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Editorial & Opinion

Un poco sobre los bioplásticos

Juan Marco Álvarez / Asesor en sostenibilidad corporativa y medio ambiente

martes 25, septiembre 2018 - 12:00 am

Los bioplásticos ofrecen una alternativa interesante para la reducción de los impactos del plástico convencional hecho a base de recursos fósiles (petróleo). A diferencia de este último, los materiales comúnmente utilizados para producir los bioplásticos son el maíz, la caña de azúcar, el aceite vegetal y el almidón. También en Indonesia se están haciendo experimentos para suplir bioplástico con algas marinas.

Los bioplásticos tienen la ventaja de reducir la dependencia de recursos fósiles con la consecuente reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Las plantas secuestran dióxido de carbono (CO2) durante su crecimiento y el uso de esta biomasa renovable para producir el bioplástico mantiene almacenado al CO2 durante toda la vida útil del producto. Esta fijación de carbono en el bioplástico se puede extender por más tiempo si el material se logra reciclar o compostar. A manera de entender mejor el potencial impacto de los bioplásticos veamos el siguiente ejemplo: el sustituir la demanda global anual de polietileno (PE) con PE de resina natural podría evitar liberar al ambiente más de 42 millones de toneladas anuales de CO2. Esto es similar a las emisiones de CO2 equivalentes a 10 millones de vuelos anuales alrededor del mundo.

El mercado de los bioplásticos todavía es incipiente. Por ahora representa tan solo el 1 % del mercado mundial de plástico convencional. Se estima que la capacidad de producción mundial de bioplásticos aumentará de 4.2 millones de toneladas en 2016, a 6.1 millones de toneladas en 2021. Este crecimiento es bajo debido a la falta de políticas públicas que estimulen a esta nueva industria y al bajo precio del petróleo. Lo anterior fomenta la permanencia de la industria del plástico convencional y menos inversión en investigación y desarrollo en bioplásticos.

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Sin embargo, las cifras ilustran una tendencia importante impulsada por las cambiantes demandas de los consumidores quienes buscan productos amigables con el medio ambiente. Hoy día, muchas personas en Norte América, Europa, Japón y Korea han comenzado a utilizar bioplásticos en su vida cotidiana. Grandes marcas de automóviles como Ford, Mercedes, VW, Toyota ya incorporan bioplástico en algunas piezas de sus vehículos. Tambien Coca-Cola, Heinz, Unilever, Nestlé, Danone y Nike han comenzado a utilizar bioplásticos en sus envases y productos. En Guatemala y Costa Rica ya pueden apreciarse bolsas de contenido natural en supermercados y otros comercios. También en casi toda Centroamérica se pueden encontrar productos de bioplástico de un solo uso, como vasos, platos y cubiertos, así como varios tipos de envases.

Ahora bien, no hay que confundir a los biopláticos con los llamados productos plásticos “oxo-fragmentables”, los cuales están hechos de plásticos convencionales y que contienen aditivos químicos para imitar la biodegradación. En algunos comercios de Guatemala por ejemplo, se pueden encontrar bolsas con la etiqueta “Oxo-biodegradable. En realidad, estos aditivos químicos solo facilitan la fragmentación del plástico, el cual nunca se degrada por completo sino que se descompone en fragmentos muy pequeños que permanecen en el ambiente. Ahora bien, el término biodegradable es una característica inherente de la mayoría de los bioplásticos. A diferencia de la oxo-fragmentación, la biodegradación es el resultado de la acción de microorganismos naturales y cuyo proceso produce agua, dióxido de carbono y biomasa como productos finales. Esta característica, así como el potencial de utilizar el producto final como abono orgánico o “compost”, es lo que hace al bioplástico una alternativa muy atractiva.


Es un hecho que el plástico convencional seguirá siendo parte importante de nuestras vidas. La industria del plástico es enorme y las proyecciones apuntan a que seguirá creciendo de manera muy sólida. Como ejemplo, en el año 2014 la industria de envases de plástico fue valorada en US $ 270 mil millones, y para el 2030 se proyecta que ésta aumentará a $375 mil millones. Esta realidad implica que el plástico convencional necesariamente tiene que gestionarse de manera adecuada a través de infraestructura para el reciclaje.

Sin embargo, las cosas no son tan fáciles con el reciclaje como uno podría pensar. Y es que los productos de plástico no son todos iguales. Estas variaciones son tan grandes que es difícil clasificar los desechos en los procesos de reciclaje, además de que muchos países no poseen suficiente infraestructura para separar y reciclar. Por lo tanto, solamente el 9 % de los desechos de plástico se recicla en todo el mundo, el 12 % se incinera y el resto termina principalmente en vertederos o en los océanos. Y ese es uno de los grandes dilemas que tenemos que resolver en nuestro planeta por los impactos a la vida marina y a la humanidad misma. Los bioplásticos claramente son parte de la solución.




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