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Los problemas de la “Bendición de Dios” en Ahuachapán

Roxana Lemus

lunes 30, septiembre 2019 - 12:02 am

El único pizarrón de la escuelita Bendición de Dios es dividido en cuatro, por la maestra Heidi Jiménez, dado que atiende a cuatro grados en el mismo lugar. La maestra afirma que los niños ya saben cuál es la división que les corresponde, para copiar su lección. / Juan Carlos Villafranco

Una calle de barro en el cantón San Ramoncito, municipio de Apaneca, conduce a las personas hacia la comunidad El Tigre 4, un asentamiento donde habitan 189 familias en terrenos donados por la alcaldía municipal, misma que en 2018 apoyó el establecimiento de un centro educativo en la zona, para evitar que los niños atraviesen una vereda, un barranco y se crucen la carretera que conecta con la ciudad de Ahuachapán.

Bajo un terreno utilizado como cancha y rodeado de cafetales, se ubica el Centro Escolar Bendición de Dios, nombre con el que últimamente los habitantes llaman  también a la comunidad, donde 32 niños cursan educación parvularia y básica.

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Los alumnos, muy sonrientes y enérgicos, saludan a los visitantes con un grito de “buenos días”. El sonido se escucha hasta consonante, pero diferente; una diferencia marcada por las voces que suenan más infantiles.

No es para menos, la parvularia tiene integrados a los niños de cuatro, cinco y seis años; mientras que en la educación básica los menores que cursan el primero, segundo, tercero y cuarto grado comparten la misma pizarra. Y tanto básica como parvularia se encuentran en el mismo salón.


La casa comunal que funciona como escuela, también sirve para eventos de la comunidad. / Juan Carlos Villafranco

“El Centro Escolar Bendición de Dios funciona desde 2018, en febrero exactamente, a raíz de que los padres de familia le solicitan a la alcaldía que se vinieran a dar clases acá, ya que los niños pasan una vereda, una barranca y a la salida tienen que cruzarse la carretera para poder ir a una escuela de Apaneca”, explicó Heidi Carolina Jiménez, maestra asignada por la municipalidad para brindar enseñanza a  los 18 niños de parvularia y a 14 de educación básica.

Jiménez, quien desde el 2010 se dedica a la docencia, divide su tiempo para cumplir con las exigencias del programa de primer ciclo (primero, segundo y tercer grado) y segundo ciclo (cuatro niños de cuarto grado), además de los momentos que comprende el programa de parvularia (saludo, conversación, alimentación, recreo, descanso y actividad lógica matemática, entre otros).

Los conocimientos son impartidos en una sola aula: la Casa Comunal. Una construcción de lámina y madera que sirve para las reuniones de la junta directiva de la comunidad, cultos y diferentes actividades organizadas por las familias que residen en El Tigre 4. “(El director departamental de Educación, en el Gobierno anterior) me envió mensajes. Yo tenía mensajes guardados de él donde me decía: ‘mirá, el anexo no se aprobó’. Ese día me fui de espaldas, le pregunté ¿y qué hago con los niños?, porque yo ya estaba trabajando con ellos, él respondió: ‘no se aprobó’. Ante mi insistencia me dijo ‘vos te ahogas en un vaso de agua, mantente que ya veo cómo te saco los certificados al final del año’”, recordó la maestra.

La escuela no tiene código de infraestructura en el Ministerio de Educación, porque no cuenta con infraestructura propia, las instalaciones son prestadas y el terreno es de la municipalidad.

Debido a ello, el director departamental de Ahuachapán, en el Gobierno anterior, se decantó “por la creación de un anexo”, según Jiménez.

La escuelita les evita a los niños caminar veredas hasta Apaneca, pero las condiciones no son aptas para que los niños tengan todo el conocimiento. / Juan Carlos Villafranco

Los niños de parvularia están anexos a la Escuela Parvularia de Apaneca y los de educación básica,  al Centro Escolar Francisco Menéndez.

Ambos centros educativos se encargan de apoyar a la maestra con alimentos para los niños; sin embargo, el pago de salario y el material didáctico son gastos asumidos por la alcaldía municipal.

“El director departamental no quiso dar ningún documento legal que nos respaldara. Le llevamos una notita que solo nos firmó de recibido, pero nunca obtuvimos respuesta de parte de la departamental. Hasta ahorita, en los dos años que llevamos, solo hemos tenido una visita del Ministerio de Educación, que vinieron a ver, a corroborar la matrícula, nada más”, detalló.

Aseguró que ha buscado a la nueva directora departamental para plantearle los problemas y ver de qué manera se llega a una solución, pero que no ha logrado contactarla, porque generalmente no pasa en su oficina.

Indicó que hace dos semanas llegó al Ministerio de Educación para conversar sobre la situación y no obtuvo mucho apoyo.

“Fuimos al Ministerio de Educación para hablar con el de Recursos Humanos, a plantearle los problemas, pero me dijo que el primer paso es ir a la departamental de Ahuachapán;  si ahí no hacen nada, entonces ellos (el Ministerio) toman el caso, pero me manifestó que mucha necesidad puede tener la comunidad, 100 niños pueden existir, pero si el suelo no es apropiado para construir, ellos no pueden construir, no pueden invertir”, mencionó.

La maestra señaló que al no tener infraestructura propia las personas de la comunidad (que usan la Casa Comunal) dañan las libretas y los materiales de los niños, dejan desordenado, sacan el mobiliario y hasta han hurtado arroz que sirve para la alimentación de los alumnos.

Asimismo, destacó que los alimentos entregados por los centros escolares donde se encuentran anexos, no son suficientes.

Los padres de familia sienten temor de mandar a sus hijos a otras escuelas, porque los menores deben atravesar una vereda, donde el año pasado se registró un homicidio.

“Aquí pasamos una vereda, en esa vereda ha habido asaltos, intento de homicidio;  el año pasado hubo uno, por ese riesgo nosotros necesitamos la escuela para los niños aquí, porque es peligro”, advirtió Cristabel Pimentel, madre de dos alumnos.

El viceministro de Educación, Ricardo Cardona, dijo la semana anterior que el 70 % del presupuesto destinado a la cartera de Estado sirve para pago de salarios y el 30 % va dirigido a la Universidad de El Salvador (UES) y otras instancias como el Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (Conna).

“Hay una serie de organizaciones cuyo presupuesto está dentro del presupuesto del Ministerio de Educación, entonces, al final, lo que queda para inversión es muy poco”, acotó.

Al ser consultado sobre fondos para construcción de nuevas escuelas, el funcionario explicó que para 2020 no hay un monto para ello, solo para reparar alrededor de 3,000 centros educativos que actualmente presentan déficit en infraestructura.

Sin embargo, aclaró que la Presidencia de la República tiene un programa denominado Mi Nueva Escuela, “que precisamente está orientado a construir escuelas en los lugares donde se necesite”.

 

Parte de los cereales que la escuela de Apaneca da al anexo Bendición de Dios./ Juan Carlos Villafranco

 

La maestra Jímenez ha tocado las puertas de la departamental de Educación sin ser escuchada. / Juan Carlos Villafranco

 

 

La maestro Jiménez hace las gestiones para que la escuela pueda ser del ministerio y para que los niños tengan un mejor espacio. / Juan Carlos Villafranco




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