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Editorial & Opinion

Riesgos de apoyar populistas

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

jueves 6, diciembre 2018 - 12:00 am

Estamos los salvadoreños en la recta final de las elecciones presidenciales. Menos de 70 días calendario transcurren con rapidez, para que más de dos millones de ciudadanos aptos acudamos el domingo 3 de febrero entrante, a ejercer el derecho y el deber de votar por quien consideremos que sea el próximo mandatario del país.

Esto significa que para las próximas semanas, se impondrá en la conciencia cívica de todos nosotros, como electores responsables, la necesidad de efectuar un serio análisis no solo sobre los candidatos, sino también de las propuestas de acción estatal, que a lo largo de la campaña han expuesto que efectuarán, caso de ganar la primera magistratura estatal. A mi juicio personal, este análisis debe constituir uno de los puntos esenciales de la ciudadanía, pues de los resultados en las urnas de votación, dependerá que continuemos avanzando en la ruta de la democratización y el desarrollo integral o que, por el contrario, retrocedamos a etapas, por ahora superadas, a base de cruentos sacrificios y tragedias que es preciso no volver a repetir.

Precisamente, motivado por esta preocupación ciudadana, considero como una obligación moral en el campo de la opinión pública, aprovechar este espacio para referirme, en forma breve, al tema del surgimiento en el escenario político actual, a la campaña y difusión de un determinado partido cuyo candidato demuestra claras y evidentes muestras de lo que en la jerga política se denomina “populismo”, cuyo aspecto más sobresaliente es que no presenta siquiera un plan concreto de realización gubernamental, como hace el resto de candidatos. Para los entendidos en Politología, es conocido que el populismo, en esencia, se trata de una forma habilidosa de estrategia política y no de una planificación de realizaciones estatales.

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Ciertamente, un candidato o partido populista, siempre hacen propuestas “muy atractivas”, sin un sustento de factibilidad específica, pero que llevan implícitos componentes manipuladores y demagógicos, ofreciendo soluciones falsas a los problemas reales del país, bajo el disfraz o la máscara sonriente de que se trata de “nuevas ideas”, que se apartan completamente de otras propuestas en similares campañas. Por supuesto, es una forma engañosa de ofrecer promesas, porque nunca presentan proyectos presupuestarios de cómo las van a pagar o subvencionar. La otra característica de los populistas es que toda su propaganda electoral no gira en propuestas concretas, como queda dicho, sino centrada en la figura o carisma de “su líder”, del que nunca se cansan de pregonar y ensalzar, por todos los medios y ámbitos, que se trata del “único capaz” de hacer progreso y llevar el bienestar a las mayorías y quien, a su vez, ni tardo ni perezoso, aprovecha cualquier situación para decirle al pueblo aquello que artificiosamente sabe que le gusta escuchar.

Promesas de engrandecimiento general, pero sin decirle el cómo las va a lograr. Líderes populistas de izquierda lo fueron Chávez en Venezuela, o Lula en Brasil, quienes demostraron ser individuos astutos, aunque carecieran de una suficiente y aceptable instrucción académica, tal y como estamos observando en el caso salvadoreño. Son individuos que dependen de su habilidad en manifestar sus argucias personales, tan sutiles y falaces que son capaces de esconder su intención manipuladora, la cual surge hasta después que son elegidos y llegan al gobierno.


Entretanto, mientras son candidatos, hablan de muchos anhelos y beneficios sociales, pero sin planes o soluciones concretas y adecuadamente elaboradas, por lo que no pueden considerarse como planes creíbles para dar efectiva solución a los problemas de una nación.

Diversos politólogos coinciden en afirmar que los populistas parecen compartir ciertas actitudes conductuales o manifestaciones similares, rasgos que los ponen en evidencia, a la vista de una ciudadanía analizadora y que no se entusiasma con los “cantos de sirena” que ellos dejan escuchar, como afirmar la gratuidad masiva de servicios estatales, pero sin mencionar cómo los van a pagar; suelen presentarse en eventos, lugares o situaciones donde se congregan muchas personas, aunque éstas no sean seguidoras o simpatizantes; son incansables en afirmar que aquellos que no les apoyan, son “los mismos de siempre” o antipatriotas; finalmente, siempre atribuyen que los problemas del país se deben a supuestas injerencias sucias, tanto internas, como externas, etcétera.




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