Editorial & Opinion

Occupied

Juan José Monsant A. / Exembajador venezolano en El Salvador

sábado 1, febrero 2020 - 12:00 am

Luego de una breve pero obligada ausencia, recorro con cierto desgano los pequeños y coloridos rectángulos que identifican la oferta audiovisual de Netflix, esa curiosa empresa que de distribuidora de filmes bajo el formato de CD`s, se ha convertido en productora y distribuidora que amenaza con enviar al pasado las grandes empresas cinematográficas de Hollywood y, a la televisión por cable, para alivio de los diseñadores de interiores, arquitectos y esas personas que odian ver colgados cables de cualquier especie por todos lados. De modo que el Wi-Fi se impone como se impuso el primer iPhone creado por el inol­vidable Steve Jobs, y los drones de precisión que vigilan y matan a distancia.  Así como Siri, Alexa, Google y todo mando de voz que vaya apareciendo en nuestras pequeñas lámparas de Aladino.

Qué mundo tan maravilloso, desconcertante y contrastante se nos impone; no por dictaduras teocráticas o de carteles del crimen (resabios del pasado), sino por la genialidad creativa del ser humano que, con apenas siete notas ha podido crear la Novena Sinfonía de Beethoven, el Concierto No. 2 en fa menor de Chopin, La gota fría de Carlos Vives, el Concierto de Aranjuez o la Misa Campesina de los Mejía Godoy. No hay que asustarse, para eso están los nietos, para que nos enseñen pacientemente y con amor a manejar esos artilugios sustentados en incomprensibles bits.

El hecho es que “Occupied” (Ocupado) resultó ser una miniserie de origen noruego, magníficamente interpretada por actores que visualizan fielmente el temperamento tan particular que tenemos de los escandinavos.

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Se trata que en un futuro no muy lejano, Estados Unidos ha logrado la autosuficiencia energética, al tiempo que los países árabes sumergidos en guerras civiles han detenido la producción de petróleo, Europa atraviesa una crisis de energía, y Noruega detiene la producción de petróleo por los devastadores efectos climáticos, al tiempo que anuncia la suspensión de la actividad petrolera para sustituirla por la industrialización del Thorium, un mineral blando generador de radioactividad limpia, capaz de suplir la totalidad de las necesidades energéticas propias y las de Europa.

Y aquí, como se imaginarán, comienza el desarrollo de la trama, con el factor económico de por medio.


Los rusos, deciden invadir al Reino de Noruega porque tal decisión perjudica su economía. Por lo que deciden invadirlo de una manera muy particular, para evitar una confrontación directa con la Unión Europea y, por extensión, con la OTAN, que incluye necesariamente a los Estados Unidos. De modo que perpetran el secuestro del Primer Ministro noruego (miembro del Partido Social Demócrata aliado con los Verdes) en una operación militar relámpago; los sorprenden, lo suben a un helicóptero, lo llevan al medio de un bosque y lo ponen en contacto a través de una vídeo conferencia con el Primer Ministro ruso, quien le indica que de no retirar la decisión anunciada, sus tropas invadirían el país en menos de 24 horas, bloquearía los puertos y sus letales Mig-29 bombardearían las fábricas y las edificaciones militares. De modo que le propone una ocupación pacífica y mimetizada que garantice el control de la producción petrolera. En cuyo caso, la Embajadora de Rusia ante el Reino ejercería las funciones de vigilancia y control (una especie de Procónsul) a través de su participación en el Consejo de Gobierno, garantizándole al actual Primer Ministro el ejercicio formal del cargo.

Fue inevitable que de alguna manera, me remontara a Venezuela, país ocupado política y militarmente por la República de Cuba, cuyo embajador Dagoberto Rodríguez Barrera fue designado el pasado martes 21 de enero, miembro del Consejo de Ministros, que preside Nicolás Maduro.

En la serie como en la vida real, los ciudadanos se dividieron; unos, que para evitar males mayores había que aceptar el protectorado y colaborar con los ocupantes, otros que era mejor cohabitar hasta incorporarlos y, unos menos, que había que resistir e irse a la clandestinidad, con los patriotas encubiertos dispuestos a ayudarlos en la lucha armada, hasta lograr la expulsión del invasor, con la cooperación de los países amigos. ¿y usted, amigo lector, qué haría?




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