Editorial & Opinion

Víctimas de los depredadores sexuales

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios @JaimeRamirezO

miércoles 13, noviembre 2019 - 12:00 am

Es lamentable que una cantidad grande de niñas en El Salvador, están siendo víctimas de violencia sexual, acoso, hostigamiento, agresiones y violación. Por ejemplo: desde el año 2013 hasta el 31 de julio de 2019, el Ministerio de Salud ha recibido 95,577 partos de niñas y adolescentes entre la edad de 10 hasta los 18 años, lo cual representa 4.16 nacimientos por día, en relación a este segmento de edad. Esto significa que estamos frente a un problema de proporciones enormes, dado el número de violaciones diarias que están sufriendo las niñas en nuestro país, por lo que se vuelve importante crear una legislación especial que castigue duramente a los depredadores sexuales.

Evidentemente hay un patrón de agresiones sexuales que está en el ambiente salvadoreño, donde las principales víctimas son niñas y niños, y cuyo papel de las autoridades ha sido nulo o ausente, dado que las estadísticas de partos en niñas menores de edad son elevadas versus el número de hombres condenados por violación o agresiones sexuales; esto implica que las autoridades no tienen en el radar un programa de atención a víctimas que han sido abusadas sexualmente, ni tampoco hay un mecanismo de información y denuncia que al menos disuada a estos desalmados que no les importa arruinar la vida inocente de una niña o niño.

Ante esta falencia gubernamental, es importante que cada hombre y mujer se conviertan en guardianes de niños y niñas, independientemente si son familia o no; al primer momento de duda en la que haya conocimiento que una niña o un niño están siendo abusados sexual o psicológicamente, se tiene la obligación moral de intervenir, y si por razones físicas se imposibilita, entonces se tiene la alternativa de hacer la denuncia ante la Policía Nacional Civil,  para detener de raíz esta plaga de delincuentes y enfermos sexuales que solo buscan satisfacer su retorcida concepción de la sexualidad que se lleva de encuentro a familias enteras.

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Está claro que esta plaga de enfermos sexuales, que por cierto se ha venido incrementando, no solo se mueve con niños y niñas, también tienen su accionar en empresas, en medios de comunicación, en iglesias, en sindicatos, en universidades y en oficinas públicas, donde acosan y fustigan a su víctima, debido a la posición de autoridad que tienen; con base a ello, extorsionan sexualmente a cualquier persona que tenga necesidad de su empleo, de manera que son cobardes porque se aprovechan de esa vulnerabilidad para darle rienda suelta  a la oscuridad mental que los gobierna.

Lo que es preocupante es que estos enfermos sexuales están diseminados por todo el país, como una plaga que no da tregua a sus bajos instintos, siempre andan en búsqueda de la siguiente víctima; por ello debemos estar alerta, porque el enemigo sabe colarse entre los ciudadanos honestos, y al final del día ignoramos si hemos conversado con alguno de ellos o quizá, sin querer, hemos introducido a nuestros hogares a estos depredadores sexuales, ya que hay historias de hijos e hijas a quienes su propio padre les han violado; padrastros que se han aprovechado de sus hijastros, por el hecho de que proveen. Asimismo, tíos que no les han importado los lazos sanguíneos y han violado a sus sobrinos; abuelos abusando de sus nietos, aprovechando la ausencia de los padres. Es decir, que el depredador sexual puede ser cualquier persona; por ello no debemos confiar en nadie y cuidar a nuestros hijos de todo peligro; debemos aprender a escuchar al niño o niña, cuando dice que está siendo abusado o tocada, porque hay padres que han ignorado el grito de ayuda de su hijo o hija cuando les han comentado sobre el abuso de algún adulto.


Así que la castración química para estos depredadores sexuales quedaría pequeña con base al horror que provocan a un menor de edad.

En suma, los diputados deben crear una ley especial contra la violación y agresiones sexuales en menores, en lugar de estar poniendo parches al Código Penal; cerrar así los espacios de estos depredadores sexuales, y elevar el delito a lesa humanidad en la que se impongan penas severas y se exhiban públicamente a estos malhechores con la castración química, porque estos delincuentes no tienen temor de arruinar la vida a toda una familia.




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