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Editorial & Opinion

Pero… ¿es en serio?

Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 29, octubre 2018 - 12:00 am

Teníamos entendido que organizaciones serias del más alto nivel como la ONU y otras han sido penetradas por personajes influyentes con desviaciones LGTBI (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales) y que tales entidades han logrado intervenir en algunos gobiernos del mundo, promulgando leyes en beneficio de lo que muchos llaman desviaciones sexuales, considerando que la sexualidad normal y natural se limita a dos: masculino y femenino. Como excepción se puede aceptar que un cuerpo masculino o uno femenino esté habitado por un espíritu contrario al cuerpo. Sin embargo una excepción no puede justificar jamás, que se justifique como “natural” tal condición y se pretenda aceptar por la humanidad lo que para la mayoría es una equivocación.

Pues con esa especial valoración y con el desarrollo de los medios de comunicación llevados al extremo, tenemos que políticos y personajes de la farándula han sobrepasado lo que antes escondían por vergüenza y ahora exhiben con “naturalidad” y hasta con un relativo “orgullo”. Así, hemos visto cómo primeros ministros europeos llegan a reuniones de políticas con sus parejas del mismo sexo, que incomodan a las demás esposas de los otros dignatarios, al reunirse en actividades sociales preparadas para ellas.

También observamos cómo artistas de la talla de Miguel Bosé, se separan de su pareja del mismo sexo y se dividen a “sus hijos”, dos para cada uno de los padres. Y así, observamos los intentos de implementar en algunos países el “matrimonio” entre personas del mismo sexo, incluyendo entre ellos al nuestro. Tenemos ante esta catastrófica realidad, y ante la difícil posibilidad de que nuestra cuestionable Asamblea Legislativa pudiera aprobar semejante proyecto de ley, que el Órgano Ejecutivo pretende introducir un decreto Ejecutivo (que no necesita aprobación Legislativa) para que desde la más temprana infancia se enseñe en las escuelas y colegios que la sexualidad no se limita a dos sexos, varones y hembras, sino que entre ambos, existen una serie de intermedios que se pueden escoger, y que socialmente son válidos y legítimos.

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Quienes ya teníamos uso de razón en aquel entonces recordamos con claridad meridiana cuando un ministro de educación, iluminado por no sabemos qué razones, dispuso que las materias de Moralidad, Urbanidad y Cívica, debían suprimirse de los planes de estudio oficiales, lo cual, con el tiempo, dio sus frutos: Una tremenda corruptela, un El Salvador, dividido en mil territorios gobernado por otro tanto de pandillas, una guerra civil que dejó más de 80 mil muertos, que después de 30 años de firmada la paz aún no acaba, una proliferación de iglesias que entre todas no hacen una, una Iglesia Católica Romana con sacerdotes que dejan mucho que desear en sus conductas personales, y un sinfín de cosas más. Imaginamos –como lo hemos expresado antes- que estas iniciativas, vienen o nacen del famoso foro de San Pablo con el objetivo de dejar implementado en el futuro gobierno -quede quien quede- las bases para destruir la sociedad salvadoreña, tal como ha sido conocida hasta ahora.

En realidad, no me extrañaría que esa fuera la intención de la llamada Internacional socialista, pues así lo aprendí desde cuando estudiaba mis primeros inicios de las ciencias sociales.


La revolución rusa, que triunfó a los inicios del siglo XX contra la dinastía de los Zares, e impuso su régimen a sangre y a fuego en gran parte de Europa Oriental, y se extendió al norte de Asia, logró el control político, destruyendo las instituciones tradicionales del Estado, prohibiendo las religiones y la vida tradicional de la familia, como la conocemos en los países occidentales. Frente al Ministerio de trabajo, -aunque le cueste creerlo- está pintada toda la calle con los colores del movimiento LGTBI. Lo que nos preocupa es que a nuestra infancia se le pueda modificar su natural forma de encontrarse con la sexualidad, e imponérsele una distorsión antinatural de la misma.




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