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Editorial & Opinion

Para qué un inventario nacional de bosques

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 6, noviembre 2018 - 12:00 am

A la hora de analizar la coyuntura generalmente nos arrastra la vorágine de los temas con mayor espacio mediático, dejando de lado aquellos de relevancia estructural que en el largo plazo determinan el rumbo del país. Este es el caso de la reciente publicación del Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) sobre el  primer Inventario Nacional de Bosques de El Salvador (INB), trabajo de gran trascendencia para conocer a profundidad las condiciones del entorno natural del país y cuya planeación y gestión de recursos inició en 2010 y su parte operativa de campo llevó más de diez meses. Fue dirigido por el MARN, con la administración del Banco Mundial y el financiamiento del Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques.

El estudio es una exigencia de la Ley Forestal de 2002 y constituye una importantísima herramienta para establecer políticas, estrategias, planes ambientales forestales que permita incidir en una efectiva restauración, manejo forestal, así como lograr mayor capacidad de gestión en las Áreas Nacionales Protegidas.  El trabajo caracteriza la masa de recursos forestales del país, los componentes de carbono, las variables ambientales; cuantifica y evalúa el estado de los tipos de bosque para implementar mejores mecanismos de monitoreo con reportes y verificación constante, facilitando la toma de decisiones desde las instancias correspondientes para revertir la deforestación, enfrentar la degradación ambiental, prevenir  las vulnerabilidades y estableciendo en lo posible una guía para el desarrollo sostenible. Conlleva el cumplimiento de nuestros compromisos internacionales respecto a la reducción de emisiones de CO2 y nuestra apuesta frente al cambio climático.

Estos resultados ofrecen un trabajo muestral científicamente sustentado que contó con el respaldo de instrumentos previos como el Mapa de Bosques y Uso de Suelos del 2011, cartografía territorial e imágenes satelitales con un alto grado de resolución. Su fiabilidad ha estado asegurada por una metodología de trabajo de campo, el uso estricto de controles y protocolos para determinar un estándar de parcelas muestrales y la recolección e identificación de especies vegetales; se implementaron técnicas de medición de carbono en suelo, en hojarasca y herbáceas con estrictos controles y evaluación de calidad.

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El INB clasifica la masa forestal en cuatro grandes categorías de tipos de bosque: a) Latifoliado que resume varios estratos -diferenciándose de las coníferas por la frondosidad y hojas anchas-, siendo el bosque más extendido con 563,262 ha., equivalentes al 26.71% del territorio; b) Bosque de café bajo sombra que se extiende en 174,834 ha., representando un 8.30%; c) Bosque salado, mejor conocido como “manglares”, tiene una superficie de 39,796 ha., para un 1.89% y; d) Bosque de coníferas o “pinares” que abarca 21,318 ha. equivalentes a un 1.01% del territorio. Las cuatro categorías suman 799,210 ha. que cubren el 37.91% del país, del cual el 90.4% es privado y solo el 9.6% es público.

El INB se encuentra a disposición en la web del MARN, sus resultados son un motivo más para conocer el Herbario Nacional adscrito al Museo de Historia Natural; el estudio detalla el desarrollo promedio de árboles, establece categorías por tallas de grosor y altura; también refleja el conjunto de problemas que enfrentamos: especies amenazadas o en peligro de extinción, considerable daño mecánico de los bosques de cafetal bajo sombra, abundante evidencia del daño generado por los insectos así como la afectación por patógenos, los graves efectos de los incendios forestales que diezman la disponibilidad de recursos naturales, el estimado de árboles muertos, estado fitosanitario de los bosques y las especies en proceso de regeneración.


Este inventario debe difundirse de manera amigable para generar conciencia y un trabajo más articulado para la sostenibilidad de los ecosistemas, pasando de lo descriptivo a lo interpretativo, estudiando las variables según las zonas del país, detallando los mecanismos de monitoreo desde el MARN; exigirá una mayor integración de las herramientas cartografías, imágenes satelitales y riguroso detalle en el trabajo de campo para identificar las tipologías forestales; profundizando el conocimiento de la biodiversidad, agrupando las especies más relevantes, afinando las políticas y estrategias de intervención, reforestación, restauración de los ecosistemas para la conservación y recuperación de bosques. Para muchos será un documento más, para otros la base de adopción de decisiones maduras y estratégicas, un aporte a la lucha por el agua para la vida y el fomento del turismo como industria limpia.




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