Editorial & Opinion

Nepotismo, epidemia de la corrupción

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 11, junio 2019 - 12:00 am

El nepotismo es una actividad que jurídicamente debería considerarse como un acto arbitrario o hecho corruptivo ajeno a le ley y a la ética. Es una enfermedad que se vuelve epidemia en los países latinoamericanos y en los países pobres del mundo, donde los controles son vulnerables. Ejemplo, El Salvador, donde a lo largo de su historia ha habido nepotismo en el Gobierno Central, en las alcaldías y en el resto del aparato estatal.

El diccionario define al nepotismo como “Trato de favor hacia familiares y amigos, a los que se les otorga cargos o empleos públicos por el mero hecho de serlo, sin tener en cuenta otros méritos”. El objetivo es rodearse de personas leales y por supuesto hacerle trampa al Estado al asignar, generalmente cargos de responsabilidad y altos salarios.

En el país el nepotismo es apenas una prohibición ética regulada en la relativamente nueva Ley de Ética Gubernamental que en su artículo 6 literal H dice textualmente (respecto al nepotismo): “Nombrar, contratar, promover o ascender en la entidad pública que preside o donde ejerce autoridad, a su cónyuge, conviviente, parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad o socio, excepto los casos permitidos por la ley.

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La ley misma faculta al Tribunal de Ética Gubernamental a imponer multa, al margen de cualquier proceso penal o civil que pueda generar el incumplimiento.

El nepotismo acrecienta la burocracia y genera la inoperancia del Estado, pues las personas son colocadas en cargos por su parentesco o amistad de quienes ostentan el poder, sin tener capacidad, lo que atrasa la fluidez estatal.


Desde que asumió el presidente Nayib Bukele, a través de un método nada ortodoxo, ha venido revelando el enorme nepotismo que funciona en el aparato gubernamental. Ha despedido, vía twitter, a decenas de parientes del expresidente Salvador Sánchez Cerén y otros dirigentes del expartido oficial, así como a funcionarios (15 directores departamentales de Educación) que pretendiendo hacer trampa o fraude de ley querían engañar al Estado, al cambiar a última hora sus plazas por otras, en las que incluso, iban a tener salarios más altos que el mismo presidente de la República.

Todos tenemos derecho al trabajo, pero por igualdad social y justicia, las plazas y los cargos en el Estado hay que ganarlos con capacidad. Los familiares y amigos de Sánchez Cerén y otros dirigentes tienen derecho al trabajo, pero no por ser familiares de altos funcionarios tienen que ocupar cargos de jefaturas con grandes salarios, sin tener la capacidad o los requisitos exigidos. Con todo respeto para quienes no tienen una profesión universitaria, un bachiller que sea nieto del mandatario no tiene porqué ocupar una plaza de jefatura altamente remunerada y con responsabilidades que requieren mucha capacidad.

El método utilizado (twitter) por el presidente Bukele es cuestionable, él debe seguir el proceso legal, no obstante, está en todo su derecho a limpiar al sector gubernamental y apartar a todo lo que haga ruido en su administración. Desde luego, él tampoco puede limpiar la casa y echar la basura bajo la alfombra cayendo también en nepotismo. Bukele ha recibido críticas, pues ha nombrado amigos y parientes en algunos cargos. Si esto es así, el presidente está a tiempo de recapacitar para no caer en el vicio del pasado.

Una dirigente del expartido oficial tratando de justificar el nepotismo (el cual de ninguna manera tiene justificación) durante los diez años de su partido en el poder, señaló que tienen derecho al trabajo y se preguntó que si no es en el gobierno, dónde trabajarían sus parientes. La respuesta es sencilla; en la empresa privada y en el mismo gobierno, pero compitiendo con atestados por las plazas y cargos en procesos abiertos y sin beneficios por su calidad de parientes o amigos de los gobernantes. En una empresa privada los dueños o socios manejan a su antojo su propiedad, pero el Estado no es una finca o una propiedad donde los que gobiernan pueden hacer su antojo.

Bukele debe continuar limpiando el sector gubernamental, eso sí, sin violentar la ley. Debe seguir el debido proceso y para el caso a los empleados de las secretarías suprimidas debe evaluarlos y reubicarlos, pues entre ellos hay buenos y excelentes empleados que merecen seguir laborando. Reitero, Bukele debe evaluar las críticas que ya ha recibido y sí efectivamente ha caído en nepotismo empleando a familiares y amigos, recapacitar, para no seguir enfermando al país con el virus estatal llamada nepotismo. Corrupción.




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