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Editorial & Opinion

Peligrosa ideología rompe visión antropológica del hombre

Sherman Calvo / Empresario

viernes 5, octubre 2018 - 12:00 am

La ideología de género es una corriente que considera que el sexo no es una realidad biológica sino una construcción socio-cultural que diversos gobiernos intentan imponer a través de la educación de los niños y jóvenes. La ideología de género, que mejor podría llamarse “género ideológico”, ha venido transformando el ordenamiento jurídico en muchos países, anteponiendo sus planteamientos ideológicos y demandas históricas a la resolución de los problemas reales existentes. Por “género ideológico”, en un sentido amplio, entendemos un sistema de pensamiento que postula esencialmente que las diferencias entre hombre y mujer no corresponden a la naturaleza, sino que son construcciones meramente culturales o convencionales, hechas según los roles o estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos. Dicha ideología pretende dar una interpretación total de la realidad, de la sociedad y de la historia. Afirma que no existen sexos sino roles. Está llegando a ser un sistema omnicomprensivo y enormemente influyente en nuestra cultura. Se confronta con el concepto de persona que nos traslada nuestra tradición cristiana. La ideología de género es contraria a los pilares básicos de nuestra cultura, opera sobre una realidad inexistente y bajo fundamentos falsos y tiene la pretensión de disolverlos, haciéndolos irreconocibles, instituciones que son escuela de realidad, como son el matrimonio y la  familia.

La ideología de género, o mejor dicho, “género ideológico”, constituye una amenaza ya que es más peligrosa que la ideología marxista y comunista, porque rompe toda la visión antropológica de lo que es el hombre según la obra del Creador. Por eso, no se puede estar abierto a esta ideología que es profundamente contraria a Dios. Que si miramos la visión del hombre mismo y su dignidad, entonces nos damos cuenta de que no afecta sólo a él: es una ideología que tiene consecuencias dramáticas en la vida social y en la cultura. Es una lucha contra el ser humano y su dignidad que apunta a Cristo, cuando, gracias a Él, a su vida, a su Evangelio, a aquello que enseñaba, nos ha dado la visión de la persona como tal, de su honor, de su propósito último.

El Arzobispo Mons. Marek Jedrasewski subrayó en una intervención, que “si el mundo hoy está contra el hombre está al mismo tiempo contra Jesucristo”… El prelado añadió: “si alguien quiere combatir a Jesús y eliminarlo de la vida social, entonces es un enemigo del hombre”. El Jefe de la Delegación de la Santa Sede ante la ONU, Mons. Paul Gallagher, denunció en la Asamblea General de las Naciones Unidas la presencia en varios organismos de la ONU, de la ideología que ignora a los niños no nacidos, a los enfermos y a los discapacitados, por considerarlos “prescindibles”.

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Ciertamente, debemos estar preocupados por la interpretación cada vez más limitada del derecho a la vida, tanto a nivel nacional como en los tratados y mecanismos en defensa de los derechos humanos. Esta tendencia se evidencia de forma particular en la corriente del discurso de dichos derechos, que se niega a reconocer el valor inherente y dignidad de la vida en todas las etapas, en su inicio, desarrollo y fin. Así, denunció Galla­gher, que “esa ideología presente, desafortunadamente, en varios de los organismos del entramado de derechos humanos de la ONU, conduce a graves desigualdades e injusticias, a menudo ignorando a los niños que se encuentran en el útero y tratando las vidas de las personas mayores y con discapacidades como si fueran prescindibles, o como una carga para la sociedad”.

El mundo necesita recuperar una visión global de la persona, la dignidad y los derechos humanos, ya que cualquier visión reduccionista del individuo inevitablemente deshumaniza y excluye de forma efectiva a determinados sujetos de su permanencia a la raza humana, abriendo así caminos a la desigualdad, a la injusticia y al daño. Es Dios quien ha creado al hombre masculino y femenino. La ideología de género, opuestamente, hace todo lo posible para cancelar las diferencias entre varón y hembra, lo que ya es un absurdo desde el punto de vista biológico.





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