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Editorial & Opinion

¿Por qué importa a quién adoran?

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 7, noviembre 2018 - 12:00 am

Cada persona, según la Constitución, tiene derecho a elegir su religión, tenemos libertad de culto y libertad de pensamiento; sin embargo, en El Salvador, por ahora, el 95 % de sus ciudadanos dice creer en Dios y el 80 % se declara cristiano, ya sea católico o evangélico. Hay que comprender que el Dios en el que se cree es Yahvé o Jehová que es el mismo Dios de los Hebreos, por tanto el 95 % de salvadoreños estamos en la misma sintonía espiritual o en la misma creencia espiritual: un Dios padre, un Dios hijo y un Espíritu Santo.

Entonces ¿qué importancia tiene que un candidato a la presidencia tenga o no tenga una religión y saber cuál es? Basándonos en la estadística y en la institucionalidad, quien gane la presidencia se convierte en representante de los ciudadanos, de todos los ciudadanos y se convertirá en presidente quien esté más cerca de lo que el ciudadano es; por tanto, su religión, su creencia, su fe, su espiritualidad es importante para esos ciudadanos, porque si es diferente habrá un choque de creencias y de visión de las cosas, por tanto una nación dividida.

El Estado es laico, lo que garantiza que ninguna autoridad eclesial determina las decisiones de Estado, que no es éste gobernado por los jerarcas de una u otra organización religiosa sino por un representante del pueblo, bajo la ley de la Constitución; pero ¿puede un hombre separarse de sus creencias, principios y valores? Realmente no y quien lo diga miente.

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Lo que uno cree en el espíritu, en el corazón vive y eso determina el hacer de una persona; bajo esos conceptos espirituales, su carácter y su voluntad tienen límite o restricción. Cuando una persona tiene una religión tiene un dios, tiene una creencia y bajo esa creencia actuará, y por más Estado laico que tengamos, actuará bajo sus principios y formas de ver la realidad, filtrando desde su conciencia; de ahí que si un presidente cree o no cree en los 10 mandamientos tomará decisión; la mentira, por ejemplo, puede llegar a ser no determinante en su marco conceptual y mentirá cuando así considere; pero si cree y respeta esos mandamientos espirituales, podremos creer que no miente y si lo hace al menos tendremos de donde reprochar su actuar.

Los principios y valores son también inherentes al hombre, y devienen de su moral; la moral no es más que la capacidad de definir el bien y el mal; esa moral viene de la religión y hay religiones en las que tener varias esposas no es malo; matar infieles, tampoco; otras en las que se vale mentir “piadosamente”, otras en las que comer cerdo es malo, otras donde recibir transfusiones de sangre es malo o en las que lo bueno signifique encerrarte en un cuarto; las hay hasta para adorar extraterrestres o a Maradona, etc… de ahí que saber lo que adoran los candidatos es importante, saber en qué religión depositan sus creencias también ¿es igual a la mía? ¿Creen y adoran lo mismo que yo? ¿Sirven en determinada iglesia igual que yo? ¿Si llega al poder atacará o apoyara a mi creencia?


Ahora tenemos el grave problema de personas que sin creencia o religión o muy confundidos, imponen sus creencias desde sus cargos, por ejemplo: han convertido la ideología de género en su religión y adoran al dios de “la sexualidad”, porque pareciera que sus vidas giran en torno a permitir cualquier conducta sexual por ley; sus creencias les determinan sus acciones.

En este sentido, es importante que cada candidato nos diga a quién adora, porque lo que adora será su ruta y dirección; que nos diga en lo que cree, porque eso determinará su comportamiento; que nos diga qué religión tiene, para identificarnos o no con lo que hay en su corazón.




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