Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Una oportunidad para la concordia…

Roberto Burgos / Abogado

lunes 25, febrero 2019 - 12:00 am

El Diccionario de la Real Academia define esta palabra -la concordia- como conformidad, unión o como algo que surge del común acuerdo y consentimiento, acepciones todas que en nuestro medio parecen estar ajenas, en especial en lo que al mundillo de la política se refiere, cualquiera que sea el órgano de Estado o institución pública o municipal a la que se quiera hacer referencia.

En nuestro país, la democracia sigue siendo un proceso en construcción y, para conducirlo, la mayoría de dirigentes han preferido sobre el concepto de concordia, los de autoridad o de orden y, apenas en las administraciones recientes, se ha hecho referencia tímida al vocablo consenso, siempre y cuando prevalezca la voluntad de mayorías accidentales o temporales, que coincidan con quienes administran el aparato de Estado, no con quienes sean considerados como la oposición política a este, ya que -de nuevo- importa más la mayoría alcanzada en el pleno legislativo, o en la última elección, sobre cualquiera de las minorías o las fuerzas de oposición, esta última considerada desde las sedes del poder, en permanente conspiración contra quienes desempeñan las funciones públicas.

Por eso es que no resulta extraño que los sucesivos gobiernos parezcan siempre a la defensiva: de sus contendientes políticos, pero también de los ciudadanos, ya sea que estos organicen movimientos reivindicativos o que exijan conocer información en poder de las autoridades, de una u otra manera, cualquier actividad no controlada por los funcionarios de turno, es tachada de sospechosa o de mostrar falta de compromiso con el bienestar de las mayorías.

publicidad

Pese a estos rasgos ya consuetudinarios del sistema político salvadoreño, los últimos acontecimientos demuestran que la construcción de acuerdos a partir del diálogo y la negociación, son el único medio para al menos intentar resolver con efectividad los problemas nacionales. La tardanza injustificada en la elección de funcionarios de segundo grado, como ocurrió el año pasado con la designación de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, o la construcción de cuestionables acuerdos que incluyeron únicamente a los dos partidos políticos mayoritarios en temas como el presupuesto y la elección del Fiscal General, son los dos capítulos recientes de la historia parlamentaria, en los que se puso en evidencia la falta de mecanismos participativos que permitan a la ciudadanía incidir de forma directa y efectiva, en la actividad de sus representantes en el espacio político por excelencia: la asamblea legislativa, órgano que con todo su poder, presupuesto y recursos materiales y humanos, sigue siendo incapaz de ganarse la confianza de la mayoría de la población, como lo han demostrado las sucesivas encuestas de opinión y, porque no, la reciente elección presidencial.

Esta “crispación” permanente entre quienes detentan el poder en los órganos de estado, entre las fuerzas de oposición que no logran ponerse de acuerdo y la ciudadanía que no se ve representada en cada uno de estos sectores, no puede seguir siendo considerado algo normal en nuestro país. Se requiere la construcción de alianzas orientadas al bien común y de acuerdos nacionales que tomen en cuenta la opinión de las mayorías, pero quizás mas importante, la de las minorías que no votan o que no se ven representadas ni formal ni materialmente, tarea que no puede seguir siendo postergada a menos que se quiera ver a nuestro país en las difíciles situaciones que ya enfrentan otros países de la región.


La amenaza autoritaria no se previene con más autoritarismo, la actual transición a un nuevo gobierno, mas que cuestionar el pretendido bipartidismo salvadoreño, pone a nuestro país en la encrucijada de seguir un nuevo rumbo que requiere de la participación de todos los sectores nacionales. En esto, el futuro presidente de la Nación tendrá la mayor responsabilidad, ya que una de sus atribuciones es la de procurar “la armonía social” (Art. 168, Ord. 3° Cn.) no solo ejercer funciones de mando o de control, es por todo esto que una oportunidad para la concordia es ahora más importante que nunca, en tanto que ya fueron agotadas la mayoría de las opciones políticas, esta es la única vía que aún nos falta intentar a los salvadoreños, la que nos queda por construir.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.