Editorial & Opinion

Mi rosa, la condena de la primera dama hondureña

Carlos Alvarenga Arias / Abogado

jueves 29, agosto 2019 - 12:00 am

Esta es la historia de Rosa Bonilla quien fue secretaria hasta que la suerte le sonrió, literalmente, porque la alcanzó la sonrisa al casarse con quien luego sería el presidente hondureño Porfirio Lobo Sosa, ahora bien emproblemado en su últimos años de vida. Mi Rosa, como le dice Lobo Sosa de cariño, pasó de ganar el salario mínimo a ser millonaria, de hecho, la casa que le confiscaron los de la Oficina de Administración de Bienes Incautados, no tenía nada que ver con la casita del barrio El Bosque donde vivió cuando era una empleada más. Una mansión en toda la amplitud de la definición.

Ahora enfrenta una pena entre 58 a 75 años. Los políticos no son buena compañía, peor si estás casado con uno, sino miremos a las pobre doñas Ana Ligia Mixco de Saca y Vanda Pignato.

Su esposo a quien los que le tienen cariño le llaman Pepe, (también los que no le tenemos aprecio alguno), como primera dama (2010 – 2014), estuvo al frente de una gelatinosa, inconsistente, no muy bien reglamentada oficina llamada Despacho de la Primera Dama, la cual, sin tener un génesis legal, manejaba cualquier cantidad de fondos los cuales, fueran dineros propios del Estado o donaciones de organismos internacionales o países amigos, deberían ser destinados a las obras de caridad con las cuales las primeras damas en algunas repúblicas tercermundistas (sí, porque eso es lo que somos, países que se quedaron en la periferia del desarrollo), hacen caridad, saludando con sombrero ajeno, todo para volver guapa la imagen de sus desvencijados esposos, ya que el poder sí destruye.

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Cuando me vine a vivir a Honduras hace 12 años, el FMLN amenazaba seriamente con su candidato estrella, Mauricio Funes, a ganar la presidencia. En muchas personas eso nos producía lo menos escalofríos, sino terror, de que los exguerrilleros que aún, mentalmente, no se habían bajado de las montañas, llegaran a la silla presidencial con ese su caballo de Troya, a implementar las locuras ya desfasadas del comunismo o, peor aún, todavía más aterrorizante, las estupideces del socialismo del s. XXI.

Al llegar a esta mi nueva tierra, rápido me puse al día. Había un cogobierno de hacía casi un siglo (interrumpido pocas veces por los militares), entre el Partido Liberal y el Partido Nacional, dos partidos de derecha.


Me confortaba que acá no habría nunca grandes cambios como el que se avecinaba en El Salvador. ¡Oigan! Me equivoqué. Los rojos fue una versión rosadita de ARENA, y acá en Honduras el comandante vaquero, el defenestrado José Manuel “Mel” Zelaya, casi nos embarca en la suicida aventura del socialismo chavista. Esos sí fueron años de terror hasta que las Fuerzas Armadas de Honduras tomaron la valiente decisión de mandarlo a San José, Costa Rica. Si no lo hubieran hecho, y siendo Mel un adorador promiscuo e indecente del finado comandante bobalicón, Honduras sería un total desastre.

Lo malo es que después de Mel se vino otro presidente malo, muy malo: Pepe Lobo, el cual terminó de enseñorear las maras y el narcotráfico en el país hasta tal punto que su hijo está condenado en Nueva York a 28 años de prisión por narco. Pepe Lobo además le concedió contratos estatales al cártel de Los Cachiros, ahora cantando en coro en las cortes de Nueva York. Y ahora la esposa y su cercano colaborador fueron condenados por los delitos de falsedad y apropiación indebida, por haber cambiado cheques que supuestamente iban a zapateros, pero que era falso, y además, cuatro días antes de terminar el período presidencial de su marido, hizo la gracia de pasar diez millones de lempiras (un poquito más de $ 400 mil) a su cuenta personal. Así de descarada ha sido la corrupción aquí.

A don Pepe Lobo se le acabó la sonrisa por Mi Rosa; y a doña Rosa Bonilla de Lobo le esperan muchos años en la cárcel. Se hubiera quedado como secretaria ganando el salario mínimo.

Algo bueno se está haciendo en esta América Central y en Honduras no cabe duda. El Consejo Nacional Anticorrupción liderado por una valiente mujer, Gabriela Castellanos, y la Misión de Combate contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (una especie enana del CICIES que se espera en El Salvador), están dando muchas alegrías al pueblo que es superado solo por Haití en pobreza en este hemisferio.

Lo más triste de todo esto es que el dinero robado estaba destinado a la elaboración de zapatos para niños de escasos recursos.




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