Editorial & Opinion

Vemos realidades y no las vemos

Francisco Díaz Rodríguez / Abogado

miércoles 17, julio 2019 - 12:00 am

La cadena CNN en Español tiene un programa de lunes a viernes titulado “Dinero”. Su presentador lo anuncia así: “Cada evento en el mundo tiene una causa y una reacción económica”; lo cierra diciendo: “Nuestro objetivo es mostrarte cómo gira el mundo alrededor del dinero.”

Es interesante comprobar como el programa tiene tan respetable audiencia, pero nadie repare en que la afirmación “Cada evento en el mundo tiene una causa y reacción económica”, es tan cercana a la afirmación marxista de que, en última instancia (a lo largo del tiempo, no de lunes a viernes) la economía determina la conciencia social… “Cómo gira el mundo alrededor del dinero”. Vemos las realidades y no las vemos.

La discusión nacional de estos días gira en torno a la solicitud presidencial de autorización de un préstamo ($91 millones ya, $109 después) destinado a financiar las fases iniciales del Plan Control Territorial.

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No hace falta detenernos en los detalles sobre la forma pública de la solicitud, ni sobre el procedimiento administrativo financiero para hacer realidad el préstamo, porque ya se ha hecho, pero me interesa señalar el simplismo con el que, una vez más, se concibe y discute públicamente la situación nacional.

Que la violencia y la inseguridad son un mal espantoso, que han dislocado los valores y la vida social y económica del país, no tiene discusión. Pero de ahí a decir que “resuelto ese problema lo demás vendrá por añadidura”, y que, entonces, el país “comenzará a crecer y crecer”, hay una distancia tan grande que tampoco hace falta examinar. Deberíamos, sí, preguntarnos cuál o cuáles fueron las causas que nos han traído hasta aquí.


Lo que ha podido saberse sobre las siete fases del plan, enfatiza en la recuperación del territorio tomado por las pandillas mediante su ocupación por el Estado, o sea, ocupación no solo con los cuerpos policiales y militares, sino con educación y salud, con servicios públicos eficientes, con espacios abiertos y culturales para el esparcimiento y la convivencia comunitaria, con oportunidades de formación y de empleo. Se trata de la ocupación con todo lo que el Estado debe ser y hacer, pero que no ha sido ni ha hecho. Ésta es la causa profunda del resultado electoral.

El planteamiento no es una idea nueva. Numerosos análisis, ensayos y foros académicos, los ONG de derechos humanos u otras que estudian el tema, el mismo Plan El Salvador Seguro, han venido esbozándolo. Lo que sí resulta nuevo es la decisión de ponerlo en práctica con una inversión pública fuerte, planificada, ágil y enérgica. Aclaro: es inaceptable que sus primeros pasos inicien cometiendo excesos legales y materiales, cuestión denunciada duramente por la UCA, a lo cual adhiero.

El planteamiento general es correcto, pero no debe reducirse, si logra éxito, ojalá, a lo que permitan hacer los $575 millones que costará el plan, pues el Estado debe ocupar permanentemente el territorio cumpliendo con sus obligaciones. Para esto hace falta superar las ideas dominantes sobre el Estado, que reducen su responsabilidad a mantener el orden y proponen la reducción de su tamaño mediante la privatización de todos los servicios públicos; y hace falta superar, también, las ideas dominantes sobre la economía, que solo conciben posible generar inversión otorgando privilegios fiscales y reduciendo impuestos al capital, naturalmente; las ideas que pregonan que la liberalización del comercio y la desregulación total de las finanzas harán crecer la economía. Nada de eso se ha cumplido en nuestro país ni en ninguna otra parte, al contrario, ponerlas en práctica llevó al mundo a la crisis de 2008.

Esto parece no haberse sabido en nuestro querido El Salvador. Vemos las realidades y no las vemos. De otra manera no entenderíamos cómo, en la discusión sobre cómo financiar el pedido presidencial, se escuche, como siempre, solo de austeridad en el gasto público y reducción del tamaño del Estado. ¡Que reducida visión! Ojalá nadie retome la idea de subir el IVA o de crear otra contribución especial. Busquemos la raíz de las cosas ahí donde están: en las ideas dominantes sobre la economía y el Estado.




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