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Editorial & Opinion

Tambores en la frontera

Juan José Monsant A. / Exembajador de Venezuela en El Salvador

sábado 6, octubre 2018 - 12:00 am

Tú dejas tu Corazón en Venezuela y tu cuerpo lo traes para acá para trabajar, eso le contestó la mujer a un reportero de Telemundo en una carretera que conducía a la ciudad de Quito. Ella iba caminando dentro de un grupo que igualmente huía desesperado por las condiciones miserables de vida a la que fue conducida por la tiranía más degradante que haya conocido continente.

Curiosamente el día anterior le pregunté en Walmart a una joven cajera que me atendía de dónde era, y me respondió que de Perú, le di las gracias por como nos estaban recibiendo y solo contestó: “Que lástima lo de Venezuela, pensar que antes los peruanos íbamos para allá en busca de oportunidades”. En realidad, siempre que debo dar una explicación o preguntar algo, busco un rostro que se me asemeje a latino  para no sufrir la congoja de hacerlo en inglés, idioma que cada vez se me hace más lejano. Creo que es un problema sicológico, porque lo leo y puedo llenar cualquier formulario, hasta de la NASA.

Las cifras varían sobre el número de venezolanos que han emigrado. Ya dejaron de ser miles, decenas de miles para convertirse en millones. La primera ola, la llamaban los “balseros del aire” porque llegaban vía aérea y se instalaban, con visa o sin ella, normalmente en los Estados Unidos y Europa; estaba conformada por clase alta, media alta, o profesional que pudieren conseguir empleos rápidamente. Luego, comenzaron a emigrar a Colombia, Panamá, Australia y Argentina; éstos no molestaban, aun llegaban con profesiones u oficios de alto nivel y dinero ahorrado para instalarse y comenzar. Las tercera y cuarta ola, ya eran refugiados, perseguidos, políticos, militares, jóvenes sin trabajo, escapados, familias, aventureros, delincuentes, y hasta chavistas encubiertos o simplemente renegados luego de hacer una mediana o grande fortuna calculada en divisas duras. Hoy, ya la huida es masiva, en busca de la más elemental sobrevivencia y seguridad. El país quedó en manos de hampones de alto y bajo vuelo, terroristas, cubanos, rusos, chinos, iraníes, sirios e “influyers” de Podemos, del Clan de Sinaloa y de los Cuatro Soles.

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Quizá porque quienes ejercieron el liderazgo opositor, al igual que muchos académicos e intelectuales, no entendieron el momento ni creyeron en el talante totalitario del régimen, los ciudadanos de a pie y los estudiantes fueron abandonados a su suerte. Hoy, quienes no están comprometidos con la tiranía, políticos o no, están secuestrados, y lo ignoran. Aislados de noticias, amedrentados, perseguidos, engañados, encarcelados y presionados por el diario subsistir; vagan de una farmacia a otra, de una funeraria a otra, de un mercado a otro, de un banco a otro y de un hospital a otro, mientras se les va consumiendo la existencia, atrapados como rehenes agradecidos por concedérseles la vida.

Una fuerza armada desarticulada, convertida en el brazo armado de la Corporación del Crimen gubernamental no ha sido capaz de reencontrase; han sido 20 años de ideologización, amenazas, halagos y compras: hay miedo, complicidad e ignorancia. También están los exiliados, incomunicados, arrestados en sus hogares, vigilados, dados de baja, amenazados y, los activos sin comando. Pero quedan muchos, esperando el momento para sumarse a la rebelión ciudadana, respaldada por una Fuerza Multinacional de Liberación que ponga fin a la Corporación del Crimen enquistada en Miraflores y en los cuarteles, dirigida desde Cuba y los Chapos del continente.


En su momento el General Antonio Rivero González, hoy en el exilio, denunció que en Venezuela había cerca de 20 mil soldados cubanos haciendo ejercicios de combate.

Y no es por azar que tropas venezolanas junto a tropas  cubanas, llamadas las “Avispas Negras”, y de otros países (Rusia, China, Farc y ELN; y  quizá terroristas del Medio Oriente), realizan ejercicios militares en la frontera con Colombia.

Sin esa Fuerza Multinacional de Liberación, los Ortegas, Lulas, Morales, Zelayas, y demás aspirantes a serlos, la región se transformaría en la más amplia y poderosa organización criminal que haya conocido la humanidad, dando al trasto con los valores de la cultura Occidental que pasan por la democracia y la libertad.




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