Editorial & Opinion

¿Tiene sentido recordarlos? A 28 años de los Acuerdos

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

jueves 16, enero 2020 - 12:00 am

La historia tiene sentido en la medida en que los hechos que ocurren en ella pueden ser relacionados e interpretados con respecto a un mismo propósito, como la paz, la justicia, el bien común, la democracia. La historia, tiene una utilidad práctica, el estudio del pasado sirve para el entender el presente.

Muchos preguntan: ¿Cuál paz? otros afirman tajantemente que los Acuerdos de Paz no sirvieron para nada. Estas personas deben saber que con la Paz se le puso fin a dos décadas de conflicto armado, una guerra civil, que tuvo un costo social de 75,000 muertos, más de 8.000 desaparecidos y un país, con un dolor social muy grande.

Los Acuerdos plantearon el diseño de un nuevo país, marcaron la culminación de una etapa decisiva en la lucha por la conquista de valores como la libertad, la justicia, la democracia, dignidad. Le pusieron fin, a un largo periodo de regímenes militares, que comenzó en  1930, donde los golpes militares, las elecciones no competitivas y los fraudes electorales constituyeron la vida política del país. En el pasado era imposible que partidos de oposición pudiesen acceder al gobierno mediante elecciones libres.

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Con lo pactado en Chapultepec se abrió la alternancia en la Presidencia la República. La arquitectura electoral cambió y el Consejo Central de Elecciones se cambió por el Tribunal Supremo Electoral que hoy es el rector en materia administrativa y jurisdiccional de las votaciones, esto se completó con un nuevo Código Electoral. Hay que decirlo claramente: Ni Mauricio Funes, ni Salvador Sánchez Cerén, ni Nayib Bukele hubiesen podido ser presidentes sin la reforma del sistema electoral de los Acuerdos, que instauró un nuevo régimen político.

A partir del 16 de enero de 1992 se garantizó que nadie podría ser capturado por el ejercicio de sus derechos políticos: antes el opositor al gobierno era considerado como el enemigo interno y lo secuestraban, desaparecían y/o mataban.


En el capítulo de Fuerza Armada el Acuerdo de Paz estableció un aspecto que está muy presente en la actualidad y debe ser discutido con profundidad: “El mantenimiento de la paz interna, la tranquilidad, el orden y la seguridad pública está fuera de la misión ordinaria de la Fuerza Armada como institución responsable de la defensa nacional. En ese ámbito, el eventual papel de la Fuerza Armada es del todo excepcional, cuando se hayan agotado los medios ordinarios para ello, en los términos establecidos por la Reforma Constitucional aprobada en abril de 1991. La Fuerza Armada debe sujetarse a lo establecido en los Acuerdos.

No se debe olvidar que después de Chapultepec, el Estado cambió, surgieron nuevas instituciones que están contribuyendo a la construcción de una sociedad más democrática como el Tribunal Supremo Electoral, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos. La Policía Nacional Civil, la Academia Nacional de Seguridad Pública,

En el marco del 28 aniversario de la firma de la Paz hay tareas pendientes: La Asamblea Legislativa debe aprobar la Ley de Reconciliación Nacional. Hoy El Salvador tiene otra oportunidad, no hay que desperdiciarla. Se necesita una ley de reconciliación que permita el reconocimiento de los derechos de las víctimas al conocimiento de la verdad, la aplicación de justicia, la reparación del daño causado y a tener garantías de no repetición de los atroces crímenes que tuvieron lugar en los años de la guerra civil. Esto es indispensable.

El  2020 debe ser el año en que de manera definitiva se resuelva la situación de los Veteranos de Guerra y se mejore el Fondo de Protección de Lisiados.

Los Acuerdos abrieron el camino y el método de la concertación política; para encontrar y pactar soluciones que permitan sacar adelante al país. Está demostrada la utilidad de la negociación como mecanismo para resolver conflictos.

El país a casi tres décadas de la firma del Acuerdo de Chapultepec necesita una Cultura de Paz. Urge que cambien los hábitos y actitudes de los salvadoreños y se termine con la cultura de la confrontación y la violencia. Hoy en el Hogar y en el sistema educativo se deben promover comportamientos con el fin primordial de valorar y respetar la vida, la dignidad humana, la libertad, la convivencia armónica, la justicia social y el desarrollo humano de la población salvadoreña, esta es la tarea del posconflicto.

Recuperar la histórica es vital para una sociedad. Los procesos de construcción de memoria, permitirán ampliar la comprensión sobre el significado de los Acuerdos de Paz. Un pueblo que olvida su historia es un pueblo sin identidad, sin alma.




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