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Editorial & Opinion

Una democracia imperfecta

Sherman Calvo / Empresario

viernes 22, febrero 2019 - 12:00 am

Según The Economist, el régimen político salvadoreño es una “democracia imperfecta” con altas tasas de criminalidad y corrupción, cuyos partidos tienen el nivel de apoyo más bajo de toda la región. Los indicadores de cultura política son preocupantes. Con 28 %, ocupa, junto a Guatemala, el último lugar en materia de apoyo a la democracia, tiene uno de los niveles más bajos de satisfacción con la misma y el porcentaje más alto de indiferentes (entre sistema democrático y autoritario) de toda la región: 54 %. A esto, debemos agregarle un gobierno muy desgastado, como consecuencia del débil crecimiento, la falta de resultados, la inseguridad y los escándalos de corrupción. Similar a lo que hemos visto en otros procesos recientes (México y Brasil), según lo afirma Daniel Zovatto, Director Regional de IDEA Internacional, en opinión del Clarín, fue en este caldo de cultivo en el que se cocinó la candidatura de N. Bukele, mediante una campaña iconoclasta con foco en la lucha contra la corrupción en medios tradicionales, sumado al uso intensivo de las redes sociales, sacó provecho del profundo enojo ciudadano con los partidos tradicionales, obtuvo un triunfo contundente y puso fin al bipartidismo que estaba vigente desde 1992. Pese a su triunfo con el 53.02 % de los votos, Bukele, quien asumirá la presidencia el 1 de junio, deberá hacer frente a importantes desafíos y a una gobernabilidad que será compleja.

Los retos económicos y fiscales son mayúsculos: aumentar el crecimiento, controlar la deuda pública (70 % del PIB), reducir el déficit fiscal, generar confianza en los inversionistas y mejorar la productividad. Sin una economía fortalecida, no habrá recursos suficientes para financiar el ambicioso programa de infraestructura prometido, ni las políticas sociales necesarias para reducir la pobreza, ni generar los empleos que la ciudadanía demanda con urgencia. Y sin lo anterior, como lo dice ese articulista, no será posible mejorar la seguridad ciudadana y detener la migración. El crecimiento económico es mediocre: el BM proyecta 1.8 % para 2019 y 1.9 % para 2020. Y el 34 % de la población vive en condición de pobreza.

Para dar respuesta a las enormes expectativas creadas durante la campaña, Bukele necesita articular un plan de gobierno, ensamblar un talentoso equipo de colaboradores y, sobre todo, construir gobernabilidad, mediante acuerdos con otras fuerzas políticas, como consecuencia del débil respaldo que tiene en la Asamblea Legislativa, en la que dominan las bancadas de la oposición.

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Este resultado representa una significativa derrota de la izquierda, que debilita aún más al ALBA y que provocará importantes cambios en la política exterior salvadoreña con los regímenes autoritarios de Ortega y de Maduro, en un momento en que ambos atraviesan por graves crisis de legitimidad y un creciente aislamiento internacional.

Mientras tanto, ¿qué pasa con las derechas y las izquierdas? Los términos “izquierda”, “centro” y “derecha”, en su sentido político, vienen de tiempos atrás. En el seno de la Revolución Francesa, durante la Asamblea Constituyente establecida para redactar la Constitución del Estado, se reunieron diversos delegados. Al costado derecho de quien presidía la sesión, se ubicaron los defensores del poder real, miembros de la nobleza y el clero a la izquierda, se sentaron quienes decían velar por los derechos de las clases más populares; los que se mostraron indecisos o neutrales, terminaron por ocupar el centro del lugar.


Así las cosas, los tres conceptos evolucionaron como adjetivos para describir las posturas ideológicas de partidos y candidatos. Hoy, en casi todo el mundo, se asocia a la izquierda con la búsqueda de la igualdad, probablemente a través de una mayor intervención estatal (en el extremo, el comunismo) y a la derecha con la búsqueda de la libertad, el respeto de los derechos individuales de inspiración liberal (y en el extremo, la defensa sin restricciones del capitalismo y la aceptación de la desigualdad entre los hombres como algo natural).

El célebre filósofo y político italiano Norberto Bobbio, distinguió además a estas tendencias políticas por ser moderadas (cuando reconocen como válidos los ideales de sus rivales), o violentas (cuando están dispuestas a imponer por la fuerza los propios). Así, la izquierda puede ser reformista o revolucionaria, y la derecha puede ser conservadora o fascista. En ese escenario de blanco o negro, tanto en la oferta electoral como en la demanda de opciones políticas, podría reproducirse una vez más el callejón sin salida de la política que ya nos ha conducido a la inestabilidad política y a crisis.

La democracia  necesita más complejidad conceptual y más diversidad y riqueza política para poder discutir en serio, lejos del mero marketing electoral, cuáles son sus problemas reales y cuáles las alternativas disponibles para afrontarlos.




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