Editorial & Opinion

Pastores y candidatos: no instrumentalicen la religión

Rubén I. Zamora / Abogado, político y diplomático

jueves 13, diciembre 2018 - 12:00 am

El acto de un pastor evangelista ungiendo a un candidato a la presidencia como el próximo presidente de la república, en un acto publico y en medio de una campaña electoral, crea un precedente grave que ni desde el punto de vista religioso ni político debió nunca de haber sucedido en nuestro país.

Según la Biblia, los líderes de los hebreos eran escogidos por Dios y consagrados por un delegado de la divinidad, pero también hay ejemplos de que el pueblo escogía a su gobernante y se aplicaba el principio de “la voz del pueblo, la voz de Dios”; este sistema era propio de sociedades primitivas en las que la religión y la política estaban completamente vinculadas y donde la noción de soberanía popular, que tantos años de lucha ha costado, aún no era conocida.

En la antigua cristiandad los reyes eran coronados por el papa o un arzobispo, porque se consideraba que era Dios quien escogía al rey, éste respondía únicamente ante Dios y el pueblo no contaba, sino que le correspondía obedecer.

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Hace ya más de 300 años que la revolución francesa estableció, para bien de la política y de la religión, la separación entre ambas, es decir, el Estado se declara laico, ya no está bajo la autoridad religiosa, ni la autoridad religiosa está sometida al gobernante; ambos están sometidos a la ley que el pueblo se ha dado, a la Constitución.

Si bien es cierto que no siempre se ha cumplido con este principio, no hay duda que ha evitado que la política y los políticos abusen de las creencias religiosas para sus intereses políticos y también, que las autoridades religiosas se dediquen a su función espiritual y no a hacer política o a apropiarse de bienes; desgraciadamente, en el presente hay una ola que pretende revertir la separación entre Estado e Iglesia; vemos campañas electorales como la de un candidato en Costa Rica; la del actual presidente de Guatemala; vemos dictadores como Maduro en Venezuela o Daniel Ortega, que abiertamente pretenden instrumentalizar la religión para mantenerse en el poder o, como Bolsonaro, en Brasil, para conquistarlo.


En nuestro país, hace ya más de 200 años que nuestros gobernantes declararon la separación del Estado y la religión; todas nuestras Constituciones han coincidido en este tema y las más recientes van más lejos, pues prohíben a los ministros de cualquier culto religioso: “Los ministros de cualquier culto religioso… Tampoco podrán realizar propaganda política en ninguna forma”, estoy citando el artículo 82, incisos primero y segundo, que literalmente lo dicen y que está relacionado con el artículo 244, que dice: “La violación, la infracción o la alteración de las disposiciones constitucionales serán especialmente penadas por la ley…”.

Esto quiere decir que, si un pastor o un grupo de pastores o sacerdotes, en un acto público de campaña electoral, ungen a un candidato proclamando que Dios quiere que sea el presidente, están violando la Constitución vigente, están abusando de su carácter de autoridades religiosas y atentando contra la separación entre el Estado y la religión que establece la Constitución.

¿Tendrá el Sr. Fiscal General de la República que tomar cartas en este tema? No sé, pero estoy convencido que debería hacerlo; de lo contrario, se ha creado un precedente nocivo, tanto para la democracia, como para los cultos religiosos.




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