Editorial & Opinion

Verdad, justicia, memoria histórica y perdón

Aldo Álvarez / Abogado y catedrático

sábado 18, mayo 2019 - 12:00 am

Porque nunca hubo una justicia transicional, restaurativa y retributiva, y como nunca importaron las víctimas y sus derechos. Y como nunca se le dio su lugar al establecimiento de la verdad plena. Y como nunca se pidió perdón por parte de los perpetradores, es que hoy estamos en el estado en que nos encontramos.

Los parámetros establecidos por la Sala de lo Constitucional para legislar son claros y precisos, pero debe hacerse bien, con consulta y participación de las víctimas, de las organizaciones de Derechos Humanos, nacionales e internacionales, con aplicación del Derecho comparado, haciendo acopio de las experiencias de otros procesos de pacificación adónde existieron graves violaciones a los Derechos Humanos -como el caso de Sudáfrica  y Colombia por mencionar algunos- e incluso pensando en la posibilidad de incorporarle un componente que también abarque hasta el Derecho a la memoria histórica y a la verdad sobre los hechos que todo pueblo merece.

En fin, no puede ni debe hacerse una ley a la carrera, atropellada, a la loca, y menos pensando y haciendo cálculos políticos mezquinos de que con la llegada de un nuevo gobierno no se cumplirá con lo sentenciado por la Sala o se tengan miedos infundados de posibles investigaciones exprofesas contra alguno de los “señores de la guerra”. Se debe hacer con sinceridad y honestidad  histórica, con el propósito sincero de que tales atrocidades no ocurran de nuevo, que las víctimas encuentren por fin algún alivio retributivo de Justicia y puedan escuchar el pedido de perdón directamente de los victimarios, pero sobre todo de que tal ley termine y cierre por completo el capítulo triste de nuestra historia, de nuestra guerra civil.

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Pero cuando vemos actitudes como las desplegadas el miércoles por la mañana, cuando se decidió en efecto crear una nueva subcomisión que se encargara de elaborar el proyecto de Ley de “reconciliación”, y a la vez se sugirió por voces racionales que se conformara un equipo técnico de expertos y conocedores del tema, la partidocracia o aceptó bajo la condición que el producto fuera entregado de inmediato, lo cual no daría lugar a consultas con organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, tanto de carácter nacional como internacional, organismos multilaterales internacionales expertos en la materia, víctimas de las atrocidades cometidas, y hasta la propia Procuradora para la Defensa de los Derechos Humanos. Pero no, tal parece que la partidocracia en esa mezcla tóxica de: Miedos infundados sobre el parecer del nuevo gobierno sobre el tema, deseo de dejar controlado el proceso de “justicia” aplicable, el no pensar en clave país y en la posibilidad de oro de hacer un instrumento valioso que dé por finalizado ese oscuro capítulo de nuestra historia nacional, cual fue el de la post-guerra, parece haber adoptado un esquema de “simulación” por el cual pretenden hacer creer a la población que desean cumplir con el plazo máximo dado por la Sala de lo Constitucional para legislar sobre la materia –cuando en el pasado hasta los plazos constitucionales les han valido un carrete como de cuando elegir magistrados del Supremo de Justicia o Fiscal General de la República se ha tratado–, cuando en realidad lo pretenden hacer en forma “express” y con la venia del Presidente saliente Sánchez Cerén, quien por razones de miedo y control está dispuesto a hacerlo, aunque sea antes de la medianoche del último de mayo, para no tener que encarar a la Justicia en términos de la misma administración. Todo un pensamiento mezquino, pues deberían ser los intereses de país los que orientasen tales decisiones, y además se expondría semejante agravio, al rechazo público y al descrédito político.

Así pues el norte debe ser la Justicia, y Justicia no es venganza, Justicia no es Vendetta, Justicia no es sacar a los muertos de sus tumbas ni a los esqueletos de los cajones. Justicia no es el deseo de ver hincado, arrodillado y sangrante al enemigo de ayer. Justicia no es pretender lograr satisfacer bajas pasiones de retaliación sin sentido. Justicia no es venganza, Justicia no es Vendetta, Justicia es simplemente eso: Justicia. Finalmente a la hora de legislar, debe tenerse claro -y así lo infiere la Sala- que tal y como lo afirmamos los que sabemos de Derecho Internacional Humanitario: “Los crímenes de guerra, el genocidio y los crímenes contra la Humanidad, confieren jurisdicción universal para su procesamiento, no pueden ser perdonados por leyes nacionales ningunas y no prescriben ¡JAMÁS! Ojalá y se aproveche esta maravillosa oportunidad de hacer finalmente ¡JUSTICIA!





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