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Editorial & Opinion

También el norte necesita reformas

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 30, octubre 2018 - 12:00 am

El próximo 6 de noviembre habrá elecciones de medio término en Estados Unidos, tema de interés para el mundo y para nosotros como nación que tenemos buena parte de nuestra población emigrada en aquel coloso. El resultado será interpretado como un aval o rechazo a las políticas impulsadas por el presidente Trump; de la correlación del Congreso y Senado -entre otros temas- dependerá el énfasis que tengan las leyes migratorias que sean aprobadas, incluidas las relativas a los “Dreamers” y “Tepesianos”.

Este tipo de elección se celebra cada dos años, eligiéndose por voto directo en distritos electorales, de acuerdo al peso poblacional, los 435 escaños de la Cámara de Representantes. Además, de los cien que integran el Senado -dos por cada uno de los 50 Estados-, y cuyo mandato es de seis años, se elegirá un tercio de este organismo. Asimismo, se votará a los gobernadores de 36 Estados y tres territorios y a muchos alcaldes, todos con posibilidad de reelección.

De la correlación y voluntad en la Cámara y el Senado dependerán las reformas electorales que se discuten en Estados Unidos, a partir de la distorsión que produjeron –nuevamente- los Colegios Electorales en la última el 8 de noviembre de 2016, teniendo en cuenta que quien resultó electo como presidente de aquel país perdió cuantitativamente frente al voto directo de los electores; es decir, fue declarado ganador por los compromisarios que conforman los Colegios Electorales el Señor Trump, mientras que la candidata Hilary Clinton que obtuvo cerca de tres millones de votos norteamericanos más, perdió. Este fenómeno, en el que triunfa el perdedor, anulándose el voto directo mayoritario de los electores ocurrió en los comicios de 1876, 1888, 2000 y 2016.

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Ese mecanismo controversial es una tradición en el modelo de esa nación, así fue decidido en el marco del Pacto Federal por sus fundadores constituyentes en Filadelfia desde 1789 que buscaban un equilibrio entre los Estados y que no hubiera imposiciones de los territorios más poblados en detrimento de los reducidos. De acuerdo a los historiadores, también pesó mucho la desconfianza sobre el voto directo de la “gente común”, considerados desinformados, manipulables y sin capacidad para decidir; así trasladaron esa prerrogativa al Colegio Electoral, buscando profesionalidad, responsabilidad y seguridad. Con el tiempo este mecanismo se desvirtuó y terminaron siendo los grandes partidos quienes controlan la selección de la integración de estas instancias.

La atrofia de este sistema consiste en que quien logra la mayoría de votos en el Colegio Electoral de un Estado termina llevándose hasta lo que no ganó en las urnas. “El que gana agarra todo”. A raíz de esto la propia candidata Hilary Clinton en 2016 expresó: “creo de verdad que en la democracia debemos respetar la voluntad del pueblo, y para mí eso significa que es tiempo de deshacernos del colegio electoral y optar por una elección popular para escoger a nuestro presidente”. De la misma manera el Sr. Trump en el año 2012 calificaba este sistema como “un desastre para la democracia”. Parece entonces que ha llegado el momento de ser consecuentes.


Una encuesta de Gallup en 2013 midió que el 63 % de la población se pronunció por cambiar este sistema y solo el 30 % lo respaldó. Una reforma constitucional no es sencilla, necesita dos tercios de los votos de ambas cámaras legislativas, y de tres cuartos de los Estados, 38 de 50. A lo largo de 129 años han ocurrido 595 iniciativas de reforma sin prosperar. La otra ruta, sin tocar su Constitución, es la reforma parcial legislativa desde cada Estado, modificando la selección de los Colegios Electorales en proporción equitativa con los votos directos alcanzados por cada partido; esto habría dado la victoria en su momento a Al Gore y a la señora Clinton, por lo que probablemente en esta ruta sea difícil el acompañamiento republicano.

Es mucho lo que está en juego en esta elección. Hay preocupaciones por los graves retrocesos en materia migratoria, el aliento que reciben los grupos de odio de ultraderecha  que se expresan con acciones violentas dentro del territorio norteamericano; las posturas agresivas hacia los pueblos y gobiernos de América Latina; el abandono al Protocolo de Kioto para enfrentar el cambio climático;  los peligros para la paz mundial por el retiro del acuerdo nuclear con Irán; el traslado de la embajada norteamericana a Jerusalén; la flácida postura ante el gobierno Saudí implicado en el asesinato del periodista Khashoggi -colaborador del Washington Post-; así como los graves riesgos para la economía mundial derivados del absurdo enfrentamiento arancelario contra China.

Quien esté habilitado para votar, ojalá vote y vote bien.




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