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Nacionales

Víctimas de tortura buscan justicia en Estado salvadoreño

Yessica Espinoza

sábado 13, enero 2018 - 12:02 am

González y Romagoza contaron sus testimonios en un conversatorio esta semana. / Marcela Moreno

Neris González y Juan Romagoza siguen sosteniendo haber sido víctimas de tortura por parte deEugenio Vides Casanova y Guillermo García, generales del Ejército salvadoreño que ordenaron masacrar y torturar a campesinos durante el conflicto armado.

Ya ganaron una batalla internacional, ahora buscan el reparo dentro del territorio donde se cometieron estas violaciones a derechos humanos: en El Salvador. “¡Soñamos con que se haga justicia, aquí en el país, porque aquí están las víctimas, aquí están los sobrevivientes!”, exclamó, con ímpetu Romagoza, un doctor en medicina que, por brindar atención médica, fue capturado y llevado al cuartel de la extinta Guardia Nacional en 1980 para ser torturado.

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Tras la derogación de la Ley de Amnistía en el 2016, las víctimas vislumbraron una oportunidad para buscar justicia. Ellos no quieren que los acusados vayan a la cárcel, solo quieren una aceptación, una explicación y un perdón. “¿Cárcel para qué?, lo que queremos es justicia, verdad y reparación, ¡tienen que decir por qué hicieron eso!”, afirmó González.

El expediente en la Fiscalía General de la República está abierto y avanzando a paso lento, según las víctimas. González ya contó su testimonio, ese que nunca olvidará y que fue determinante para que Estados Unidos deportara y expulsara a los dos militares en el 2002.


Neris González era una laica de la iglesia católica comprometida con la comunidad de San Nicolás Lempa, en San Vicente. Ella fue testigo del robo y engaño del que eran víctimas los campesinos de la zona por parte de dos guardias. El algodón no lo pesaban con honestidad y les robaban. Se llenó de ira y le propuso al padre Rutilio Grande que su proyecto social sería alfabetizar a las personas para que no las engañaran más. Lo logró y la Guardia Nacional la tenía en “la mira”.

En 1979, con a penas 22 años, la Guardia la capturó y la encerró en una cárcel clandestina ubicada cerca del mercado central de San Vicente.

La Guardia le incrustaba alfileres en las uñas, le cortaba la piel con hojas para afeitar, apagaban los cigarrillos en su cuerpo, le hacían descargas eléctricas en sus genitales y sumergían su cabeza en agua y en el cuerpo ensangrentado de las personas que mataban en la cárcel, describió.

“Es la humillación más grande que un ser humano pueda tener en manos de un torturador y estar vendado, amarrado y desnudo”, relató.

Neris González tenía ocho meses  de embarazo cuando fue capturada y tuvo un hijo con problemas de formación, producto de las constantes patadas que recibió. El bebé murió dos meses después de hacer nacido. Ambas víctimas de crímenes de guerra buscan que la justicia salvadoreña declare culpable a los militares, que ellos han identificado como los  responsable de las violaciones a sus derechos humanos durante el conflicto.




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