Editorial & Opinion

Santa existe, yo me lo encontré

Hugo Aníbal Dávila / Sacerdote católico, Doctor en Teología de la historia @alivadoguh

sábado 21, diciembre 2019 - 12:00 am

Sí. Santa Existe. Yo me lo encontré, y de eso trata este artículo.

Hace unas semanas, vi una de la muchas películas de Navidad que han salido a luz estas Navidades. Se llama Noelle (2019). Narra la historia de Noelle, hija del mismísimo Santa —el del Polo Norte—, y su hermano, que no tiene mucho éxito como heredero de Santa. La traigo a colación porque creo que facilita hablar de Santa, del verdadero Santa.

Dentro de la cinta, en un momento de angustia para el Polo Norte, Noelle dirige estas palabras que no tienen desperdicio: “Sé que la Navidad no resuelve todos nuestros problemas. Pero nos da esperanza. Nos inspira a ser buenos. Eso podría no parecer mucho, pero cuando alguien está triste o sólo, puede ser lo más importante. Y los regalos son parte de eso. Me gustan los regalos como a cualquiera. Pero ahora, creo que no se trata sólo de los regalos que recibimos. Se trata de los regalos que damos. Los regalos de amor y comprensión”.

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Cuando hablamos de Santa, no se trata sólo del hombre robusto vestido de abrigo rojo que viaja en trineo y baja por las chimeneas. Hablamos de una personificación accesible a todos, creyentes o no, del espíritu de la Navidad.

En el siglo IV, en la región de Mira, vivió un obispo llamado Nicolás, que murió con fama de santidad. Años más tarde, sus restos fueron trasladados a Bari (Italia) y de ahí se le comenzó a llamar Nicolás de Bari. Se le recuerda por su benevolencia hacia los desamparados y por repartir obsequios a los niños. Su devoción se extendió por todo el medioevo, llegando a ser uno de los santos con más iglesias dedicadas a su devoción. Según las regiones, su nombre e indumentaria se fue adecuando a las costumbres del lugar: Papá Noel en Francia, Santa Klaus en Alemania, etc.


La mayoría de culturas europeas cuenta con personajes míticos asociados al espíritu de la Navidad. Algunos, vinculados con San Nicolás, otros no, como la Befana en Italia; el Tió, un tronco al que se golpea para que dé regalos, en la zona de Cataluña, España; o Father Christmas en Inglaterra. Este último, nos interesa para nuestro artículo, pues es el predecesor de lo que ahora conocemos como Santa Claus o Santa a secas.

Fue en Estados Unidos donde se fusionó la figura de San Nicolás con la de Father Christmas, a quien se le representaba como un gordo bonachón con indumentaria verde; y fue en 1863 cuando el dibujante Thomas Nast (1840-1902) presentó la figura de San Nicolás (Father Christmas americano) vestido de rojo y blanco. El resto de la leyenda sobre Santa, la forjó un cuento en verso de Clement Clarke Moore, donde se inmortalizaron los renos, las chimeneas y otras cosas más tan características del mito actual. Todo un personaje más allá del uso que se haga en publicidad de bebidas o para fines comerciales.

A la larga, sin importar si llega o no en trineo tirado por renos, Santa sigue llegando a los hogares de los niños del todo el mundo. Allá donde haya un padre, un hermano o un amigo que se dé a los demás, sea con un juguete, o con su ayuda, ahí está Santa; ahí está el espíritu de la Navidad presente de una forma asequible a su credo.

Yo he conocido muchos Santas. Algunos de barbas y barriga más postizos que otros, pero Santas al fin y al cabo. Unos, que visten así para ganar unos céntimos más para su familia; otros, para sacar unas sonrisas a unos niños pobres durante una celebración Navideña en medio de la nada.




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