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Editorial & Opinion

Un miércoles 25 de julio

Aldo Álvarez/Abogado, catedrático, directivo del CD

jueves 18, octubre 2018 - 3:20 pm

La noche del 25 de julio de este año fue una noche triste, una noche adónde quedó expuesta casi al desnudo la precaria naturaleza de la Democracia salvadoreña. Nos encontrábamos reunidos aquellos que todavía le apostamos a los principios y valores democráticos y que creemos en un proyecto de renovación del sistema político y económico de este país, para volverlo más justo, más equitativo y más cercano a la vida de la gente. Esa tarde-noche nos enteramos que las fuerzas y los poderes fácticos de este país tuvieron la capacidad de “torcer” la ley a su favor y de manipular la institucionalidad electoral de este país con el exprofeso y festinado propósito de bloquear una candidatura, a partir de la cancelación de un partido político legalmente inscrito y que desde el punto de vista legal y constitucional no podía ser cancelado más que transgrediendo la ley y torciéndola. Y así lo hicieron.

Escogieron los conspiradores genuflexos, el último día en que el candidato a la Presidencia anunciado podía haber optado por otro Instituto Político para participar en las elecciones internas de dicho partido. Escogieron de una manera calculada, deliberada y dolosa, la última hora para que tal participación electoral no fuese posible y además decidieron quienes votaron a favor de semejante aberración jurídica, que hasta el siguiente día sería público, para evitar de esa forma la participación electoral de cualquier manera, pero más bien, lo que estaban decidiendo era suplantar antidemocráticamente a los electores, a la gente, al pueblo, al soberano. Pero no pudieron, y no les funcionó la gran conspiración, que comenzó con una orden de ese grupito fáctico y oligárquico, a quiénes “cariñosamente” llaman “los financistas” del ahora principal partido de oposición, orden que dieron a esos magistrados genuflexos y vendidos para que cancelaran al partido que les estorbaba, evitando con ello que fuera el soberano el que decidiera. Ellos creen que están por encima del soberano.

Viendo la oportunidad planteada y a cuál más oportunista, quienes están por dejar el poder y pasar a los “basurales” de la historia, decidieron aprovechar dicha decisión y se sumaron, dándole la indicación a través de quién habla con él, para que se pusiera de acuerdo con los conspiradores y terminara de hacer la tarea pendiente. Él aceptó, y bien ejecutó. Y tal cual sofista pretendiendo parecer refinado, salió defendiendo lo indefendible, lo jurídicamente no aceptable, lo constitucionalmente despreciable, lo políticamente desviado y lo moral y éticamente aberrado. Y así justificando su actuación como “correcta”, se convirtió en instrumento de la conspiración y en ejecutor de la misma junto a los que accionaron el mecanismo, volviendo realidad entonces aquel epíteto, aquel mote, de que cuando les conviene a los “mismos de siempre” se pueden poner de acuerdo. No les importó el daño que le causaron a la democracia, eso no fue importante sino fueron sus mezquinos intereses económicos oligárquicos los que prevalecieron. Así de simple.

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Esos que ahora buscan un puente, una avenida, un canal pues para poder establecer una línea de entendimiento a fin de poder preservar sus intereses oligárquicos y económicos, por supuesto que existirá, pero deben saber qué a pesar del espíritu nuestro conciliador, dialogante, el modelo económico extractivo y excluyente que existe en la actualidad, debe sufrir una reforma profunda, en pro de los intereses de las mayorías y además deberán comprender que en una sociedad medianamente democrática, son los intereses de las mayorías los que cuentan, los que ayudan y orientan a tomar las decisiones de políticas públicas, en fin los que deben ser tomados como válidos a la hora de decidir qué y cómo hacerlo, eso lo deben de tener claro, muy claro.

Si sobre esa base de lo antes planteado podemos hablar y entendernos, hagámoslo, pero no es negociable la reforma profunda del sistema económico, que el actual gobierno fue incapaz de reformar, más bien se dedicó a mal administrar, con algunos tintes de “rostro social”, pero que básicamente se mantuvo como el modelo económico extractivo y excluyente, y que por ello están pagando un precio muy, muy alto, pues al parecer, la gente ya los “desterró de su mente y de su corazón” y por ello están políticamente muertos. Gran dilema el que tienen aquellos qué decidieron cancelar un partido legalmente inscrito y con representación legislativa, en fin, los que decidieron traicionar a un aliado histórico, eso lo pagarán caro, muy muy caro. Los demás detalles de aquél 25 de Julio los contaré más adelante, quizá después de las elecciones…





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