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Editorial & Opinion

¡Los últimos intentos!

Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 8, octubre 2018 - 12:00 am

La campaña presidencial para el próximo quinquenio ha iniciado oficialmente -de hecho tiene meses de estar en boga- y los partidos políticos ya perciben los resultados de lo que pudiera reflejarse como efecto de lo que la población ha sentido en el ambiente de su propia existencia en la vida nacional de la forma de gobierno de quienes han dirigido el país durante los últimos dos períodos de cinco años, para tomar la decisión de escoger el sistema y el gobernante que prefieren para el próximo período de cinco años.

Desde luego que muchos ciudadanos, ilusos al fin, siempre tienen la esperanza de que exista un Gobierno capaz de darle todo sin que le cueste nada al ciudadano y tratarán de votar por aquel candidato que mejor presente esa opción, aunque al final del término vengan las decepciones y los lamentos y llantos por el incumplimiento de las promesas ofrecidas.

En la actualidad, algunos analistas políticos tienen la impresión de que el partido de Gobierno ha caído en la cuenta de que sus votantes duros, es decir aquellos que siempre votan por ellos, han recapacitado y han decidido buscar opciones diferentes hacia la nueva izquierda o la tradicional derecha, o hacia partidos nuevos sin pasado (pero definitivamente, hacia nuevos derroteros) y tal fenómeno trazará un futuro diferente para el tradicional partido de izquierda.

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Ante esa realidad, es notorio que el FMLN, comprometido ideológicamente con sus pares de Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Cuba y demás, siente que no podrá cumplir compromisos contraídos en el llamado Foro de Sao Paulo y procura dejar algunas bases sentadas, aunque un nuevo Gobierno tome las riendas de la política nacional por los próximos cinco años.

De ahí que se haya procedido a negociar apresuradamente y casi en secreto el rompimiento de relaciones diplomáticas con Taiwán y se le haya abierto el espacio a China continental (comunista) y se le desee entregar inclusive una isla para que en ella desarrollen la industria que deseen, aunque se ha sabido que uno de los objetivos de la presunta compradora es la fabricación de armas.


Tal destino, desde luego, ha levantado una natural alarma en nuestro vecino geográfico natural, Estados Unidos. También ha sido notorio el aval político exhibido en la Asamblea  General de las Naciones Unidas de nuestro presidente a los  gobernantes de Venezuela y de Nicaragua, cuestionados por la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo por los abusos contra la población por su desnaturalizado y férreo abrazamiento del poder político, con irrespeto a la voluntad de la población.

Y finalmente se conoció la iniciativa –por enésima vez- de imponer una ley reguladora de la libertad de prensa, bajo el disfraz de regular noticias y otras excusas, con conocimiento expreso y claro de la existencia de un artículo 6 de la Constitución, que protege desde siempre y para siempre la sagrada libertad de expresión.

Es notorio, a kilómetros de distancia, que el Gobierno actual previene su derrota electoral, y procura dejar establecido un marco mínimo de infraestructura que le permita actuar en un ambiente de caos provocado para regresar con mayores libertades a sus prácticas de la famosa guerra popular prolongada: manifestaciones sin control, cierres de calles, tomas de oficinas, huelgas ilegales, territorios en poder de pandillas donde la autoridad no ejerce control, etcétera,  tal  como ya ocurre con la poca concurrencia de la autoridad policial.

Es evidente que parte de este empeño es dejar al nuevo Gobierno un problema de grandes proporciones a niveles prácticos y también de sistema, para hacer un país ingobernable y acercarlo cada vez más a un estado fallido, para buscarle una solución de hecho, con un nuevo esquema que rompa con los usos de los Estados modernos e imponer normas de capricho para gobernar sin límites aceptables.




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