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Editorial & Opinion

Sin credibilidad, un periodista no existe

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 26, febrero 2019 - 12:00 am

En periodismo los detalles son valiosísimos y la credibilidad es el principal valor del periodista. Sin credibilidad un periodista no existe. En la universidad nos enseñaron que el contraste de fuentes y la verificación de los hechos son circunstancias que en ningún momento se deben obviar antes de publicar una información.

El periodismo es servicio, en cuanto a que la información que se publica es de utilidad de los públicos, de tal manera que nunca una información publicada debe servir para revictimizar, para generar morbo, para ganar adeptos a través del sensacionalismo (y amarillismo) o para difamar y calumniar.

Cuando se dice que los detalles son valiosísimos nos referimos a que no basta con decir que “Juan Pérez” murió, si no revelamos su edad, su residencia, su ocupación o cualquier otro detalle que lo haga diferente a otros “Juan Pérez”. Si yo vivo en Olocuilta y escucho, leo o veo la noticia de la muerte de “Juan Pérez”, probablemente piense que se trate del “Juan Pérez” que yo conozco y que es mi vecino, pero si la nota me la detallan y me dicen que el sujeto tenía 40 años, que era albañil, que estaba casado y que vivía en Santa Ana, seguramente ni por asomo piense que es mi vecino, pues es posible que él tenga otra edad, otro oficio, otro estado civil y otra residencia. Por lo tanto los periodistas debemos ser lo más certeros en buscar detalles que ilustren y completen de mejor manera la noticia.

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Ahora bien, en cuanto a la credibilidad. Un periodista sin credibilidad es como un carpintero sin martillo. Los periodistas nos autocensuramos y no publicamos información “en proceso”, sin las fuentes fidedignas y debidamente contrastadas y sin verificar si la información es real o acabada. Los periodistas debemos tener el criterio mínimo para confiar en las fuentes que validamos y sobre todo tener la capacidad para valorar la intencionalidad de las fuentes de información. Nunca una información que se publique en las redes sociales será una noticia que debemos dar como creíble si no la hemos constatado. Lo que fluye en las redes sociales puede ser objeto del principio de confirmación, jamás el hecho consumado como producto periodístico.

La semana pasada alguien que no es periodista tuiteó una información falsa y algunos periodistas, con mucha ingenuidad, dieron como ciertos los datos y los subieron a sus medios y a sus cuentas de redes sociales personales.  Luego tuvieron que retirar la falsedad y atribuir la información al falso tuit. Se trató del caso de la retención del magistrado de la Cámara Tercera de lo Civil,  Eduardo Jaime Escalante, supuestamente por agresiones sexuales en perjuicio de una niña de 10 años. Sin embargo, el tuitero se equivocó, intencional o no, y escribió el nombre de un magistrado de la Sala de lo Civil, Roberto Carlos Calderón.


Algunos periodistas cayeron, al igual que quien difundió el primer mensaje en twitter, en una difamación que dañó la imagen y el honor del magistrado de la Sala de lo Civil. Todos cometieron una irresponsabilidad, pero ésta es mayúscula cuando quien la comete es el periodista que da credibilidad a información que no le consta.

Esta vez el perjudicado fue el magistrado Calderón, pero a diario vemos casos en los que periodistas validan y publican en sus medios y sus redes información de fuentes sin credibilidad. En otros casos adecuan los datos para que la información “se venda”.

Hace algún tiempo, un periodista de un medio escrito publicó en la web una información equivocada atribuyendo a una jueza una declaración que ella jamás dijo, por lo que como encargado de las comunicaciones del Centro Judicial Isidro Menéndez, le llamé al editor para hacerle ver el error y él me contestó que era cierto, pero que prefería dejarla así porque la nota “vendía”. La sorpresa fue cuando el siguiente día en un recuadro  el editor publicó que yo había intentado modificar el titular de la noticia (que por cierto salió equivocada). En otras palabras los periodistas en ocasiones nos envalentonamos con el poder circunstancial que da el hecho de manejar información, para publicar sin controles de calidad y sin el factor credibilidad.

Es fácil esconderse tras las redes sociales. Cualquiera lo hace. Pero los periodistas, esos que tuvimos una capacitación sistemática universitaria, tenemos que ejercer con credibilidad y con detalles que abunden la información. El periodismo es el oficio más lindo, pero requiere suma responsabilidad y profesionalismo.




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