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Editorial & Opinion

Nepotismo descarado

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

jueves 14, marzo 2019 - 12:00 am

El nepotismo es la predilección de algunos funciona­rios públicos para em­plear a familiares o amigos, sin importar el mérito o las capacidades intelectivas para ocupar el cargo, dado que lo importante es la lealtad del individuo al proyecto político y que este empleado se convierta en servilista del funcionario que lo contrató. Todo ello está vinculado a la visión patrimonialista de Estado que tienen algunos funcionarios, al adjudicarse el derecho de decidir sobre los recursos públicos, como si fueran suyos, y por ello transgreden las normas jurídicas y éticas, imponiendo empleados.

Es grave lo que está ocurriendo en la mayoría de las carteras de Estado, donde hay una gran cantidad de empleados públicos en puestos de confianza que no solo han concluido su ciclo de servicio a la patria (si es que verdaderamente hicieron algún trabajo por el que han recibido salarios ostentosos), sino que a la fuerza desean mantenerse en los cargos, como si los puestos públicos fueran heredados. Se han oído una cantidad de historias en las que se están trasladando algunos directores a la ley de salarios para ser inamovibles en el cargo, para que cuando llegue el nuevo presidente tenga las manos atadas.

Creo que estos actos de nepotismo no solo son inmorales, sino que es corrupción y tráfico de influencias a gran escala, y lo peor es que se trata de uno de los partidos políticos que dijo defendería los intereses del pueblo; sin embargo, con el tiempo, hemos comprendido que lucharon solo para resguardar sus intereses y los de los suyos, olvidándose así de los más necesitados y de aquella parte de la población que urge de una oportunidad de empleo, pero que en razón de no pertenecer a ningún partido político o no poseer la recomendación de funcionario público, se le imposibilita acceder a un empleo con el Estado.

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Es decir, que conseguir un empleo con el Estado es una argolla tan cerrada que este privilegio está reservado únicamente para aquellos que son parientes, amigos y militantes de los principales partidos políticos. Pero los mejores cargos y salarios, solo son ostentados, por los allegados más próximos y los amigos más cercanos de la argolla que dirige al Estado y me refiero a los tres órganos de gobierno, a los entes descentralizados y a los desconcentrados, los cuales están repletos de familiares.

En consecuencia, el nepotismo no solo afecta las finanzas públicas, por los altos salarios que se pagan, sino que reduce la capacidad de inversión del Estado; pero lo más grave es que va en detrimento de miles de salvadoreños que con esfuerzo logran concluir sus estudios universitarios, incluso invierten en una maestría o un doctorado, y se preparan para poder incidir en su patria, pero por no militar en ningún partidito político o por no poseer ninguna recomendación de un funcionario público, no puede acceder a un cargo con el gobierno, pese a que tienen las credenciales académicas e intelectivas.


Ahora bien, no todos los empleados públicos han arribado al cargo por medio del nepotismo, existen también miles de empleados estatales honrados que llegaron al puesto por sus méritos y lograron hacer un camino basados en sus capacidades intelectuales; pero estos casos son más escasos. Ante el escenario del nepotismo exacerbado, es importante que se abra la discusión y allanar el camino para crear una ley de la profesionalización de la función pública, donde se premie el talento, por encima de la ideología, la capacidad por encima del servilismo partidario, y la diligencia por encima de la mediocridad, ya que los malos empleados públicos retrasan los procesos, detienen el desarrollo, cumplen a cabalidad la burocracia, atienden de mala gana, esconden los documentos, hacen su trabajo mediocremente, y media hora antes de que termine su jornada laboral, ya no quieren atender al público. Todo ello obstruye la implementación de estrategias favorables en el plan quinquenal y frena los proyectos que pueden favorecer a las grandes mayorías; por lo tanto, frustran el desarrollo y el progreso de El Salvador.

En suma, con la implementación de una ley de la profesionalización de la función pública, se podría premiar al talento y mantener a las mejores mentes trabajando en el Estado, y no cambiarlas cada vez que hay un nuevo gobierno. El presidente electo tiene en sus manos la oportunidad de oro, para convocar a las mejores mentes para formar parte del gabinete, y no convocar a más de lo mismo, dado que no deseamos seguir divididos, sino unidos, porque así seremos más fuertes.




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