Editorial & Opinion

Malos policías y malos soldados a prisión

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 16, julio 2019 - 12:00 am

En los últimos días los tribunales del país han decretado instrucción con prisión provisional para seis policías vinculados a graves delitos; asimismo han condenado a cuatro policías y cinco soldados por otro hecho gravoso.

En San Salvador el Juzgado Quinto de Paz  mandó a prisión preventiva, mientras se afinan las investigaciones, a tres policías que el 31 de enero pasado le propinaron una golpiza a un joven travesti, lo que le provocó la muerte tres días después. Los agentes fueron acusados de privación de libertad y homicidio agravado. Supuestamente el joven estaba protagonizando desórdenes y los agentes acudieron a verificar la situación que culminó con una golpiza mortal.

En Soyapango el Juzgado Primero de Paz le decretó instrucción con detención a otros tres policías que estaban destacados en la Sección Táctica Operativa acusados de robo, amenazas, privación de libertad ilegal y otros delitos en perjuicio de un menor de edad. El caso ocurrió el 6 de febrero pasado en la colonia La Coruña, de Soyapango, donde el adolescente se conducía en motocicleta y fue detenido por los agentes que, tras romperle su carné de minoridad le robaron el celular, $80 en efectivo y le dieron una golpiza. Luego se lo llevaron a bartolinas y lo obligaron a decir que era mayor de edad, de lo contrario amenazaban con desaparecerlo a él y su familia. Estando en bartolina lo esposaron a un tubo y continuaron golpeándolo  durante seis días. Lo dejaron libre con la advertencia de que si los denunciaba lo iban a matar. El joven que no era pandillero, junto a su familia, denunciaron los hechos.

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En Cojutepeque, el Tribunal de Sentencia condenó a seis años y seis meses de prisión a cuatro policías y cinco soldados, por torturar a una mujer, hecho ocurrido el 22 de enero de 2018 en la carretera hacia San José Guayabal. La víctima y otra persona esperaban transporte, cuando llegaron soldados y policías que la pusieron de rodillas, le pasaban un cuchillo en el cuello y se la llevaron hacia una zona desolada donde la desnudaron y  gritaban que les entregara las armas y drogas, pues de lo contrario la matarían. Cuando los soldados y policías se dieron cuenta que no era la persona que buscaban la dejaron ir bajo amenazas de matarla si los denunciaba. De acuerdo con la condena, los agentes y soldados deben, además de la prisión, pagar nueve mil dólares en concepto de indemnización.

En realidad la cantidad de policías y soldados condenados es alta, más de lo que la sociedad espera, pero en lo que va de este mes, los tres casos descritos son los que han llamado la atención. La lógica social determina que sean los policías y soldados los que garanticen la seguridad y los que repriman la delincuencia, empero algunas veces son ellos quienes se vuelven delincuentes y atemorizan a la población. Las denuncias son muchas, aunque algunas sin fundamento, como el pandillero que denunció a dos policías porque lo acosaban, pues cada vez que lo veían le pedían sus documentos. Resulta que este pandillero atemorizaba a los pobladores de Apopa y cuando los ciudadanos lo veían llegar llamaban a la PNC.


Los delitos cometidos individualmente por agentes y soldados, de ninguna manera reflejan la institucionalidad de la PNC y la Fuerza Armada, pero sí indica que algo no está bien en ambas instituciones. Tal vez sea cuestión de formación o de falta de concienciación sobre los derechos humanos.

Hay excelentes policías y soldados, pero hace falta darles una mejor formación de manera constante. La PNC y la Fuerza Armada deben generar confianza en la población y la mejor manera es cumpliendo con efectividad sus funciones encomendadas y garantizadas en la Constitución de El Salvador.

Hace falta una concienzuda depuración dentro de la Fuerza Armada y la PNC en todos sus niveles, especialmente en esta última. Los gobiernos anteriores se resistieron a depurar a la institución policial. A los buenos agentes y soldados hay que protegerlos por su sacrificio y estimularlos con mejores salarios y condiciones de trabajo, pero a los malos hay que depurarlos y procesarlos judicialmente si acaso cometieron delitos.

Los salvadoreños tenemos que confiar en la Fuerza Armada y la PNC, pero para ellos ambas instituciones deben darnos muestras de que su papel es garantizar la seguridad, reprimir el delito y brindarnos la imagen de instituciones amigas de la gente honrada.




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