Editorial & Opinion

Singapur, ejemplo a seguir

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

sábado 20, julio 2019 - 12:00 am

El Salvador, tiene múltiples problemas, como la pobreza, la desigualdad, la delincuencia juvenil, la corrupción, el nepotismo y un sistema educativo de baja calidad, por mencionar algunos de ellos, claro que estos problemas no nacieron ayer sino que se vinieron gestando por décadas y quizás por siglos, producto de políticos corruptos, de actitudes complacientes y de malos empresarios que se aprovecharon del poder político para drenar recursos públicos por medio de licitaciones amañadas, compras fantasmas y tráfico de influencias y a fuerza de ser sincero estos problemas no tendrán solución inmediata.

Pero sí se pueden sentar las bases para construir una sociedad diferente, en consecuencia, vale la pena que volvamos la mirada a países que tenían circunstancias similares a las nuestras, como el caso de Singapur, que, en el año 1959, cuando alcanzó su independencia de Gran Bretaña y luego de Malasia en 1965, era un país famoso por la proliferación de todo tipo de vicios, estaba destruida por el crimen organizado, el mercado negro, las malas prácticas de burócratas, policías corruptos, el desempleo era elevado, la educación era pésima, los sobornos eran tan generalizados que los políticos se sentían intocables.

Sin embargo, todo ese escenario sombrío cambió cuando Lee Kuan Yew, arribó al poder en el año 1959, ejecutando cambios estratégicos que condujeron a que los habitantes de Singapur, se encuentren entre los que mejor calidad de vida tienen, según el Índice de Desarrollo Humano, que elabora Naciones Unidas. Y está clasificado como el segundo país, con mejor facilidad de hacer negocios, según el ranking Doing Business, pero la perla que corona a Singapur es que se ubica entre los países con menos corrupción del mundo, tal como lo define el Índice de Percepción de la Corrupción del sector público.

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¿Qué hizo diferente Lee Kuan Yew que el resto de sus antecesores? Primero no le tembló la mano en combatir la corrupción y su lema fue: “Si quieres derrotar la corrupción debes estar listo para enviar a la cárcel a tus amigos y familiares”, así que, para disuadir la corrupción, Lee aumentó los salarios de los funcionarios, dado que creía que, si los funcionarios públicos eran bien pagados, no tendrían la necesidad de acceder a los sobornos.

Sin embargo, lo anterior no era suficiente, por lo que, para evitar la tentación, se creó un programa especial de lucha contra la corrupción, que incluía una serie de medidas como rotar a los funcionarios para evitar la formación de lazos corruptos o llevar a cabo inspecciones sin previo aviso. Para ello Singapur, promocionó a medios de comunicación independientes y objetivos, que pudiesen cubrir imparcialmente todos los casos de corrupción, lo cual dio como resultado que cualquier ciudadano con credenciales académicas pudiera acceder a plazas públicas por méritos y no por cuello ni por nepotismo.


Lo segundo que hizo Lee, fue provocar una reforma judicial, donde se instauró la pena de muerte como medida estricta para acabar con los delincuentes, los corruptos, los asesinos y narcotraficantes, el resto de crímenes graves como violaciones y secuestros se castigan con largos periodos en la cárcel y azotes. El tercer cambio que ejecutó Singapur fue la revolución tecnológica y educativa donde se le apostó a las nuevas generaciones, lo cual implicó una inversión enorme en mejorar el sistema de educativo público, dando como resultado un nivel muy competitivo y de calidad de sus ciudadanos.

El cuarto cambio que ejecutó Lee, fue la creación de empresas estatales para obtener recursos y no cargar a sus habitantes de cargas impositivas y de paso era una fuente inagotable de empleo para sus habitantes. Creo que, si el Señor Presidente desea hacer verdaderos cambios en El Salvador, debe tomar como referencia Lee Kuan Yew, y estar listo incluso para meter a la cárcel a familiares y amigos, que no procedan conforme a la ley.

Pero lo más importante es que tiene en sus manos la oportunidad de promocionar a medios de comunicación independientes y objetivos, pero no de los que son afines a su mandato que tienen eminentemente prohibido hablar mal de su gestión, aunque sean desaciertos presidenciales, sino más bien apoyar el periodismo investigativo, que tengan la valentía de denunciar la corrupción, el nepotismo, los abusos de los recursos públicos, el tráfico de influencia. Sin importar quien lo esté cometiendo, ya que delito es delito.




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