Editorial & Opinion

¿Seremos capaces de reconocer el valor del empresario?

Sherman Calvo / Empresario

viernes 28, junio 2019 - 12:00 am

Ser empresario significa tomar acciones humanas, creativas y rentables para construir algo de valor, en muchos casos a partir de prácticamente nada.

De autoría desconocida, siempre he tenido presente este ideario alrededor de lo que es ser empresario: “Yo no conozco empresario que viva tranquilo, que tenga buen dormir; no conozco un empresario con su industria en crecimiento que lleve una vida plácida y feliz. El manejo de las empresas es un arte difícil, muy duro y para hombres muy hombres, porque al empresario se le reprocha dentro de sus consejos; en el esfuerzo social para que cumpla normas y estándares de calidad; se le reprocha el forcejeo en las negociaciones obrero-patronales; se le reprocha para que baje precios y pague más impuestos; se le reprocha para que no agote su paciencia, ni fuerza de resistencia y no venda a un competidor extranjero; se le reprocha que no vaya al paso de la tecnología; se le reprocha que tenga dinero y se le reprocha que no tenga el suficiente capital para ser el mejor empresario del mundo; se le reprocha que no crezca al ritmo de la imaginación de la gente que no sabe de industrias ni de empresas. Al empresario, de quien no se admiten fallas o errores, generalmente se le atribuyen una serie de abusos y deméritos, que, lejos de clarificar la comprensión de su papel en la sociedad, enturbian su comprensión incluso con las más terribles maquinaciones. A lo largo de mi carrera, he visto empresarios retirarse en sesiones de consejo de administración, después de muchos años de servir a sus empresas, casi con conciencia de culpa por no haber satisfecho las exigencias de diferentes sectores de la empresa y su entorno”.

Hacerse empresario es escoger una profesión difícil e ingrata, donde los ataques pueden provenir tanto desde la más clara objetividad como desde el más oscuro resentimiento social. El Salvador necesita empresarios. Requerimos muchos buenos empresarios. El Estado tiene que ayudar a formarlos, a defenderlos, a mejorarlos y hacerlos pilares del desarrollo económico-social, porque los empresarios son indispensables en la creación de centros de trabajo y de producción.

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Los empresarios, a través de las fábricas, de los centros de trabajo, son los mejores vehículos para redistribuir la riqueza. Las empresas son el mejor instrumento para hacer justicia social, y las empresas son la mejor garantía, también, para que los países progresen y se desarrollen equilibrada y democráticamente. Como lo expresa el Doctor y MBA uruguayo, Carlos Lázaro: “No existe escuela que pueda enseñar el ingenio ni la individualidad. No puede enseñar la forma en que trabaja una mente o una personalidad. No se pueden enseñar en un aula las lecciones aprendidas al comenzar una compañía a partir de nada”. Aunque algunas personas alegan que los empresarios “nacen” con la personalidad idónea para ello y otras insisten en que es posible enseñar a cualquier persona a ser emprendedora.

Independientemente de que las aptitudes existan al nacer o se desarrollen conforme madura la persona, ciertas cualidades suelen ser evidentes en los empresarios de éxito. El empresario debe tener más que un interés casual en el negocio, porque habrá muchos obstáculos y problemas que vencer. Si no tiene la pasión o un interés que lo consuma, el negocio no tendrá éxito. Deben vencerse obstáculos y problemas.


El empresario deber ser persistente y no declararse vencido con facilidad. Se ha dicho que “los empresarios de éxito no tienen fracasos, sino experiencias de aprendizaje”. Los empresarios tienen confianza en sus habilidades y en el concepto de negocios. Todos los libros sobre empresariado reconocen la importancia de la automotivación y autodeterminación para el éxito de los negocios. La autodeterminación es una señal crucial del empresario de éxito, porque éste actúa por voluntad propia.

El empresario cree que su éxito o su fracaso depende de sus propias acciones. Para el público en general, es frecuente que el cambio sea algo aterrador y que se debe evitar. Sin embargo, los emprendedores ven el cambio como normal y necesario. Buscan el cambio, responden a éste y lo explotan como una oportunidad, siendo esta explotación del cambio la base de la innovación. Cada proyecto es una angustia; cada empresa es un centro de conflicto. Pero cada proyecto es un reto, y cada empresa es una responsabilidad.

Ojalá haya en El Salvador más y más buenos empresarios, entendiendo que, no hay naciones más productivas que otras, solo hay gobiernos, leyes y sistemas económicos que promueven mejor la productividad y el progreso.




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