Editorial & Opinion

No se trata de ganar elecciones

Lourdes Molina Escalante / Economista sénior

jueves 17, enero 2019 - 12:00 am

Hace 27 años nuestro país logro firmar los Acuerdos de Paz que permitirían poner fin a una guerra civil que causó más de 75,000 muertes, miles de personas desaparecidas, desplazamientos forzados y migraciones. Los Acuerdos representaron un momento histórico en el que se concretaba la apuesta por la democracia como la forma para reunificar a la sociedad salvadoreña y construir un Estado garante de los derechos humanos. Los años han pasado, decenas de conmemoraciones y discursos han tenido lugar, pero nuestro país no ha logrado edificar la paz, los Acuerdos permitieron el cese de los enfrentamientos armados y el inicio de la era democrática en nuestro país, pero resultaron insuficientes para resolver los problemas estructurales que causaron la guerra: la pobreza, la desigualdad y la exclusión.

Si bien los Acuerdos se quedaron cortos para construir un país para todas y todos, son un ejemplo de que en El Salvador se puede dialogar y alcanzar consensos. Actores opuestos de una guerra, abandonaron sus posturas extremas, compartieron espacios de diálogos, definieron agendas, debatieron, negociaron y lograron acuerdos mínimos para finalizar el conflicto, acuerdos que incluso implicaban reformas constitucionales. Esto no es un punto menor en un país altamente polarizado e inmerso en un proceso electoral, en el que si no estás conmigo, estás en mi contra; en el que todos somos dueños de la verdad absoluta y cualquiera que piense diferente está equivocado; en el que condeno a los corruptos del otro bando, pero defiendo a los del mío; en el que los líderes políticos critican a sus adversarios, pero cualquier cuestionamiento hacia ellos es señalado como persecución y ataque.

En este contexto es importante hacer una pausa, reflexionar y reconocer que independientemente de quien gane las elecciones y lidere el Ejecutivo los próximos cinco años, los desafíos que enfrentamos como país no tienen una solución mágica y no se resolverán por la simple voluntad y deseo del gobierno electo. La solución a los problemas de El Salvador supera lo que un gobierno, por sí solo, pueda realizar.

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Por ejemplo, todos los candidatos presidenciables coinciden en que hay sectores claves a los que se debe apostar para erradicar la pobreza y lograr el desarrollo del país, entre esos sectores usualmente se mencionan: salud, educación e infraestructura. Todos los candidatos los mencionan recurrentemente en sus promesas de campaña. Suponiendo que el candidato electo efectivamente decida cumplir sus promesas, requerirá de recursos para hacerlo.

Estimaciones realizadas por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), en el marco del documento «Otra Centroamérica es posible: Agenda fiscal para la construcción de una sociedad desarrollada, inclusiva y sostenible 2019-2030» que se presentará en el primer semestre de 2019, señalan que para que el Estado salvadoreño logre cumplir con los compromisos asumidos en el marco de la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 en los ámbitos de erradicación de la pobreza, salud, educación e infraestructura, sería necesario que, entre 2019 y 2030, se destinara por lo menos 9.5 % del PIB adicionales para financiar intervenciones públicas en dichos ámbitos. Esto requeriría redefinir la política fiscal salvadoreña con criterios de suficiencia, sostenibilidad y progresividad; una transformación que superaría por mucho el alcance de las atribuciones del Ejecutivo y que requeriría alcanzar acuerdos con la participación de diferentes actores de la sociedad, incluyendo sus adversarios en la actual contienda electoral.


A casi tres décadas de vida democrática es necesario que los actores políticos del país admitan que ninguno solucionará por arte de magia los problemas de la población y que la solución a éstos pasa por alcanzar acuerdos de nación. Aprendamos de nuestra propia historia, dos bandos opuestos firmaron la paz. Y aprendamos de nuestra cotidianidad: dentro de nuestro familias y amistades podemos apoyar opciones políticas contrarias, pero eso no nos hace enemigos, y no impide que todos los días hablemos y nos apoyemos para que nos vaya bien a todos y todas. Ahora necesitamos escalarlo a nivel nacional, como sucedió con los Acuerdos de Paz, solo que esta vez es fundamental que la ciudadanía participe y haga escuchar su voz, para que los acuerdos políticos respondan a los problemas estructurales de nuestro país, lo que implica que nuestra responsabilidad no termina el día de las votaciones. De eso se trata la democracia, no de ganar elecciones sino de participar y construir acuerdos en beneficio de las grandes mayorías.




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