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Editorial & Opinion

Quitar impuestos es bueno

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 5, diciembre 2018 - 12:00 am

Los niños a temprana edad aprenden a diferenciar lo malo de lo bueno. Los cuentos infantiles les ayudan a comprender, para el caso que el lobo feroz es el malo y la caperucita roja es la buena.

Con frecuencia se considera que pagar impuestos es malo, y que lo bueno es quitarlos, pues “al disminuir tributos se alivia el bolsillo a los salvadoreños y se contribuye a que las familias vivan mejor”. Suena bien, verdad.

Pero la realidad es más complicada que simplificar todo a bueno-malo. Para empezar, los impuestos son la fuente primaria de los ingresos del gobierno; sin el dinero recaudado por los impuestos que pagan los ciudadanos, el gobierno simplemente no puede funcionar, no hay dinero para el gasto corriente.

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Con el dinero de los impuestos se financia la seguridad, la Policía Nacional Civil, se compran las medicinas para los hospitales, se invierte en educación, se pagan los sueldos de los maestros, y se puedan alcanzar los objetivos de un país educado.

Definitivamente los impuestos son un instrumento de desarrollo: La política tributaria debe desempeñar un papel importante en la redistribución de la riqueza dentro de una economía. Con el dinero recaudado por los impuestos se pueden impulsar programas para enfrentar la pobreza y la desigualdad.


En un país sin política monetaria aumenta la importancia de la política fiscal como instrumento para estimular el crecimiento económico. Un gobierno que depende de los impuestos necesita administrarlos bien, y debe recaudarlos de forma fiable; los gobiernos necesitan servicios tributarios eficientes, responsables y honestos, donde el Ministerio de Hacienda sea efectivo para combatir la evasión y la elusión fiscal.

La Comisión Económica para América Latina la CEPAL, considera que la política fiscal debe estar al servicio del crecimiento económico sostenido e inclusivo, pero sucede que “la recaudación tributaria sigue siendo insuficiente y sesgada a impuestos regresivos”, hablar de preservar el gasto social, mejorar la calidad de los servicios públicos supone un pacto fiscal.

El Salvador necesita un sistema tributario progresivo, lo que significa que los que tienen ingresos más altos paguen mayores impuestos como porcentaje de sus ingresos que los que tienen ingresos más bajos.

El impuesto al consumo, el IVA es un impuesto regresivo y las personas pobres gastan un porcentaje mucho mayor de sus ingresos mínimos en la compra de bienes y servicios gravados con estos impuestos que los que tienen grandes ingresos disponibles.

Si un país quiere salir adelante debe tener un acuerdo fiscal, claro, en medio de la campaña electoral, es imposible que los candidatos hablen de Acuerdos de País. Hablan de que van a ganar la elección.

Señores candidatos, El Salvador no dispone de otra fuente importante de recursos financieros para sufragar sus políticas de gasto, más que el establecimiento de impuestos a la población. No se vale jugar con este tema.

Lo que necesita el país es un pacto fiscal entendido como un contrato en que los ciudadanos se comprometen a pagar impuestos a cambio de servicios de calidad suministrados por el gobierno. Es un acuerdo sobre el monto, origen y destino de los recursos que requiere el gobierno, para funcionar sujeto a transparencia y rendición de cuentas para asegurar su cumplimiento.

Los aspectos que debe tener un acuerdo son, según el ICEFI: a) transparencia que acerque y legitime el quehacer de la administración pública frente a los ciudadanos; b) gasto público que garantice el bienestar de las y los salvadoreños; c) ingresos públicos recaudados con simplicidad, efectividad y progresividad; d) una deuda pública sostenible, con un sistema previsional efectivo al alcance de todas las personas.

Cuando la deuda pública total de El Salvador es de $18,372.2 millones y representa el 74.1 % del PIB no hay vuelta de hoja; que la realidad económica del país nos va a llevar a la necesidad de negociar un acuerdo fiscal esto no tiene discusión.

Si un candidato quiere ganar las elecciones, sin duda en su discurso va a prometer que no va a poner nuevos impuestos, ni a aumentar los que ya existen y si quiere hacer todavía más atractiva su propuesta puede prometer que va a eliminar varios. En campaña electoral prometer no empobrece.

Pero los candidatos no deben olvidar que no son ellos los que pueden poner o quitar impuestos: La Constitución de la República de El Salvador, en el numeral 6, artículo 131, establece que corresponde a la Asamblea Legislativa «Decretar impuestos, tasas y demás contribuciones sobre toda clase de bienes, servicios e ingresos, en relación equitativa.




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