Editorial & Opinion

Por el derecho al tiempo de las víctimas

Sherman Calvo / Empresario

viernes 24, enero 2020 - 12:00 am

Cerca del 95 % de casos de abuso sexual infantil y según prácticamente todas las investigaciones a nivel internacional, coinciden en dos características: ocurren en ambientes que debían ser protegidos para los niños, y son cometidos por personas cercanas (familia o amigos de la familia, profesores, vecinos, guías o formadores religiosos, políticos, autoridades… y un largo etcétera).

El silencio, en estos casos, según José Andrés Murillo, doctor en filosofía y ciencias políticas, magister en sociología, no es una decisión de las víctimas, sino que es parte de la estructura misma del trauma y del delito. Por eso es preferible llamarlo silenciamiento. Memoria traumática la han llamado varios investigadores.

Describen la disociación que se produce en la conciencia de la víctima cuando la agresión constituye una violencia y traición mayor a la que pueden soportar. Una suerte de ruptura, “corto circuito” entre la memoria cognitiva y emocional. Dificultad de recordar los hechos – o parte de ellos – y continuar sufriendo sus consecuencias, por muchos años, a través de recuerdos invasivos. (Recomienda el autor de un artículo sobre este tema, ver las investigaciones de la psiquiatra francesa Muriel Salmona sobre el abuso sexual).

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El daño irreparable causado a niños por abuso sexual no debe prescribir. En la mayoría de estos casos, cuando las víctimas logran reconstruir parte de su historia a partir de los dolorosos fragmentos de su memoria, y deciden acudir a la justicia, entonces el Estado les responde con ese dogma de nuestro sistema judicial que es la prescripción.

La prescripción, en este caso, es el plazo de vencimiento que tiene una acción penal para investigar y condenar a una persona por un delito eventualmente cometido. Si pensamos que uno de los roles fundamentales de la condena penal es reordenar la realidad vulnerada para la víctima, para la sociedad e incluso para el victimario, la prescripción viene a solidificar la realidad vulnerada.


Cuando el Estado le dice a una víctima, a través de la prescripción, que la agresión que sufrió ya no puede ser juzgada, ni siquiera investigada, es el Estado mismo el que vuelve a traumatizar y garantizar la impunidad. Es comprensible que haya prescripción en algunos casos. Pero la prescripción debe tener excepciones. De hecho, los tiene para los casos de los delitos de lesa humanidad. Esta excepción se fundamenta, entre otras cosas, por el amparo de la impunidad, y por la trascendencia del acto vejatorio.

En el caso del abuso sexual infantil, por su estructura y tipo de violencia que se ejerce contra la víctima y los contextos en los que se da, en un 95 % de los casos por quienes debían ser protectores, garantes de derechos, como la familia, las amistades, el colegio, la Iglesia, el tabernáculo, el grupo scout, etc., son utilizados para abusar, vejar la dignidad de aquellos que están bajo esta protección hasta tal punto que logran romper la memoria, difuminar su sensación –y dignidad– de víctimas, para hacerlos parecer responsables, culpables, nulos.

El Estado debe cuestionar su dogma de imprescriptibilidad para casos de abuso sexual infantil, y seguir el camino que ya otros han abierto, como Gran Bretaña, Australia, algunos estados de Estados Unidos, Argentina. Los países avanzan en imprescriptibilidad de los delitos sexuales contra menores de edad.

Es inaceptable que en muchos países se ampare en un dogma y no acuda a la realidad y, como dice Vinka Jackson –psicóloga y sobreviviente de abuso– al derecho al tiempo de las víctimas: Todo niño que ha sido víctima de tan macabros abusos, tiene derecho al tiempo; tiempo para entender su sufrimiento, para armarse de confianza y valor y, finalmente, para revelar aquel horrible episodio de su vida.

Quienes están a favor de que los delitos sexuales a menores prescriban, son en general quienes apoyan que todos los delitos lo hagan, por más graves que sean. La imprescriptibilidad de los delitos sexuales contra menores, es un gran paso para cualquier país, especialmente para las víctimas de abuso sexual que son o fueron menores de edad. Nos acerca un poco más a crear un mundo en el que haya justicia y donde todos puedan sanar correctamente sus heridas.




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