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Editorial & Opinion

¿Qué decisiones se esperan del futuro gobierno?

Dr. Francisco José Ferman / Colaborador

martes 16, abril 2019 - 12:00 am

Con un plan de gobierno, cuyo contenido y alcances, aún no revela el presidente electo Nayib Bukele, se cumple el aforismo popular de que la falta de información fidedigna, engendra especulaciones, rumores. Especulación llama la Real Academia de la Lengua, al acto de reflexionar e incluso opinar con escaso conocimiento de las cosas.

Así pues, aprovechemos la oportunidad que el silencio del futuro gobernante nos da, para especular un poco teniendo a la vista los signos, gestos y actitudes mostrados por Bukele en su reciente gestión política.

Cuando este último aún no puede ser juzgado por sus actos presidenciales, es lícito analizarlo por sus antecedentes personales, gestos, actitudes y otros signos de su conducta. Por analogía, con otros gobernantes iberoamericanos uno se pregunta, ¿cómo irá a comportarse en el ejercicio futuro de la primera magistratura del país. El gobierno no es una entidad abstracta que pueda prescindir de la realidad de las cosas, en consecuencia, se esperaría una conducta del futuro mandatario que revele abiertamente su actitud ante la realidad nacional y no sólo arrojar especies, rumores y otros fuegos artificiales para distraer la atención pública de problemas mayores.

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AMLO, para el caso, cuando aún no se le conoce un plan concreto de gobierno, lanza la exigencia al rey de España, Felipe VI, de pedir disculpas al pueblo mejicano por las supuestas atrocidades de los españoles durante la conquista y la colonización. Salta a la vista que esto no es más que una maniobra que persigue distraer la opinión pública mejicana de otros problemas reales, como el desempleo, las relaciones con su vecino estadounidense, la inmigración ilegal, la producción petrolera deficitaria y otros similares. Los “fabricachistes” mejicanos dicen: “AMLO prometió en su campaña que iba a investigar y castigar delitos cometidos por los gobiernos anteriores, pero nadie esperaba que iba a comenzar con Hernán Cortés…” Fresca está en la memoria popular las alarmas de la “marea roja” que empleó el duartismo y la reforma de pensiones del FMLN,

Veamos algo similar en El Salvador: Nayib arranca obligando a los diputados a aprobar la ceremonia de investidura presidencial en la plaza Barrios, para demostrar, según él, que gobernará de cara al pueblo; esta idea, nada nueva, ya la explotó hasta extremos vomitivos el FMLN, con su lema “Gobernando con el pueblo…”, durante las patéticas jornadas del “Buen Vivir”, en municipios del interior de la República. Esto no debe mover a la risa, por el contrario, debe preocupar ya que podría ser la sombra del fantasma autocrático.


Otra cosa que preocupa a los salvadoreños es cómo la futura administración va a servir a los legítimos intereses de la sociedad. ¿Dará cuotas de poder a grupos de presión, a socios políticos, a amigotes, al chofer y al cobrador de la camioneta partidista que le sirvió de transporte hacia la presidencia?

¿A quiénes asignará para que conduzcan la seguridad pública, el desarrollo económico del país, la defensa de la soberanía nacional; la salud, la educación, el gasto público y la política exterior del Estado? Esto último es de capital importancia ya que Nayib ha anticipado su razonable repudio a los gobiernos de Venezuela, Nicaragua y Honduras, mientras nada dice sobre Cuba que mantiene un contingente de diplomados en salud –ejerciendo como “médicos”–, así como entrenadores deportivos y otros.

Si bien Nayib promete mejorar el acercamiento con Estados Unidos, como tradicional socio estratégico, lo cual alienta a millones de salvadoreños legales e ilegales en ese país. Las relaciones de El Salvador con China Continental, y una posible continuidad del intercambio con China Taiwán, Nayib mantiene una dudosa actitud que genera incertidumbre en importantes sectores económicos nacionales, para el caso, el sector cañero que genera miles de empleos y divisas para El Salvador. De igual manera preocupa su falta de tacto y experiencia políticos, al ver cómo actúa instintivamente, fuera de protocolos y leyes vigentes. Esto puede superarse mediante el nombramiento de colaboradores, ministros de Estado y otros funcionarios especializados para asesorarlo, toda vez que él esté dispuesto a escucharles y actuar de conformidad con criterios sensatos.

Reiteramos que estas configuraciones inherentes al poder político y otros conceptos aquí expuestos son sólo el producto de la falta de información y definición de los planes de la próxima administración pública; obedecen, igualmente, a presuntos actos extravagantes del pasado que podrían proyectar la imagen de un gobierno desorientado proclive a equivocarse en delicadas materias del Estado.




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