Editorial & Opinion

Pandilleros infiltrados

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 22, octubre 2019 - 12:00 am

Hace unos diez años hice un reportaje sobre la infiltración de las pandillas en la Policía Nacional Civil (PNC) y en ese marco visitamos varias delegaciones policiales. En al menos tres de las cinco sedes  visitadas observamos grafitis de pandillas en los baños que solo utilizaba el personal policial. Ante las evidencias un alto jefe de la institución me confirmó que dentro de la corporación había pandilleros, incluso algunos de ellos tatuados, pero que estaban en proceso de depuración, un proceso que al parecer no termina.

La semana pasada el ministro de Defensa, René Francis Merino Monroy dijo a un medio de comunicación que en el proceso de reclutamiento de este mes, la mitad de los aspirantes fueron depurados porque eran pandilleros o tenían vínculos con las pandillas. Concretamente señaló que de un poco más de 2,000 aspirantes un total de 1,007 fueron rechazados por su vinculación pandilleril.

Detectar el vínculo pandilleril fue posible, según Merino Monroy, mediante la prueba psicológica y durante la entrevista personal. Los datos brindados por el ministro señalan que 227 aspirantes fueron detectados mediante las pruebas psicológicas, 446 porque fueron descubiertos en las entrevistas personales, 254 porque se detectó que eran pandilleros, 26 porque hasta presentaban tatuajes alusivos a las pandillas y 56 porque ya antes habían sido depurados por sus vinculaciones con los grupos delictivos.

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Obviamente las pandillas buscan infiltrarse en la Fuerza Armada para tener información y conocer la operatividad de primera mano. Antes lograron, inclusive, infiltrarse en la Escuela Militar. Todos recordaremos el caso de un cadete detenido en Cojutepeque por sus vínculos directos con las maras o pandillas. Recientemente un testigo criteriado señaló en un juicio que un alto oficial del ejército preparó a algunos de sus miembros para especializarlos como francotiradores. La verdad es que estos grupos terroristas (denominados así por la Sala de lo Constitucional) se han infiltrado en muchas instituciones. Uno va a las universidades y en muchas se detectan grafitis pandilleriles en los baños, aulas y otros sitios. Igual en las instituciones del Estado. Como parte de la organización de las pandillas han logrado que muchos de sus miembros obtengan una carrera universitaria y los han logrado colocar como empleados en muchas instituciones y empresas para obtener información privilegiada.

El nivel de infiltración es evidente. Recordamos los vídeos que circularon hace algunos meses en los cuales  se observaba que algunos políticos se reunieron con líderes de las pandillas para negociar votos. En uno de los casos el político hasta le pregunta a las pandillas si estarían de acuerdo con el ministro de Seguridad que su partido llevaría si ganaba las elecciones con la ayuda de los votos de los pandilleros y sus familiares.


Es tal la infiltración que hasta pactaron una tregua que duró un par de años y lograron crecer como estructura y ganar privilegios. Las pandillas se han metido en todo. El mismo testigo criteriado referido ha contado cómo se filtraron en negocios, empresas y en cualquier suerte de rubro. Personalmente no creo en los testigos criteriados si su testimonio no va acompañado de pruebas periféricas que corroboren su dicho; sin embargo, hay situaciones tan evidentes como los vídeos y los hechos concretos como el intento de infiltrarse dentro de la Fuerza Armada.

En muchas instituciones hay empleados o funcionarios corruptos que aceptan dádivas a cambio de favorecer a estos grupos delincuenciales. En una populosa colonia de Soyapango, la madre de un pandillero me contaba que un suboficial de la PNC les cobraba $300 mensuales a los pandilleros a cambio de mantenerlos informados de operativos policiales en el sector, de tal manera que cuando llegaba la PNC y el ejército no encontraban a los mareros. Muchos agentes policiales y soldados han sido detenidos, procesados y condenados por sus nexos con pandillas.

Pagar por servicios también es una forma de filtración pandilleril. Los grupos terroristas han penetrado algunas instituciones corrompiendo a empleados. Hasta hace poco los pandilleros presos tenían acceso a teléfonos celulares, servicios de internet y otros privilegios (supuestamente ahora eso ya no es así), gracias a su poder de corromper.

Ojalá que la FAES haya hecho un buen trabajo de depuración, que la PNC siga un eficiente proceso de depuración y que el resto de instituciones y la misma empresa privada refuercen sus controles para evitar ser filtrada por los pandilleros, a los cuales hay que enfrentar con represión, pero también con prevención.




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