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Editorial & Opinion

¿Más? ¿Menos? o ¿Mejores?

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 6, marzo 2019 - 12:00 am

Esto es como ¿Qué vino primero? ¿el huevo o la gallina? Y como tal la respuesta es muy compleja, me refiero a si ¿deben ser menos o más diputados o si en lugar del número nos fijamos en qué tipo de diputados necesitamos? La verdad es que necesitamos reacondicionar nuestra representación política pero no en función de lo superficial o de lo que nos produce más disgusto como es el abuso de poder, el mal gasto de los recursos, la corrupción, el abuso de las contrataciones de estado, el nepotismo, etc…

Si vamos a meternos en esto debe hacerse analizando el tema de fondo: la representatividad de los ciudadanos y cómo esa representatividad tiene sentido, en primer lugar respetando la Constitución que ya mandata la relación entre número de ciudadanos y el número de diputados que debemos tener en el congreso nacional.

Más allá del número esta representatividad debe ser hacia lo moderno, hacia una democracia fortalecida, en la que el ciudadano de verdad tiene participación por medio de sus representantes, acceso a ellos de forma directa y cuyo voto se pueda sentir y ser respetado por el que recibió la delegación y mandato de diputado; en este momento elegir diputados en las circunscripciones departamentales es un teatro ya que éstos una vez electos representan “al pueblo entero”; entonces, el voto ciudadano y el mío no solo pierden valor numérico sino representatividad, puesto que los que no votaron ni asistieron y no se interesaron son ahora en número sujetos de esa representatividad y son como escudo para que el representante decida si quiere o no atender a los que le busquen; hay un juego perverso en esto, ya que en la campaña se me hace responsable de elegir y luego se me quita el beneficio de acercarme al que yo elegí, porque ahora está para todos y ya no solo para el que voto por él y mucho menos hay tiempo para trabajar por el departamento en específico; en este sentido, lo moderno es circunscripciones pequeñas mono distritales, donde un solo diputado obtiene el voto y la representatividad, lo que incluye también territorialidad y responsabilidad sobre lo que las leyes impactan en dicho territorio, sin descontar también el impacto o beneficio de ciertas leyes a sectores de apoyo social al diputado como lo son gremiales, sindicatos, asociaciones, etc… de esa circunscripción, que tienen derecho y obligación de buscar sus representantes para cuidar y o velar por sus intereses como sociedad organizada.

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El llevar representantes al Órgano Legislativo es una carrera de la sociedad civil o debería serlo, se supone que organizados en partidos alcanzamos la meta, pero también eso por ahora es otro teatro y ya sabemos que los partidos se convirtieron en S.A. de C.V. y tienen dueño, no son organizaciones sociales abiertas, lo que resta también representatividad real a los candidatos que devienen de estas organizaciones y nos ha complicado la vida legislativa; de ahí que el número viene siendo poco relevante si supiéramos con certeza a quiénes representan los elegidos y cómo encaja el ciudadano en esa representatividad.

Por otro lado, no pueden dejar de evaluarse los beneficios o costos de representatividad que los ciudadanos estamos dispuestos a pagar, me refiero a salarios, prestaciones y privilegios para sus representantes que no son puestos ahí para que hagan lo que quieren, sino para que hagan lo que sus representados les dicen que deben hacer y o promover; por tanto, es relevante no solo detener la corrupción, sino replantearnos el costo de esta representatividad, lo que hay que pagarles y establecer los recursos que se necesitan para ejercer el mandato; esto tampoco tiene nada que ver con el número, sino con lo que los ciudadanos queremos para administrar el gasto del Órgano Legislativo en busca de una efectiva representatividad; un diputado bien pagado, motivado y con todas sus herramientas se supone que hace un mejor trabajo, pero ahora al no tener esa representatividad tan clara, terminan representándose a ellos mismos y haciendo lo que les parece y no lo que deben hacer.


De tal manera, para mí la discusión sobre si son muchos o deben ser pocos, no es cuestión de número ni de ahorro, es cuestión de eficiencia, de cómo los diputados electos me representan y cómo el sistema electoral y de partidos me sirve o no para colocar a los representantes que yo necesito y que el país necesita; es importante ver más allá de lo que suena bien para adentrarnos en lo que suena mejor. Comencemos por un censo que nos diga cuántos somos, qué áreas territoriales debemos representar y que se diseñe la distribución de esa representatividad pensando en los ciudadanos y no en los partidos.




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