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Editorial & Opinion

Un proceder que debe evitarse

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

miércoles 3, abril 2019 - 12:00 am

Hace pocas semanas tuvimos la dicha de tener en el hogar a uno de mis hijos, residente en los Estados Unidos de América, quien aprovechó sus vacaciones laborales para visitarnos y volver a pasear por algunos sitios turísticos de una patria que jamás se olvida, a pesar de la distancia y del tiempo. Cuando un ser querido nos visita en tales circunstancias, psicológicamente uno siente que los días transcurren con mayor velocidad que de costumbre, de tal forma que cuando nos dijo la fecha de su retorno, alistamos lo que él nos requería, en especial, algunas artesanías y le compramos una bolsa de horchata en polvo, aparte de las infaltables pupusas de arroz y unas cuantas especialidades de pan dulce como quesadillas, semitas con miel de panela y una caja de frescas y sabrosas “peperechas”, que nuestros compatriotas solicitan siempre, para degustarlas en alegre convivio hogareño y recordar la tierra que les vio nacer.

A propósito, un informe del ministro de Turismo (Mitur), José Napoleón Duarte hijo, resalta que las actividades de la reconocida “industria sin chimeneas”, ha aportado ingresos multimillonarios al país, no solo en conceptos de pagos fiscales, sino también en pagos de servicios a los centenares de salvadoreños inmersos en ellas, como dueños de hoteles, resorts, balnearios diversos, así como a entusiastas emprendedoras, propietarios y empleados de comedores, restaurantes, artesanos, pescadores, lancheros, etcétera.

Poco a poco, desde aquella lejana época del recordado Instituto Salvadoreño de Turismo (Istu), ubicado en la calle Rubén Darío, con el cual colaboramos en forma directa y decidida por medio de la hoy extinta Asociación Salvadoreña de Periodistas Turísticos (Asaptur), sin otra recompensa que la satisfacción de contribuir al conocimiento de El Salvador, de sus bellezas arqueológicas y naturales, así como nuestra singular geografía de tener cerca playas, llanuras, ríos, volcanes, montañas, valles y lagos; lo cual ahora se ha visto favorecido con excelentes carreteras, facilidades migratorias, y, en suma, con un aeropuerto internacional acorde a las exigencias modernas, con hangares y pistas enormes, amplios edificios, etc. y que ahora lleva el nombre bendito del primer abogado salvadoreño ante la Corte celestial, San Óscar Arnulfo Romero Galdámez.

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Pero hoy deseo referirme sobre un incidente desagradable, sufrido en este bello y enorme Aeropuerto Internacional del país, no para que se castigue al empleado autor del mismo, sino para que las autoridades de la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA), tomen las medidas correctivas y preventivas, para que estos sucesos lamentables y negativos no se repitan.

El día que mi hijo se regresó a Estados Unidos, cumplimos con la indicación de llegar más de dos horas antes de partir el avión correspondiente. Se llenaron satisfactoriamente los trámites de rigor, hasta que llegó el pasar por la segunda ventanilla de inspección o registro del equipaje. En la valija de mano, mi hijo había acomodado tres libras de horchata en polvo, elaborada por una empresa alimenticia de alta credibilidad comercial en nuestro medio y adquirida en un súper mercado de respeto por su largo funcionamiento mercantil. Transcurrió la primera revisión sin ningún atraso, pero en la segunda, el empleado le ordenó a mi hijo sacar el producto, lo olió y le dijo que “iba a decomisar el refresco, porque no se permitía llevar harinas”. Aunque le explicó que siempre que regresaba, él llevaba esa tradicional bebida salvadoreña, el empleado insistió en rechazarla, tomó la bolsa en forma violenta y finalmente la arrojó a un recipiente de basura, ante el estupor de varias personas que observaron ese comportamiento inadecuado.


Mi hijo después comentó: “Esa horchata era un deseo de embarazo de mi sobrina” y casi de inmediato, derramó lágrimas. Ojalá los directivos de CEPA lean este comentario. Reitero, no queremos ni solicitamos ninguna sanción para el empleado. Comprendo que vivimos momentos tensionales muy fuertes en el país, que muchas veces, como decimos, “nos sacan de quicio” y actuamos incorrectamente en algunas condiciones de estrés. Pero es urgente que ahora que se incrementa el turismo, con la proximidad de la Semana Santa, evitemos que un incidente, como el narrado, nos haga ver ante propios y extranjeros como un país de empleados prepotentes y sin cortesía.




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