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Editorial & Opinion

Saber vengarse

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

miércoles 26, septiembre 2018 - 12:00 am

Los criminales viven entre nosotros. ¿Qué hacemos para defendernos? Al parecer muy poco.

La prevención es una bonita palabra que adorna los documentos, nada más. Las circunstancias en las que se crea y construye la mente criminal están allí.

Sin contar los problemas mentales, la producción anormal de neurotransmisores que hace que algunas personas, con el mínimo de estimulación, sean propensas al delito. Con esto me refiero a la pandemia de feminicidios. Este triste y desgarrador fenómeno social ha crecido y lo peor es que deja tantos huérfanos desprotegidos.

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Los que tienden con facilidad al delito y los criminales consumados no son iguales a nosotros, no son ni nuestros hermanos espirituales ni nuestros compatriotas. Son monstruos con forma humana. La sensiblería es una tara para la sociedad. Querer perdonar anticipadamente a quien no lo merece o, peor aún, a quien ha cometido un delito, es casi un acto de complicidad.

No hay religión ni filosofía que esté estructurada para que los que no delinquimos tengamos que soportar y dejarnos de aquellos que nos hacen daño al nivel más alto: ladrones, violadores, asesinos, hasta conductores temerarios, endrogados, embrutecidos.


Son los enemigos declarados en esta guerra. ¡Si! Hoy las guerras no son entre países, ni siquiera entre bandos civiles armados, sino que son entre la gente honesta, común, normal, contra quienes como sanguijuelas de todo tipo, en diferentes formas y modalidades, quieren chupar nuestra savia y poseer lo que tenemos: libertad, patrimonio, sexualidad, vida, dignidad.

Ojalá fuera un mundo paralelo, pero no, es la cizaña que se enreda en el árbol bueno. Son la antípoda de nuestro estilo de vida, de nuestros principios, pero viven entre nosotros y se alimentan también de nosotros.

El mundo de ellos, sus organizaciones no formalizadas o las bandas que sí lo están cuando son asociaciones ilícitas, se maneja con misión, visión, valores, decálogos contrapuestos a los nuestros, y sus planes operativos son dañinos, simplemente. Crean sus códigos de obligaciones y derechos totalmente diferentes y en su ejecución nos hacen daño.

Para ellos la cosa va más o menos así: tenés derecho a todo, solo se respeta al grupo, tenés que corromper a las autoridades y aliarte a ellos si es posible, y si no lo es, elimínalos; podés hacer daño sin temor a pecado, sin arrepentirse; podés violar, robar, matar. Todo te está permitido. Y entre más daño y dolor se ocasione, es mucho mejor.

Son soldados del Diablo, miembros activos del ejército de Satanás. Desde rateros de transporte público hasta grandes capos, muchos de ellos dentro de la política.

¿Qué hacemos con esta gente?

Por lo menos, en primer lugar, darnos cuenta que el sistema con el cual estamos tratando de combatirlos no nos funciona. Van creciendo en número y maldad cada vez más y más, y apoderándose de más espacios.

En segundo lugar, aceptado lo anterior, hay que compartir experiencias que han tenido éxito, pero no como se hizo con Giuliani, a quien se le escuchó, pero de poner en práctica su experiencia, nada.

En tercer lugar, la modificación de la ley, la creación de las estructuras, la capacitación del personal, el involucramiento de la sociedad, así como nos enteramos que la jurisdicción ordinaria no bastaba, que ya no era la solución al problema de la delincuencia y se crearon los tribunales especializados, así mismo, ¡no es nada nuevo!, hay que crear una nueva mega estructura para combatir a los delincuentes de todo tipo antes que, como la peste que son, nos hagan naufragar como nación.




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