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Samuelito: entre la esperanza y la pobreza

Roxana Lemus

domingo 24, marzo 2019 - 11:00 pm

El niño es dializado dos veces a la semana durante 24 horas en el hospital Bloom. Foto DEM-Wilson Urbina

Entre juegos y escuela pasaba la vida el pequeño Samuel Carpio. Sus días transcurrían con normalidad hasta que dejó de comer, caminaba decaído, nada le gustaba y, sin ingerir alimentos, comenzó a vomitar. Sus padres creían que a él le faltaban vitaminas, lo llevaron al Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) a inicios de año, pero le dejaron cita hasta el 3 de marzo; el estado de salud y anímico del infante los llevó a consultar en una clínica en la ciudad de Suchitoto, de donde extendieron una referencia de emergencia al Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom.

“No me lo quisieron recibir (en la torre del Bloom), me lo mandaron al anexo, a una consulta normal. Cuando la enfermera ve los exámenes y me dice ‘levánteme a Samuelito’, yo se lo levanto y ella me manda de emergencia de nuevo a la torre. Ahí le comienzan a hacer exámenes rápidamente, ultras y placas de los riñones, eso fue un día jueves, el día viernes llegó la doctora con todos los exámenes”, recuerda María Magdalena Umaña, madre del menor.

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Fue algo que (los médicos) pudieron evitar. Hay tratamientos que se les ponen para que los riñones maduren”
María Magdalena Umaña
Mamá de Samuelito

El diagnóstico: insuficiencia renal crónica. “Le hicieron transfusiones de sangre, la hemoglobina la llevaba a cuatro. Es un diagnóstico duro, yo veo a mi esposo y me dice ‘nunca voy a terminar de asimilar esto’. Es complicado. Él está ahí y eso es lo que a uno le da ánimo”, afirma Umaña mientras mira a su hijo y solloza.


Al niño lo ingresaron inmediatamente, le pusieron suero y lo estabilizaron. Sus días de juego y escuela cambiaron por su permanencia en el hospital. Samuelito vive con su hermano y sus padres en la comunidad Sitio Nuevo, de Suchitoto. Desde ahí, viaja durante la semana para ser dializado en el Bloom. Su madre es ama de casa; su padre, Manuel Carpio, trabaja en una alcaldía. La familia Carpio Umaña sobrevive con un salario.

Tras el diagnóstico, el padre se sometió a exámenes para saber si puede o no donarle un riñón a su hijo. La respuesta fue positiva. ¿El problema? El niño debe someterse a un tratamiento que cuesta $10 mil (previo a la cirugía) e ingresar a una lista de espera. 112 niños ya se encuentran en la nómina.

“Para que él pueda ingresar a la lista de espera se tiene que contar con ese dinero. Hay niños que de repente tienen la fecha del trasplante de riñón, pero se les sube la presión o han adquirido una bacteria y ya no pueden ingresar al quirófano”, detalla Umaña.

Samuelito cursaba primer grado en el complejo Educativo Dr. Guillermo Manuel Ungo, en la comunidad Sitio Nuevo, Suchitoto. Foto DEM-Wilson Urbina

Samuelito no ha ingresado a la nómina, sus papás no tienen el dinero. El tiempo avanza y sus riñones se vienen a menos.

Cuando fue diagnosticado con insuficiencia renal crónica, “los doctores buscaron todo para ver si era congénito, pero descubrieron que no”.

“Él nació con los riñones pequeños, nació de 37 semanas en el Seguro, como lo vieron con peso normal, tamaño normal, ellos dedujeron que el niño venía bien y no le hicieron los exámenes ni una ultra para ver que sus riñones no estaban del todo formados; entonces, con el tiempo, en vez de que los riñones se terminaran de desarrollar a él se le fueron encogiendo”, asegura Umaña.

“Los doctores me dicen ‘vos pelá una naranja y déjala ahí a que le pegue el aire, dos semanas después vas a ver esa naranja seca’, entonces eso fue lo que pasó con él.

“Fue algo que (los médicos) pudieron evitar. Hay tratamientos que se les ponen para que los riñones maduren”, agrega.

El pequeño no puede recibir tratamiento en el ISSS porque esta institución no tiene nefrólogos pediatras. Foto DEM-Wilson Urbina

Ahora su condición no es reversible. Sus días de aprender a leer y escribir en el Complejo Educativo Dr. Guillermo Manuel Ungo, donde cursaba primer grado, terminaron en febrero pasado cuando comenzó a aprender sobre su enfermedad.

“Tiene un catéter en su cuerpo para las diálisis. Si usted le pregunta, él sabe bien lo que tiene, sabe para qué es su catéter y le cuenta bien normal”, precisa Umaña.

El detalle es que el hospital Bloom solo hace dos cirugías de trasplante de riñón al año. “Supuestamente no hay recursos para hacer más operaciones. Son operaciones que el quirófano se lava 15 días consecutivos para meter a los niños. Tienen que eliminar todas las bacterias porque el riñón queda expuesto, si hay una bacteria en el quirófano y entra al riñón lo puede matar. Es una operación complicadísima”, lamenta.

Mientras Samuelito espera por convertirse en el número113 de la lista de espera del hospital Bloom, debe ser dializado dos días a la semana durante 24 horas y tomar diariamente diferentes medicamentos, “muchos de ellos no los tiene el hospital y toca conseguirlos o comprarlos afuera”.

Listado de medicamentos que no tienen el Hospital Bloom: Terazosin 5 miligramos, Enalapril, Propanolol, Intrafer, Verolax, Bicarbonato de sodio. Foto DEM-Wilson Urbina

Entre los fármacos se encuentra la Terazosin de 5 miligramos, Enalapril y Propanolol (para controlar su presión arterial), Intrafer (hierro), Verolax (laxante), y Bicarbonato de sodio (para el movimiento de sus músculos).

El pasado 28 de febrero Diario El Mundo consultó con el área de Comunicaciones del hospital Bloom para solicitar una entrevista sobre el caso de Samuelito, la respuesta fue que se enviara una carta dirigida al doctor Héctor Lara, subdirector del hospital. Este matutino envió la carta, pero no recibió respuesta. Nadie brindó detalles sobre el diagnóstico y el tratamiento del niño ni desvirtuó la carencia de medicamentos para tratar a los menores con insuficiencia renal crónica.

En tanto, la vida de Samuelito se mueve entre el péndulo de la pobreza y la esperanza de, algún día, sus padres puedan recolectar el dinero para recibir su trasplante.

 




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