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Editorial & Opinion

Más allá del discurso

Lourdes Molina Escalante/Economista sénior Icefi

jueves 18, octubre 2018 - 3:15 pm

Esta semana se conmemoraron los Días Internacionales de las Mujeres Rurales, de la Alimentación y de la Erradicación de la Pobreza. En estos días abundan los discursos y declaraciones de funcionarios públicos y líderes políticos y empresariales, quienes nos recuerdan que hay millones de personas alrededor del mundo sufriendo estos flagelos, mientras reafirman su compromiso para combatirlos. Estos discursos no son ajenos a nuestro país, especialmente al considerar que en El Salvador más de 2.2 millones de personas, de las cuales el 22.6 % son mujeres rurales. Además entre 2015 y 2017, cerca de 0.7 millones de personas padecían desnutrición (FAO, 2018).

Pero la magnitud del problema a veces se empaña cuando los medios de comunicación y las redes sociales, se llenan de historias de niños haciendo tareas en las aceras o ancianas trabajando en condiciones precarias, que son presentadas con emotividad como casos para admirar; esas imágenes en lugar de ponerle un rostro a la desigualdad, pobreza y desnutrición, no hacen más que normalizar y romantizar estos problemas, y los reduce a obstáculos que cualquier persona, con fuerza de voluntad y determinación, pueden superar. Pero los desafíos son mucho más complejos, tienen causas estructurales, se manifiestan en múltiples vulneraciones de los derechos y posibilidades de desarrollo de las personas y su solución va más allá de actos aislados de caridad o filantropía.

La superación del hambre, la pobreza y la desigualdad social requiere de políticas públicas dirigidas a resolver sus causas estructurales. Pareciera que ahí es donde hemos fallado como Estado, una muestra de ello es cómo desaprovechamos herramientas como la política fiscal. Parece ser que, históricamente, las personas tomadoras de decisiones en materia fiscal en El Salvador, se han especializado en hacer las cosas al revés.

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Por ejemplo, nuestra actual política fiscal a pesar de que reduce la desigualdad, aumenta la pobreza como consecuencia de una estructura tributaria basada en impuestos indirectos que tiene impactos regresivos, provocando que las personas con menos ingresos contribuyan más, proporcionalmente hablando, al pago de impuestos, que aquellas con mayores ingresos. A pesar de ello, en momentos de crisis, la propuesta recurrente es incrementar el IVA, ¿no deberíamos buscar solucionar el problema en lugar de profundizarlo?

De igual forma, muchos tomadores de decisión y grupos económicos influyentes en materia fiscal, satanizan el gasto corriente e incansablemente pronuncian un discurso de austeridad, sin tener en cuenta que en él se encuentran los recursos destinados a la compra de alimentos que reciben los niños y niñas en las escuelas, o el dinero destinado a la compra de insumos médicos para la atención prenatal de las madres salvadoreñas, o el salario que reciben las mujeres rurales que trabajan en el sector público ¿es esto congruente con los compromisos internacionales asumidos en la lucha contra la desnutrición?


Se suman a esta depauperación fiscal casos como la propuesta de Ley de Zonas Económicas Especiales, que bajo el argumento de generar empleos y combatir la pobreza, otorga privilegios fiscales eternos con los que el Estado renuncia para siempre a los recursos tributarios que podrían financiar políticas públicas para que las mujeres rurales tengan acceso a la tierra, créditos o insumos agrícolas y puedan mejorar su bienestar. Si lo que necesitamos son recursos públicos para que el Estado pueda atender a las poblaciones vulnerables ¿por qué proponemos renunciar a estos recursos?

Parece que todas las buenas intenciones contenidas en los discursos se olvidan al momento de diseñar e implementar políticas públicas. Es momento de que los días internacionales vayan más allá de la foto o el discurso, y que sean aprovechados como espacios de reflexión, en los que como parte de una sociedad asumamos compromisos, que a su vez, se traduzcan en políticas, programas y proyectos públicos congruentes con la reducción de la desigualdad, la erradicación de la pobreza y el combate de la desnutrición. De no hacerlo, los 365 días del año no nos serán suficientes para abordar con discursos los desafíos de nuestra sociedad.




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