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Editorial & Opinion

¿Por quién votar el próximo 3 de febrero?

Sherman Calvo / Empresario

viernes 4, enero 2019 - 12:00 am

En mi opinión personal, respetando  el criterio de los demás, son más fuertes los argumentos de aquellos ciudadanos que consideran que la política en sí no es mala; los malos son los hombres que llegan a los cargos  públicos  sin  una verdadera visión y don de servicio.  “Cuando el justo gobierna el pueblo se alegra, mientras que cuando gobierna el impío el pueblo gime”. 

Los candidatos dentro de la actual contienda electoral por la presidencia y vicepresidencia, deben tener presente que: “No es necesario mostrar bellezas a los ciegos, ni decir verdades a los sordos… Basta con no mentir al que te escucha, ni decepcionar al que confió en ti. Las palabras conquistan temporalmente… Pero los hechos… esos si nos ganan o nos pierden para siempre”. Y a nosotros, los electores,  nos corresponde decidir por quién hemos de  votar para que al gobierno lleguen personas capaces, decentes y honestas,  no aquellos que solo buscan satisfacer sus propias necesidades, alimentar su avaricia.

Dicho lo anterior surge la gran pregunta: ¿Por quién votar el próximo 3 de febrero? Hay fórmulas presidenciales que han sobresalido porque vienen defendiendo las causas, valores y principios siguientes: los derechos humanos, el bien común, la libertad religiosa, el bienestar social, la vida y la familia. Por eso, votaré por aquel que no hay que empujarlo, ni decirle que haga las cosas de beneficio para la inmensa mayoría, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hará. Votaré por el que considere honesto y capaz de medir las consecuencias de sus acciones. Votaré por el que tenga el potencial de generar más  trabajo para todos. Votaré por el que le dé la importancia que tiene la decencia y sepa ser correcto y justo en la vida. Votaré por quien me parece sincero y franco, que pueda trabajar con argumentos serenos y razonables a las peticiones de todo un pueblo y no a determinada agenda de partido. Votaré por quien crea en la independencia de los poderes del estado. Votaré por el candidato con principios y valores morales bien arraigados y que, junto a su vicepresidente, sean incapaces de verlos como bienes transables. Votaré por la fórmula que cree en la familia como núcleo natural y fundamental de la sociedad y defienden la vida como valor primordial de toda persona, desde su concepción hasta su muerte natural. Votaré por la fórmula con criterio, que no se avergüence de reconocer que no saben algo o que se equivocaron, y que, al aceptar sus errores, me dan la confianza que se esforzarán genuinamente por no volver a cometerlos. Votaré por los más conciliadores en buscar el diálogo como fuente de entendimiento, de manera constructiva y de frente,  con todos los sectores que deba hacerlo para que El Salvador avance, en paz y progreso. Votaré por los candidatos a la presidencia y vicepresidencia  con decisión y persistencia, por los que han demostrado en la actual campaña no  desfallecer cuando de alcanzar objetivos se trata. Votaré por aquella bandera que lleve a los mejores para cumplir con el deber y la responsabilidad de su cargo, votaré por la bandera que proponga candidatos que promueven los principios y valores apegados a los mandamientos de la ley de Dios. Con candidatos  como ésos me doy por bien retribuido.

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Votar es una oportunidad para promover un buen gobierno. Dejar pasar esa oportunidad, significa permitir a aquellos que denigrarían los principios y valores en el camino de la democracia y la República. Los líderes que elegimos –o no hacemos nada para quitarlos– tienen gran influencia en nuestras libertades.

Ellos pueden escoger proteger nuestros derechos y libertades, o también restringirlos. Ellos pueden dirigir nuestra nación hacia la rectitud o hacia un desastre. En nuestra tierra, cada votante tiene algo de voz para determinar qué leyes deberían controlar la nación. ¿No debería esa influencia y ese voto ser depositado en las urnas a favor de tales cosas, como el derecho a la vida desde su concepción, la libertad religiosa, asuntos morales, virtud, libertad de expresión, justicia y honestidad? En otras palabras, esos factores o asuntos que tenderán a mejorar la vida en sociedad. ¿Por qué no votar por sus convicciones? Seguramente no hay nada malo en esto. Los que creemos en el bien común, debemos ponernos de pie y seguir nuestro mandato de cumplir con nuestros deberes cívicos, pero razonando bien nuestro voto.





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