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Editorial & Opinion

Si 2 millones fueron recibidos con los brazos abiertos ¿por qué no 7 mil?

Rubén I. Zamora / Abogado, político y diplomático

martes 4, diciembre 2018 - 12:00 am

En 1980, Fidel Castro dijo públicamente que quien quisiera irse de Cuba podía hacerlo y en materia de días, más de 125,000 cubanos abandonaron su patria hacia los EE.UU. usando el puerto de Marielos y conocidos como los “marielitos”; ésta fue la migración masiva más grande en América Latina en el siglo XX, pero para el caso cubano no fue ni la primera ni la última, antes la operación ”Peter Pan” de 1960 al 62 había traslado más de 14,000 niños de seis a 17 años desde la isla a territorio norteamericano y de diciembre de 1965 a principios de 1973, bajo las administraciones de Johnson y Nixon, los dos vuelos diarios “Freedom Fligths” (Vuelos de la Libertad)  trasladaron 265,297 seres humanos; en total, más de dos millones y medio de cubanos han emigrado, el 80 % a EE.UU., amparados por leyes norteamericanas que les daba derecho a empezar a trabajar, subsidios sociales y la posibilidad de adquirir ciudadanía con mayor facilidad.

Lo anterior se realizó durante administraciones republicanas y demócratas, con el argumento de que EE.UU. era el defensor de la libertad y seguridad de todos los seres humanos y de presentarlo como un país acogedor de inmigrantes, eran los tiempos de la guerra fría y EE.UU. era capaz de absorber y acomodar a millones, ahora, frente a 7000 centroamericanos víctimas de la inseguridad y de la falta de oportunidades en sus países los declara un atentado contra la seguridad nacional y llama al ejército y a la Guardia Nacional a defender esa amenazante caravana compuesta de unos pocos miles de hombres, mujeres y niños desarmados. La pregunta que inmediatamente aparece es ¿Por qué este cambio de actitud?

Bajo el gobierno de Trump las cosas son distintas: la administración del presidente republicano, califica a los migrantes como violentos, delincuentes y parásitos, ya no hay puertas abiertas para los perseguidos y desvalidos, sino que pretende erigir un muro para impedirles entrar, la migración ya no es un plus para la economía, sino una amenaza a la seguridad nacional…excepto para los noruegos.

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¿Será que la migración genera inseguridad a los norteamericanos? Creo que hay algo de esto, pues hasta hace pocos años, la apertura a la migración era una necesidad y se componía de europeos blancos y no latinos y en el caso de los cubanos, porque se encuadraba claramente en la lucha anticomunista de la guerra fría; hoy los inmigrantes son latinos y asiáticos, antes el futuro de la mayoría blanca se daba por sentado, pero hoy los blancos enfrentan el hecho que en un par de décadas van a ser minoría frente a los latinos, afroamericanos y asiáticos y eso produce inseguridad en un grupo poblacional.

Una importante porción de los norteamericanos blancos se sienten amenazados por la migración y si bien ésta no es la única causa ni la más importante para explicar el fenómeno, es parte importante del mismo, sobre todo en el caso de la minoría blanca sin futuro por la cuarta revolución industrial tecnológica y la creciente desigualdad de su sociedad que se percibe abandonado por el gobierno y los partidos tradicionales y para la cual es más fácil culpar de sus males al extranjero y no asumir que es su propia sociedad la que los está marginando; la migración pasa de ser una necesidad para el país, a un instrumento político de la guerra fría y hoy es el instrumento de la demagogia para ganar elecciones.


La migración ha sido convertida en expresión de la politica de un presidente que no logra avanzar en sus propuestas y que vio en la caravana de centroamericanos la oportunidad de salvar al partido Republicano de una seria derrota electoral que sería un grave obstáculo para sus pretensiones de reelegirse; la algazara que ha montado le sirvió para consolidar y movilizar su base de blancos preocupados y empujarlos a la votación. Las encuestas antes de las caravanas le daban a los demócratas un margen de triunfo del 17 % y a la hora de la votación éste se redujo a un 7 %, lo suficiente para que los Demócratas recuperaran la Cámara de Representantes, pero no el Senado; pero en términos de votos con 16 millones de votos superaron a los Republicanos y obtuvieron el 58,5; en buenas palabras el partido de Trump fue derrotado.

Lo que hemos presenciado en estos días, es una tragicomedia de un presidente desesperado por su reelección y no una expresión del empuje democrático de libertad y solidaridad que ha marcado el desarrollo norteamericano.




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