Editorial & Opinion

Si nos dejan ahora…

Benjamín Cuéllar / Defensor de Derechos Humanos

lunes 7, octubre 2019 - 12:00 am

Este año se juntaron dos grandes de la canción hispanoamericana  para dejarnos ahora y por siempre. Bueno, en realidad, por siempre no. Pero ya se encaramaron en la nave del olvido sabiendo que sería imposible no tenerlos presentes. Yo, debo reconocerlo y confesarlo, así lo haré aunque me hayan dejado siendo el triste que todos dirán que soy en esta historia; yo y, seguro, también una enormidad de gente. Este septiembre acabó siendo un mes que quedó para ser recordado por una considerable cantidad de personas, no por lo ocurrido en el parque Cuscatlán en un militarizado domingo 15 ni por la puesta en escena en la Asamblea General de las Naciones Unidas el jueves 26. ¡No! Lo es, ¡lo será!, porque el sábado 28 voló cual gavilán o paloma‒ el “príncipe de la canción”. Veinte días atrás, el domingo 8, lo antecedió quien se atrevió a desafiar a la dictadura franquista ya en su ocaso. Lo hizo, encarnando al Nazareno súper estrella: fue este el “santo padre” de la composición amorosa y enamoradora, que osó declarar haber sido “Jesucristo por última vez el 28 de febrero de 1976”.

Esa dupla hizo historia; uno con su lírica inigualable y el otro con una voz irrepetible. El papa Camilo VI o Sesto ‒da igual‒ para mi gusto escribió el reclamo más doliente y a la vez la súplica más sentida en asuntos del corazón para que la entonara, magistralmente, el tal José por partida doble.  “Si me dejas ahora, no seré capaz de sobrevivir”. Expresión patente de la absoluta claudicación desconsolada, apasionada y semejante a cuando aquella ‒la también celebérrima Angélica María‒ proclamaba que “ni un momento podía estar lejos” de su amado, para luego preguntarse cómo estar así “la vida entera”.

“Me encadenaste a tu falda y enseñaste a mi alma a depender de ti. Ataste mi piel a tu piel y tu boca a mi boca; clavaste tu mente en la mía, como una espada en la roca. Y ahora me dejas como si fuera yo cualquier cosa”. Díganme, ¿quién iguala eso? “Si me dejas ahora ‒continuó pergeñando el poeta español‒ no seré capaz de volver a sentir, me alejaste de todo y ahora dejas que me hunda en el lodo”. Y continúa el lamentable lamento: “Me cuesta tanto creer que no tengas corazón, que yo he sido en tu cadena de amor tan solo un eslabón y en tu escalera un peldaño al que no te importa pisar y hacerle daño”. Romántica manipulación y trágica humillación, en menos de 25 dolorosas palabras entonadas soberbiamente por la cautivante voz mexicana hace años apagada.

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¿Cómo imaginar estar “preso entre las redes de un poema”? ¿Cómo lidiar con “quien me puede ayudar o me condena”? ¿Cómo asumir como “lo mejor de mi pasado”, a alguien que me trató así? Pues todo eso es cierto porque cierta, real e imperecedera fue, es y será la mancuerna que lo concibió y lo parió. Camilo Sesto y José José hicieron que lo cantáramos, que lo creyéramos y que lo incorporáramos al universo estético personal y ‒sobre todo‒ popular.

Acompañado como parte del elenco por Ángela Carrasco ‒“callados, más unidos que nunca, más que nunca libres apartamos de la mente cualquier cosa que la gente diga de nosotros dos…”actuando como María Magdalena y por Teddy Bautista en el papel de Judas, el cantautor español que aún no arribaba a los 30 se convirtió en el Jesucristo de un musical de lujo, controversial y provocador estrenado el 6 de noviembre de 1975. Hace casi 45 años estuvo trepado en el escenario ‒retando durante cuatro meses al moribundo dictador en una España dolida y doliente‒ quien era ya un triunfador en el mundo del espectáculo al cual incursionó casi una década atrás. “Algo de mí”, “Fresa salvaje”, “Sin remedio”, “¿Quieres ser mi amante?, “Ayudadme”… eran para entonces solo unos de sus grandes éxitos.


Y arriesgó todo: el éxito, la fama y el dinero, escandalizando a una iglesia católica universal aún conservadora dentro de la cual destacaba la española. Eso sí, tenía algún “viento” a su “favor”: la estupidez del autoritarismo. Cuenta el director de la obra, Jaime Azpilicueta, que estaban “aterrados” al momento de presentarla ante la censura oficial que debía autorizar su presentación pública. Lean lo que siguió relatando. “Y fíjese lo que ocurrió. En la escena del arresto, teníamos unas proyecciones con portadas de periódicos que anunciaban la detención de Jesús; en una de ellas se leía: ‘Jesucristo, arrestado por el establishment’. En la hoja de censura nos prohibieron que hiciéramos referencia a aquel ‘partido político’”. ¡Já!

Dos grandes nos dejaron ahora durante el recién pasado septiembre, pero se quedaron por siempre. Solo me queda pedir “un aplauso para el amor” que este genial par nos entregó y al cual nos inspiró.




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