de humo ante su negativa de debatir y ahora de mal hábito de copiar y pegar develado?

Cualquiera que sea la respuesta a estas interrogantes es evidente que con la estrategia de descalificar irresponsablemente un proceso que mucho ha costado a los salvadoreños ir perfeccionando, se pone en grave riesgo la estabilidad del país. No se vale.




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