Editorial & Opinion

Un homenaje a Pedro Nikken

Benjamín Cuéllar / Defensor de Derechos Humanos

miércoles 11, diciembre 2019 - 12:00 am

Tuviste la suerte primera de ser el primogénito de nuestro padre, Roberto Emilio Cuéllar Milla; más adelante, de unir esfuerzos con Segundo Montes en agosto de 1975 para fundar el primer organismo que acompañó‒entre amenazas reales que entrañaba esa opción a víctimas de graves violaciones de derechos humanos: el Socorro Jurídico Cristiano. Ese “despachito” se la jugó de verdad y en serio. Después, cada vez más suertudo, aunque algo desconfiado de sus capacidades el entonces IV arzobispo de San Salvador se lo “apropió”‒con vos incluido para ser herramienta útil en su “sentir con la Iglesia” y la defensa de la dignidad humana, sin que hasta el día de hoy nadie haya repetido las épicas luchas que demandaba semejante cruzada.

Cuéllar Milla falleció en el 2001; Romero y Montes fueron inmolados 1980 y 1989, respectivamente. Y este 9 de diciembre del 2019‒entre el 98 aniversario del natalicio de nuestra madre y el 71 de proclamada la Declaración Universal de Derechos Humanos‒se fue tu cuarto mentor: el entrañable e irrepetible Pedro Nikken.

Ilustre jurista venezolano, el querido Pedro fue magistrado y presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en la década de 1980. El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lo nombró, en 1990, su asesor jurídico en medio de la intervención mediadora del organismo durante las negociaciones para parar la guerra en El Salvador. Luego, tras el fin de la misma, el sustituto de Javier Pérez de Cuéllar‒Boutros Boutros-Ghali‒ lo designó experto independiente en materia de derechos humanos; por tanto, el querido Pedro siguió pendiente del país en momentos cruciales para su futuro  desarrollo democrático.

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Preclaro y estudioso, en el ejercicio de esta última función entregó un informe de fecha 15 de febrero de 1993 a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Lo finalizó advirtiéndonos que “para lograr progresos sólidos, sustanciales e irreversibles en el respeto y la garantía debidos a los derechos humanos debe alcanzarse el modelo de sociedad diseñado en las negociaciones de paz. El cumplimiento de los acuerdos no es sólo una obligación que compromete la honra de las partes, sino el camino para llegar hacia esa sociedad”.

“El Gobierno y el FMLN ‒continuó‒ llegaron a las negociaciones como enemigos militares y salieron de ellas con una obra común de dimensión histórica. Ambos han de ser los primeros interesados en cuidarla, preservarla y promoverla. Por eso deben esmerarse no sólo en cumplir escrupulosamente lo acordado sino en abordar las dificultades que surgen en el proceso con espíritu abierto y de buena fe”. Esto último no fue escuchado; por el contrario, ambas partes se esmeraron en torcer lo que la misma ONU bautizó como “el camino de la paz” empezando por acordar‒“debajo de la mesa” amnistiarse y luego emperrarse en mantener esa sucia cobija como ratonera, conteniendo así la debida justicia para las víctimas.


A propósito, el visionario Pedro afirmó que la “impunidad por crímenes cometidos por agentes del Estado o bajo la cobertura de éste no se agota en la falta de castigo a los responsables de dichos crímenes. Un componente inseparable de esa impunidad es la omisión de toda investigación, el encubrimiento y hasta la falsificación de los hechos para proteger a los responsables”. Esto nos inspiró durante largos 23 años en nuestro terco afán por superar lo que fuera, hasta expulsar de la legislación nacional la amnistía de 1993; eso nos mantiene en pie de lucha, contra la que ahora pretenden aprobar.

Este 10 de diciembre, día de los derechos humanos, puedo decirlo sin temor a equivocarme que la mejor y más integral conceptualización de éstos es la siguiente: “El tema de los derechos humanos domina progresivamente la relación de la persona con el poder en todos los confines de la tierra. Su reconocimiento y protección universales representa una revalorización ética y jurídica del ser humano como poblador del planeta más que como poblador del Estado. Los atributos de la dignidad de la persona humana, donde quiera que ella esté y por el hecho mismo de serlo prevalecen no solo en el plano moral sino en el legal, sobre el poder del Estado, cualquiera sea el origen de ese poder y la organización del gobierno. Es esa la conquista histórica de estos tiempos”.

¿Quién la formuló? Pues, obvio, tu maestro y mío también aunque sin haber tenido tu fortuna. Pero sí guardo del inigualable Pedro algunas enseñanzas. La del “trípode de la pacificación salvadoreña”, por ejemplo. Esa “mesa” servida para el disfrute de nuestra sociedad, debió estar asentada en tres torneadas y firmes “patas”: la Policía Nacional Civil, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y el sistema de justicia. Las dos primeras, desde que nacieron como “hijas predilectas de los acuerdos de paz”, han sido maltratadas; el tercero, por más inversiones y halagos que le hagan, fuera de algunos “chispazos” no levanta vuelo.

Por eso, estarás de acuerdo conmigo Beto, cuánta falta nos hará a nosotros y al país el enorme Pedro Nikken. Sobre esa piedra, en buena medida, se pudo haber edificado un nuevo El Salvador.




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