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Editorial & Opinion

Violencia y desempleo aquejan a nuestra juventud

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 25, septiembre 2018 - 12:00 am

La violencia contra los jóvenes le costó al país $828.4 millones en 2017, equivalente a entre 2.4 y 3.3 % del Producto Interno Bruto, según el Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador 2018 (IDHES) presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la semana pasada. Aunque el informe no hace comparaciones con otros países con altos índices de violencia, seguramente El Salvador es uno de los países donde nuestros jóvenes viven mayormente expuestos a la violencia. Los millones de dólares son gastados en prevención, atención psicológica, pero principalmente en gastos de salud, amén de los gastos institucionales. Ese dinero, bien puede ser invertido en crear oportunidades para la juventud.

Según el informe denominado ¡Soy Joven! ¿Y ahora qué?,el 26.4 % de los jóvenes salvadoreños, cuyas edades oscilan entre los 15 y 29 años son víctimas de hechos violentos. Es decir que de cada cuatro jóvenes, uno ha sufrido las consecuencias de la violencia generada por la inseguridad. Las cifras indican que por cada 100 mil jóvenes, hubo 100.9 homicidios en 2017 y que no obstante el 30 % de la población salvadoreña tiene entre 15 y 29 años, la cantidad de homicidios en este segmento poblacional alcanza el 53 % de la totalidad de muertes violentas en el país.

El PNUD también señala que además de la falta de seguridad, la carencia de empleos son las deudas pendientes de la nación con respecto a sus jóvenes. Un dato revelador es que solo dos de diez jóvenes que buscan trabajo, logran ser contratados con un empleo digno con cobertura social. Muchas empresas les niegan oportunidades a los jóvenes o los contratan bajo la figura del salario mínimo o menos que eso, porque los contratan por “temporadas” sin permitirles la cobertura social establecida por ley. Una cifra que es muy preocupante es que el 28.5 % de la juventud salvadoreña no estudia ni trabaja, lo que lógicamente los convierte en ciudadanos proclives a caer en el ocio e inclusive en la maraña de los grupos delictivos. Un joven que no estudia ni trabaja es presa fácil de la delincuencia. Pero igual es preocupante la cantidad de jóvenes que obtienen un título de educación media o hasta universitario y no encuentran oportunidades laborales o son subsumidos por el trabajo informal.

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El Estado está en deuda con la juventud salvadoreña porque no existe una política amplia de seguridad (que contemple prevención, oportunidades laborales y participación ciudadana) ni una política eficiente de generación de fuentes de empleo. No basta con “ferias de trabajo para la juventud” donde las empresas ofertantes son las mismas que despiden personal periódicamente o donde se almacenan currículos solo para hacer números. Contratan a tres jóvenes, pero despiden a otros tres o más. Al final crean una falsa sensación de generación de empleos.

Hace años trabajé en una empresa que cada vez que había ferias de trabajo para jóvenes ofrecía hasta 50 plazas, pero nunca contrataba a nadie. Y cuando lo hacía era para ocupar puestos temporales que nadie quería por inhumanos, mal pagados y sin cobertura social. Actualmente conozco empresas que tienen litigios por despidos de personal, pero igual en cada feria de trabajo ofertan plazas que nunca contratan. Es cierto que en esas ferias que realiza el gobierno central, las alcaldías y gremiales privadas más de alguna persona consigue empleo, pero casi siempre son temporales, mal pagados y mucho menos que las ofrecidas.


Las ferias de trabajo solo son estrategias disuasorias mediáticas. El Estado requiere de una política para estimular la inversión y fomentar el interés de los inversores en la nación. Es la empresa privada y no los entes estatales, quienes generan fuentes de trabajo. Llenar el Estado de plazas es fomentar la dañina burocracia y gastar el dinero del pueblo en improductividad. Hay que apostarle a  la micro, pequeña, mediana y gran empresa. Hay que estimular y apoyar a los innovadores, a los emprendeduristas, a los visionarios y a quienes tienen un anhelo de vida y objetivos trazados.

El informe del PNUD en cuanto al estado de nuestra juventud en materia de seguridad (violencia) y desempleo, debe ser un fuerte llamado de atención a nuestros gobernantes y empresarios. Hay que garantizar la seguridad del Estado, principalmente de nuestros jóvenes, y hay que crearles oportunidades laborales que sean justas.




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