Editorial & Opinion

Seguridad pública en duda

Rafael Domínguez / Periodista

jueves 18, julio 2019 - 12:00 am

Pensar que la seguridad pública tendrá mejoría por esconder cifras de muertos o minimizar la situación de los desaparecidos es creer que la solución a todo comienza desde la percepción, lamentablemente creo que no todo es percepción y aunque ésta se vuelva positiva no tardara mucho tiempo para que se encuentre con la realidad.

El problema de seguridad pública es un todo formado por partes, estas partes tienen que ver con la delincuencia común, control territorial por las pandillas, extorsiones, violencia familiar, adicciones, desorden vehicular, falta de valores, narcotráfico, trata de personas, violencia sexual, etc. No todo es un solo enemigo a vencer, pero todo es el enemigo a vencer, por ello cuando se trata de personalizar en una sola idea la causa del ambiente delincuencial como realidad, ésta se vuelve pronto muy difusa.

Desde el gobierno anterior y el anterior y el anterior y el anterior se nos ha tratado de hacer ver la delincuencia y violencia como un fenómeno exclusivo de las pandillas, pareciera que todo está vinculado o relacionado a ellos y que con presionarles, capturarles, desarticularles el país pronto será un paraíso y todo florecerá sin mayores problemas. Creo que de seguir este enfoque pronto volveremos a la frustración de ver morir a más personas en las calles; aunque los medios y las cifras oficiales coincidieran en no contarlos, siempre habrá un luto en las familias y no se podrá ocultar la realidad.

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Es cierto que las pandillas tienen gran parte de responsabilidad y relación con hechos de violencia pero no son exclusivos, la violencia en una cantina viralizada en redes no era entre pandilleros, el que asesinó a su esposa en su casa tampoco es cosa de pandillas, la violación de varias mujeres en un autobús en la zona de El Congo era un robo que se convirtió en un delito más grave, es decir, que no solo deberíamos tener una campaña contra maras y pandillas, es una realidad mucho más amplia que no puede detenerse solo poniéndonos a todos a pensar en que al desarmar las pandillas se acabaron los problemas.

No puedo decir que lo que se hace es malo, más bien quiero decir que no es suficiente y que el enfoque simplista tampoco creo nos dejará muy satisfechos, espero equivocarme pero en esto el histórico puede bastante y los hechos del pasado desde la mano dura a la amiga e inteligente enfocada en pandillas, no ha dado los frutos esperados.


Si el presidente quiere contarse a sí mismo los cuentos de éxito está bien, si pretende que las cifras no salgan a luz para colgarse medallas en los 100 días está bien, pero tarde o temprano la situación nos dará luz inequívoca, la misma luz que nos ha dado en los últimos 20 años con resultados que se vencen a sí mismos.

Luchar contra la gran pérdida de valores y la destrucción familiar no es una lucha que se ganará únicamente declarando en emergencia los centros penales, sino pensando en declarar en emergencia el sistema educativo y la familia misma, buscando apuntalar los principios y valores que nos lleven a reconstruir el tejido social, dicho sea de paso tampoco es solo un problema de pobreza.

Espero que las fases 3 y 4 del plan nos den más luces sobre la amplitud de la solución planteada y agregue elementos sobre estas partes tan importantes; por ahora, el hecho de cerrar información, restringir cifras, aumentar el ejército y el reclutamiento, disminuir la visibilidad del Director de la PNC y darle visibilidad al Ministro de Defensa, aumentar la anarquía institucional en centros penales y decir que los mareros solo tienen cárcel o cementerio me parece una apuesta no muy distinta a todo lo hasta hoy hecho, y aunque quisiera que fuera así de sencillo sé que no lo es y por ello espero que lo que falta del plan mejore la claridad de la apuesta, por hoy todavía tengo mis dudas.




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