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Editorial & Opinion

Un fenómeno natural se convierte en desastre

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 24, octubre 2018 - 12:00 am

La sequía que tuvo El Salvador en los meses de junio, julio y agosto del presente año  causó fuertes pérdidas al sector agropecuario: 82,000 manzanas de cultivos de maíz fueron afectadas, cerca de 32,000 tuvieron daños totales. La Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (Campo)  estimó que las pérdidas por la sequía fueron de 4.1 millones de quintales de maíz de la cosecha primera.

El 22 de octubre Protección Civil dejó sin efecto las alertas por lluvias y el balance de los daños provocados desde el 5 hasta el 22 de octubre fue: seis personas fallecidas, dos desaparecidas, 22 lesionadas, 792 albergadas, y 720,000 quintales de frijol perdidos, lo que equivale a un          30 % del cultivo.

La realidad ambiental del país es perturbadora: los ríos se están secando.

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Las aguas superficiales y subterráneas están contaminadas. Los mantos acuíferos se están agotando. El Salvador fue calificado como el país más “vulnerable del mundo”. Hoy ya no somos el país más vulnerable del mundo, pero nos perciben como el más débil frente al desafío del cambio climático. Según los expertos de CEPAL El Salvador es el país con más afectaciones por el cambio climático, ya que se enfrenta a un estrés hídrico: la demanda de agua es más alta que la cantidad disponible y su uso se ve restringido por su baja calidad.

No es posible que los ciudadanos veamos con naturalidad la situación ambiental del país. Es terrible pero muchas personas ya se acostumbraron a que los fenómenos naturales se conviertan en desastres humanos.


Es suicida ser indiferentes, El Salvador está en situación de vulnerabilidad. El 90 % del territorio y el 95 % de la población son altamente vulnerables. El país, ubicado en zona de alta actividad sísmica, alrededor de 1,970 km2, está expuesto a impactos severos y moderados por inundaciones, 4,040 km2 a diversos tipos de deslizamientos y más de 10,000 tienen posibilidades de ser deteriorados por sequías.

La vulnerabilidad es socio-medioambiental, existe una gran posibilidad que un fenómeno natural se convierta en desastre, por las condiciones de pobreza y exclusión social en las que viven la mayoría de salvadoreños que los obliga a establecerse a la orilla de los ríos o en quebradas. Cabañas y Morazán son los departamentos con muy alto índice de vulnerabilidad, le siguen La Unión, Ahuachapán y Sonsonate. En los municipios de Santa Ana y de Ahuachapán hay más vulnerabilidad en la vivienda.

Hay que actuar rápido, del gobierno de Salvador Sánchez Cerén, ya muy poco podemos esperar, en términos de concretar una política pública para una disminución significativa de la vulnerabilidad socio ambiental. Es un gobierno que le quedan siete meses. Va de salida.

Hoy la exigencia del trabajo por un medio ambiente más seguro debe ser dirigida a los candidatos a la presidencia de la República que tienen que integrar en sus ofertas electorales soluciones viables para enfrentar los fenómenos naturales y evitar que se conviertan en desastres humanos. Los ciudadanos debemos exigir que en foros y debates los candidatos expongan las soluciones que tienen.

Urge crear estrategias, arborizar las zonas que están deforestadas, cuidar el agua, trabajar por la seguridad y soberanía alimentaria, es indispensable que en la Asamblea Legislativa los diputado aprueben la Ley General de Aguas, el problema es grave y los aspirantes a la presidencia del país no han incluido en su plan de gobierno ni una propuesta en torno a la realidad climática y otros aspectos ambientales.

Debemos superar esa manía de actuar ante los desastres solo en la emergencia, ir más allá de la evacuación y refugio de personas para darle alimentos y colchas. Los candidatos a la presidencia en sus ofertas electorales deben proponer acciones posteriores a la emergencia en los lugares afectados, y actividades con visión de futuro, que contemplen planificación y atención del territorio vulnerable y aprobación de leyes que aseguren el respeto del medioambiente.

Ciudadanos: pidamos a los candidatos Nayib Bukele, Carlos Calleja, Hugo Martínez y Josué Alvarado la propuesta de una Política Nacional de Gestión Integral de Riesgos con visión inclusiva.

No hay tiempo que perder. El Salvador necesita propuestas viables donde los candidatos a la presidencia digan ¿Qué van a hacer? ¿Cuánto va a costar eso que dicen que harán? ¿De dónde saldrá el dinero para financiar la política pública de Gestion de Riesgos? Y ¿Quiénes serán los encargados de impulsar los planes? La población está esperando soluciones no promesas maquilladas. Ahora, sin excusas.




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