Editorial & Opinion

Sobre la doble moral

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

viernes 30, agosto 2019 - 12:00 am

La primera vez que me puso a pensar y cuestionarme sobre la moral, cursaba los primeros años de Derecho y un buen amigo ya graduado pero integrante del Instituto de Ciencias Penales, Omar Arenas Candelo, en algún diálogo catalogué algo de inmoral; y Omar me dijo: “La moral es algo geográfico”. ¿Cómo es eso?, le respondí. Bueno, lo que se podría considerar inmoral aquí, es perfectamente natural en otras regiones del mundo. Por ejemplo si en estos pasillos de la Facultad, se pasea una estudiante con los senos al aire, por muy bellos que los tenga, sería ocasión de escándalo, y se consideraría una postura inmoral. Pero en Africa, por ejemplo, no solo se muestran sino que se adornan, no escandaliza, es natural en su cultura.

Desde entonces el tema me interesó, junto a la ética, a partir de los griegos, insuperables, dado el tiempo transcurrido. Hasta exíste un moral cristiana y otra cristiana católica, aunque las posiciones éticas son invariables en las grandes corrientes religiosas y filosóficas. Muy poca interpretación sobre lo ético existe entre el budismo y el cristianismo, por ejemplo. O entre un japonés y un salvadoreño ante el bien y el mal, esos sentimientos, percepciones, comportamientos que son universales y atemporales. El homicidio es reprochable condenable, malo, en cualquier región del mundo, igual que el robo, y así ha sido a través de los tiempos. Son como los derechos y deberes del hombre frente al otro hombre (con el perdón de las nazifeministas, pero me apego al Diccionario de la Real Academia de la lengua española). Podríamos decir que los Diez Mandamientos entregados a Moises  son la Tabla ética del comportamiento humano, en tanto  que los derivados de allí, irían conformando conductas morales de acuerdo a la geografía, el clima y costumbres de cada tiempo, de cada sociedad.

Entonces ¿qué es o dónde queda, eso que llaman “doble moral”? No es por ser moral al extremo, severo, intransigente, casi puro. Sino por tener dos actitudes, posiciones diferentes ante un mismo hecho, según le convenga o le atañe. Por ejemplo, cuando se condena por ser mala en sí misma la corrupción generada desde el Despacho de un Ministro, pero se valoriza de otra forma si incurre en ella alguien de la oposición, un familiar o amigo. O la madre que con severidad juzga la malcriadez del hijo del vecino, pero no la de su  propio hijo, si actuare igual.

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Recientemente el portal informativo e investigativo PanAmPost develó que familiares cercanos a un importante político venezolano de la oposición, Henry Ramos Allup, han mantenido durante años contratos jugosos con PDVSA, a través de empresas registradas en Panamá y  otras partes del mundo, cuyos directivos han sido señalados por el Departamento del Tesoro de los EEUU; y dejan entrever que esta situación sostenida en el tiempo, era del conocimiento del político. Hasta allí la nota. Por mi parte, no me pronuncio sobre el fondo de la nota porque no tengo elementos probatorios. Sin embargo, me ha sorprendido la reacción inmediata y desmesurada en las redes sociales y medios de comunicación contra PanAm Post y los periodistas que allí laboran. Les sacaron hasta la madre, y quienes lo financiaban.

No leí una sola mención al  hecho que se denuncia, si tiene o no base. Hasta a María Corina Machado metieron en la supuesta conspiración. Nadie se preguntó sobre si era cierto o no, lo señalado.


Eso es  la “doble moral”. Si la nota es falsa se denuncia por falsa, si es cierta, pues se investiga. Pero no que los corruptos de la tiranía son malos, y los de la oposición buenos. He aquí la diferencia entre ética y moral. Igual en El Salvador, con el caso de la CICIES. ¿Por qué ese nacionalismo trasnochado, por qué se le teme al control independiente de los partidos? La impunidad ha sido un flagelo de nuestra América, que pone en riesgo la democracia.




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