Editorial & Opinion

¿Por qué disentir con un populista y sus seguidores es como jugar ajedrez con un pato?

Lilliam Arrieta de Carsana / Abogada y notaria

jueves 23, enero 2020 - 12:00 am

Comencemos por la respuesta y luego explicaré cómo llegamos a ella: porque es imposible discutir y, sobre todo, disentir desde una argumentación basada en la lógica y en lo racional; porque el pato botará todas las fichas, defecará en todo el tablero y se irá volando pensando que ha ganado la partida.

Uno de los problemas de las nuevas formas de liderazgo que están surgiendo en diversas partes del mundo, aparte de su irrespeto por la institucionalidad democrática y por el Estado de derecho, es la resistencia a debatir con argumentos lógicos.  El populista y sus seguidores recurren a lo irracional, a lo chocante, a la mentira sin ninguna vergüenza. En El Salvador, el debate sobre diversos temas de interés público demuestra que tratar de discutir con un populista o con sus seguidores más entusiastas es muy parecido a discutir con los miembros de una secta. Solo hay una sola verdad y una sola visión de la realidad, la suya. Esto implica que no importa cuántas veces aportemos evidencia de que un puente no se ha construido o de que no ha habido tantos días con cero homicidios como la versión oficial pregona, los miembros de la secta están dispuestos a defender su verdad y su realidad a pesar de la evidencia en contrario.

Este nivel de convencimiento que lleva a la negación de la verdad mientras no sea la verdad que el líder supremo establece como tal, no se logra del día a la mañana, pero sí tiene sus técnicas. El gobernante populista, generalmente tiene a su servicio un equipo de profesionales de la comunicación que se encargan de “colonizar” las redes sociales y los diversos mecanismos a través de los cuales la mayoría de personas se informan (Cómo Perder un País, Temelkuran, 2019). Su versión de los hechos, su versión de la realidad, sus ideales, son diseminados como polen en el viento a través de miles de cuentas de redes sociales o de “noticieros” en línea, que se encargan de replicar día y noche, hasta el infinito, con la esperanza de que una mentira o una verdad a medias, si se repite el suficiente número de veces se convertirá en verdad.

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El problema se agrava cuando debido a estas estrategias de comunicación y al carisma o poder de convencimiento del líder supremo, sumado al hastío que siente la población con las viejas fórmulas de poder político, muchos de sus seguidores  comienzan a mostrar los mismos comportamientos de “lavado de cerebro” que se han visto en miembros de sectas, quienes se alejan de todos aquellos que no comparten su cosmovisión.  Para los seguidores del populista, o estamos con ellos, o estamos en contra de ellos (The populist Zeitgeist, Mudde, 2004). Si estamos en contra de ellos, nuestra verdad no existe, solo existe la del líder, ya que otra característica de esta nueva tipología de político es que elimina a los intermediarios y se dirige directamente a la población.  Él es el único vocero autorizado, la única verdad. En otros países hemos visto cómo el presidente Maduro logró convencer a una gran parte de la población que el espíritu de Hugo Chávez le hablaba a través de un pajarito y como Erdogan en Turquía, logró convencer a una parte de la población de que había existido un intento de golpe de Estado en su contra, que justificaba muchas de las medidas antidemocráticas que se había visto forzado a adoptar.

En El Salvador estamos presenciando cómo este fenómeno de querer vender lo irracional como racional, lo falso como verdadero, ya comenzó a permear la discusión, sobre todo en redes sociales y cuando los que están acostumbrados a debatir con argumentos lógicos tratan de entrar en la discusión, se ven arrastrados a un terreno desconocido y pantanoso. A pesar de que muchos libros sobre técnicas de investigación indican que para llegar a la verdad, debemos evitar caer en el error de tratar nuestra opinión como hechos y de que científicamente la verdad no es relativa ni subjetiva (Beyond Feelings, Ruggiero, 2011), el populista y sus seguidores prefieren ignorar estas recomendaciones e imponer su verdad alternativa.


Es todo un nuevo mundo en la forma de comunicar basada más en la imagen que en acciones reales, que parece tener hipnotizado a un grupo de la población; sin embargo, si al final no hay hechos concretos que acompañen las imágenes, el castillo de naipes caerá y lo más triste no serán los seguidores defraudados, sino toda la población de este país que necesita soluciones reales a problemas reales.




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