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Editorial & Opinion

Un gobierno de mesas…

Roberto Burgos / Abogado

lunes 8, abril 2019 - 12:00 am

El Partido FMLN está por concluir su primera década al frente del gobierno. Así pues, en medio de las discusiones sobre el ceremonial de la transición y las responsabilidades de los funcionarios salientes, vale la pena hacer una reflexión sobre una de las modalidades de integración y validación de políticas públicas preferida por la pasada y la actual gestión, me refiero a las diferentes “mesas temáticas” organizadas desde la Presidencia de la República, y que a lo largo de estos años han sido presentadas como un modelo de participación ciudadana y una novedosa forma de gobernar.

Las más antiguas, creadas durante la gestión del presidente Funes Cartagena, son las mesas técnicas a cargo del “Consejo de Convivencia y Seguridad Ciudadana”. En total se instalaron siete mesas, que abordaron temas como la prevención de la violencia y de la delincuencia, control y persecución del delito y violencia, rehabilitación y reinserción social, atención y protección, fortalecimiento de la institucionalidad de la seguridad ciudadana, mecanismos de coordinación financiera y una que aglutinaba a algunos medios de comunicación.

Estas mesas tenían como misión principal, según consta en el portal de la presidencia de la república: “elaborar propuestas sobre acciones prioritarias y urgentes para prevenir y reducir la violencia y la criminalidad, promover el acceso a la justicia y la atención y protección de víctimas en el país”, como si el gobierno de entonces no contara con los insumos suficientes para proponerlas, ya que había sido ésta una de sus principales ofertas electorales. La creación de estas mesas contaba con asesoría de la oficina local del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y traía aparejada una estrategia de comunicaciones que pretendía, entre otras cosas, enviar el mensaje de había una nueva administración no solo más inclusiva, sino que también más efectiva en el combate a la delincuencia.

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Esa fue sin duda la “mesa insignia” del gobierno de Mauricio Funes, iniciativa que intentó repetirse en el mismo período con una “Mesa Nacional de Transparencia”, que fracasó en el intento, ante la evidente intención de convertirla en una mera iniciativa de legitimación de los manejos gubernamentales en la materia, mediante la implementación de un “índice nacional” que calificaría positivamente a todas las dependencias del ejecutivo, que por lo menos contaran con una oficina de información y una reglamentación al respecto.

El experimento de las mesas continuó con la presidencia de Sánchez Cerén, quien llevó esta clase de iniciativa a su máxima expresión, convocando a mesas para el diálogo fiscal, para el tema del café, para la reforma al sistema de pensiones y para la implementación de la política económica. Lo anterior, mientras mantenía reuniones bilaterales con partidos políticos y con un sinnúmero de actores para la firma de un nuevo “acuerdo de nación” que nunca llegó a firmarse. Independientemente del nivel de implementación de estos esfuerzos, pueden concluirse dos cosas: que éste fue unos de los rasgos principales de los dos gobiernos del partido FMLN y que dicho esfuerzo de mantener dispersos en mesas los grandes problemas nacionales, tuvo consecuencias negativas en la calidad de nuestra democracia.


Señalo las principales: la creación de instancias paralelas al andamiaje institucional previsto en la Constitución y en las leyes, plazos borrosos para la solución de los problemas y el cumplimiento de compromisos internacionales, evasión de responsabilidades individuales de los funcionarios públicos en temas sensibles como la seguridad y la convivencia ciudadana, desvío de recursos para la implementación de acuerdos que respondían a una lógica electoral de captación de votos, polarización de la sociedad civil y finalmente, pero no menos importante, ausencia de una verdadera contraloría civil en la creación y aplicación de las políticas públicas.

El Salvador necesita urgentemente un gobierno de instituciones, no de mesas que aplaudan, ni de funcionarios y líderes de la sociedad civil que solo posen para la fotografía y el protocolo presidencial, sin asumir las responsabilidades que el cargo público o su liderazgo implican. La verdadera participación ciudadana no está en las mesas presidenciales, se nutre de la participación en cabildos, asambleas locales y en el acceso a la información que permite criticar, debatir y tomar las mejores decisiones para el futuro del país.




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